Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Sobre las Lecturas de hoy...
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Primera Lectura

Lectura de la primera carta
del apóstol san Juan (3, 11-21)
Hermanos:
Este es el mensaje que ustedes han oído desde el principio:
que nos amemos los unos a los otros, no como Caín, que era del demonio, y por eso mató a su hermano. ¿Y por qué lo mató? Porque sus propias obras eran malas, mientras que las de su hermano eran buenas.
No se sorprendan, hermanos, de que el mundo los odie. Nosotros estamos seguros de haber pasado de la muerte a la vida, porque amamos a nuestros hermanos.
El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida y bien saben ustedes que ningún homicida tiene la vida eterna.
Conocemos lo que es el amor, en que Cristo dio su vida por nosotros. Así también debemos nosotros dar la vida por nuestros hermanos.
Si alguno, teniendo con qué vivir, ve a su hermano pasar necesidad, y sin embargo, no lo ayuda, ¿cómo habitará el amor de Dios en él? Hijos míos, no amemos solamente de palabra, amemos de verdad y con las obras.
En esto conoceremos que somos de la verdad, y delante de Dios tranquilizaremos nuestra conciencia de cualquier cosa que ella nos reprochare, porque Dios es más grande que nuestra conciencia y todo lo conoce. Si nuestra conciencia no nos remuerde, entonces, hermanos míos, nuestra confianza en Dios es total.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 99
Alabemos a Dios,
todos los hombres.
Alabemos a Dios, todos los hombres, sirvamos al Señor con alegría y con júbilo entremos en su templo.
Alabemos a Dios,
todos los hombres.
Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño.
Alabemos a Dios,
todos los hombres.
Entremos por sus puertas dando gracias, crucemos por sus atrios entre himnos, alabando al Señor y bendiciéndolo.
Alabemos a Dios,
todos los hombres.
Porque el Señor es bueno, bendigámoslo, porque es eterna su misericordia y su fidelidad nunca se acaba.
Alabemos a Dios,
todos los hombres.
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Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Juan (1, 43-51)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, determinó Jesús ir a Galilea, y encontrándose a Felipe, le dijo: "Sígueme".
Felipe era de Betsaida, la tierra de Andrés y de Pedro. Felipe se encontró con Natanael y le dijo: "Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José".
Natanael replicó:
"¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?"
Felipe le contestó:
"Ven y lo verás". Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: "Este es un verdadero israelita en el que no hay doblez".
Natanael le preguntó:
"¿De dónde me conoces?"
Jesús le respondió:
"Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera".
Respondió Natanael:
"Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel".
Jesús le contestó:
"Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver". Después añadió: "Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

Natanael conocía bastante bien las escrituras, hasta el punto de ser conocido como doctor de la ley. Por esta razón Felipe le habla de "aquel de quien se ha hablado en la ley y los profetas". Natanael estaba sentado debajo de una higuera, costumbre propia de los sabios de la época. Al sabio rabínico Natanael Felipe le propone la conversión a una nueva sabiduría, la de Jesús; por eso le invita a "venir y ver". La palabra "VER" designa para Juan no sólo una mirada material sobre la humanidad de Jesús, sino una contemplación de su gloria y de su divinidad. La conversión de Natanael se lleva a cabo gradualmente. En un primer momento "ve" a Jesús hijo de José. En otro momento, lo acepta como Mesías y finalmente reconoce su divinidad (cielo abierto, ángeles, etc.).
Estamos invitados a dar un salto cualitativo en nuestro seguimiento a Jesús, que consiste en fortalecer nuestra fe, para ver con los ojos de Jesús la parte del mundo que se pierde en la injusticia y el egoísmo, y, conociendo la realidad, unirnos con la parte del mundo solidario para luchar por su total transformación.
Continuamos nuestra lectura litúrgica de la primera carta de Juan; podemos destacar, como ayer, el lenguaje "dualista" que emplea el autor: amor y odio, vida y muerte, amar de palabra y de boca, amar de verdad y con obras, Caín y Abel, el mundo y nosotros, Dios y el Maligno. Con este lenguaje, el apóstol no quiere plantearnos enigmas filosóficos ni lingüísticos para resolver. Nos exhorta, en este tiempo de Navidad, a tomar una decisión, a elegir entre un campo u otro, a asumir nuestros compromisos de verdaderos cristianos. Es la consecuencia de nuestra fe en Jesús, cordero de Dios, maestro y mesías de Israel: amar a nuestros hermanos. La fe se comprueba como tal en el amor a los más necesitados. ¿Cómo va a estar en nosotros el amor de Dios, que tan cercano, tan presente hemos experimentado en estos días, si no amamos a nuestros hermanos? Si teniendo de qué vivir y viéndolos en necesidad les cerramos nuestras entrañas, nuestro corazón, nuestra solidaridad, no puede estar en nosotros la vida de Dios.
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