Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Sobre las Lecturas de hoy...
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Primera Lectura
Lectura de la primera carta
del apóstol san Juan (3, 7-10)
Hijos míos:
No dejen que nadie los engañe. Quien practica la santidad es santo, como Cristo es santo. Quien vive pecando, se deja dominar por el diablo, ya que el diablo es pecador desde el principio.
Pues bien, para eso se encarnó el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo. Ninguno que sea hijo de Dios sigue cometiendo pecados, porque el germen de vida que Dios le dio permanece en él.No puede pecar, porque ha nacido de Dios.
En esto se distinguen los hijos de Dios de los hijos del diablo:
todo aquel que no practica la santidad, no es de Dios; tampoco es de Dios el que no ama a su hermano.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 97
Toda la tierra ha visto
al Salvador.
Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria.
Toda la tierra ha visto
al Salvador.
Alégrense el mar y el mundo submarino, el orbe y todos los que en él habitan. Que los ríos estallen en aplausos y las montañas salten de alegría.
Toda la tierra ha visto
al Salvador.
Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe. Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones.
Toda la tierra ha visto
al Salvador.
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Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Juan (1, 35-42)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo:
"Este es el Cordero de Dios". Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. El se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó:
"¿Qué buscan?"
Ellos le contestaron:
"¿Dónde vives, Rabí?" (Rabí significa 'maestro').
El les dijo:
"Vengan a ver."
Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo:
"Hemos encontrado al Mesías" (que quiere decir 'el ungido').
Lo llevó a donde estaba Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo:
"Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás" (que significa Pedro, es decir, 'roca').
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

El relato del evangelio es claramente vocacional. La vocación no es un llamamiento deshumanizado; adquiere consistencia en las relaciones humanas más naturales. El evangelio deja claro que la vocación cristiana es un llamamiento explícito de Dios en el que él toma siempre la iniciativa, tal como se manifiesta en la autoridad con la que Jesús cambia el nombre de Simón, en la mirada que Jesús fija en Pedro y, sobre todo, en el misterioso atractivo que ejerce Jesús sobre los dos discípulos de Juan. El relato gira en torno a una serie de palabras clave que se desprenden de las dos actitudes del discípulo: buscar y seguir, más una triple recompensa: encontrar, ver y permanecer. El binomio buscar-encontrar, es muy significativo, si lo relacionamos con la Sabiduría bíblica (Sab 6,12-16). La Sabiduría, al igual que Jesús, se deja encontrar por quienes la buscan. La Sabiduría se deja encontrar "desde por la mañana", a la hora en la que Pedro encuentra a Jesús y se pone en camino para salir al encuentro de quienes la buscan.
Entre nosotros los cristianos, sabio es quien busca a Jesús y puede encontrarlo en los hermanos.
En la primera lectura, el lenguaje de los escritos atribuídos a Juan (el cuarto evangelio, tres cartas y el Apocalipsis) es, entre otras cosas, un lenguaje "dualista", es decir, que presenta realidades opuestas, enfrentadas, contradictorias. Se trata de un recurso literario que debemos captar para profundizar en el mensaje de los hermosos escritos que leemos por estos días. Hoy, en esta lectura de 1 Jn, aparecen contrapuestos la justicia y el pecado, los hijos de Dios y los hijos del diablo. Como diciéndonos que hay que escoger: la justicia de Dios no es simplemente nuestra justicia de los tribunales; es su amor misericordioso, su gracia, su fidelidad, especialmente en favor de los más pobres, de los pecadores, de los que no tienen otra esperanza que ese amor benevolente de Dios. Entendida así la justicia es la obra de Dios, y Jesucristo vino a revelarla y a realizarla plenamente, para hacernos a nosotros también hijos de Dios. Lo contrario es la obra del diablo: la guerra, la violencia de cualquier género, la explotación, el engaño, son las obras de los hijos del diablo. Al final de la lectura el autor resume esta confrontación en una frase que nos debe quedar resonando en el corazón: no es de Dios el que no ama a su hermano.
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