Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Sobre las Lecturas de hoy...
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Primera Lectura

Lectura de la primera carta del
apóstol san Juan (5, 5-13)
Queridos hijos:
¿Quién es el que vence al mundo? Sólo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios. Jesucristo se manifestó por medio del agua y de la sangre; él vino, no sólo con agua, sino con agua y con sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. Así pues, los testigos son tres:
el Espíritu, el agua y la sangre. Y los tres están de acuerdo.
Si aceptamos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios vale mucho más y ese testimonio es el que Dios ha dado de su Hijo.
El que cree en el Hijo de Dios tiene en sí ese testimonio. El que no le cree a Dios, hace de él un mentiroso, porque no cree en el testimonio que Dios ha dado de su Hijo.
Y el testimonio es éste:
que Dios nos ha dado la vida eterna y esa vida está en su Hijo. Quien tiene al Hijo, tiene la vida; quien no tiene al Hijo, no tiene la vida.
A ustedes, los que creen en el nombre del Hijo de Dios, les he escrito estas cosas para que sepan que tienen la vida eterna.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 147
Demos gracias y alabemos
al Señor.
Glorifica al Señor, Jerusalén, a Dios ríndele honores, Israel. El refuerza el cerrojo de tus puertas y bendice a tus hijos en tu casa.
Demos gracias y alabemos
al Señor.
El mantiene la paz en tus fronteras, con su trigo mejor sacia tu hambre. El envía a la tierra su mensaje y su palabra corre velozmente.
Demos gracias y alabemos
al Señor.
Le muestra a Jacob su pensamiento, sus normas y designios a Israel. No ha hecho nada igual con ningún pueblo, ni le ha confiado a otro sus proyectos.
Demos gracias y alabemos
al Señor.
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Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (5, 12-16)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un leproso, y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, diciendo:
"Señor, si quieres, puedes curarme".
Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo:
"Quiero. Queda limpio".
Y al momento desapareció la lepra. Entonces Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie y añadió:
"Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió.Eso les servirá de testimonio".
Y su fama se extendía más y más. Las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados de sus enfermedades.
Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

Los judíos contemporáneos de Jesús atribuían al alma y al cuerpo una unión mucho más estrecha que la que le atribuían los griegos. La enfermedad se consideraba como consecuencia de una enfermedad moral. Al curar el cuerpo del leproso, Jesús toma conciencia de que su predicación inaugura la victoria sobre el mal. En esta escena encontramos un resumen de la situación que se da en el mundo cuando el Hijo de Dios viene a nosotros. Están, frente a frente, el poder y la misericordia de Dios por un lado, y nuestra terrible situación pecadora por el otro. El leproso representa a la humanidad alejada de Dios en una situación de impureza. El evangelista nos describe el encuentro y la actitud del Señor ante este hombre afectado por la lepra. El hombre dice solamente: "Si quieres puedes limpiarme". Reconoce su situación y al mismo tiempo confiesa la capacidad y el poder de Dios. Es el grito de la humanidad que reconoce su verdadera situación y admite que está dividida y que se ha alejado de Dios. Y, ante todas las tentaciones y dificultades, la oración es un remedio eficaz.
El que cree en Jesús, vence al mundo y tiene la vida eterna. La carta de Juan va a terminar con las mismas ideas con las que empezó.
Jesús ha venido a este mundo ampliamente apoyado por los testimonios de Dios. Y si aceptamos el testimonio humano, más fuerza tiene el testimonio de Dios. El que cree en el Hijo, cree a Dios y tiene el testimonio de Dios.
El testimonio, para Juan, con su lenguaje simbólico, es triple: el Espíritu, el agua y la sangre. Este Jesús en quien creemos es el que fue bautizado por el Bautista en el agua del Jordán, con el Espíritu sobre él, y el que al final de su vida derramó su sangre en la cruz, y luego fue resucitado por ese mismo Espíritu. Agua y sangre que son certificadas siempre por el Espíritu, el maestro y el garante de toda fe verdadera. Por eso tenemos que creer el testimonio de Dios sobre Jesús de Nazaret.
Pero lo principal es lo que sucede a los que creen en el Enviado de Dios: vencen al mundo y tienen la vida eterna. «¿Quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?». «Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo». «Quien tiene al Hijo tiene la vida: quien no tiene al Hijo, no tiene la vida».
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