Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
Participa a tus familiares y amistades invitándoles a
subscribirse a este servicio diario.
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Primera Lectura
Lectura del libro del profeta
Jeremías (23, 5-8)
"Miren: Viene un tiempo, dice el Señor, en que haré surgir un renuevo en el tronco de David:
será un rey justo y prudente y hará que en la tierra se observen la ley y la justicia. En sus días será puesto a salvo Judá, Israel habitará confiadamente y a él lo llamarán con este nombre: 'El Señor es nuestra justicia'.
Por eso, miren que vienen tiempos, palabra del Señor, en los que no se dirá: 'Bendito sea el Señor, que sacó a los israelitas de Egipto', sino que se dirá: 'Bendito sea el Señor, que sacó a los hijos de Israel del país del norte y de los demás países donde los había dispersado, y los trajo para que habitaran de nuevo su propia tierra' ".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 71
Ven, Señor,
rey de justicia y de paz.
Comunica, Señor, al rey tu juicio y tu justicia, al que es hijo de reyes; así tu siervo saldrá en defensa de tus pobres y regirá a tu pueblo justamente.
Ven, Señor,
rey de justicia y de paz.
Al débil librará del poderoso y ayudará al que se encuentra sin amparo; se apiadará del desvalido y pobre y salvará la vida al desdichado.
Ven, Señor,
rey de justicia y de paz.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel, el único que hace grandes cosas. Que su nombre glorioso sea bendito y la tierra se llene de su gloria.
Ven, Señor,
rey de justicia y de paz.
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Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (1, 18-24)
Gloria a ti, Señor.
Cristo vino al mundo de la siguiente manera:
Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.
Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños:
"José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados".
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías:
He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.
Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

Cuál sería la sorpresa del joven aldeano José al darse cuenta de que su novia estaba embarazada. Posiblemente muchos sentimientos encontrados pasaron por su cabeza. Uno de ellos, denunciarla públicamente; pero esto significaba que ella debería morir por lapidación a causa de su infidelidad y adulterio, crimen que las mujeres (no los varones) tenían que pagar con su propia vida. Pero la Escritura nos dice que él decidió abandonarla en secreto, tal vez alejándose de ella sin que nadie se diera cuenta. Posiblemente las críticas recaerían sobre él por ser un padre irresponsable, pero no pasaría de ahí. Sin embargo, el amor tan grande por la joven María le lleva a escuchar en su conciencia recta y justa la voz de Dios, que le indica el origen y el destino de aquel niño. Será el EMANUEL, el Dios-con-nosotros, "Dios en persona que viene a salvarnos". Entonces José se da cuenta de que él mismo tiene una misión en el plan de salvación de Dios. Su amor, su rectitud, su libertad responsable, se ven compensadas de alguna manera por la maravillosa misión que Dios le confía en sus manos: ser el rostro paterno para este niño en quien, humanamente, Jesús va descubriendo el rostro misericordioso y bondadoso del Padre Dios.
De acuerdo con la primera lectura, el Señor es nuestra justicia. Desde que el Hijo de Dios se hizo uno de nosotros, el Señor no sólo pertenece a un pueblo o a una raza; Él ha venido como justificación, como único Camino de salvación, para todos los hombres. El Señor ha salido a buscar todo lo que se había perdido para reunir, en un solo pueblo, a los hijos que el pecado había dispersado. Su presencia en el corazón del hombre hace que éste se convierta en un signo de la justicia, del amor, de la prudencia, de la santidad de Dios. Por eso, quienes somos su Pueblo Nuevo, no podemos denigrar el Nombre de Dios ante las naciones a causa de comportamientos de maldad. Cristo nos ha liberado del pecado, nos ha hecho hijos de Dios. Ojalá y en verdad manifestemos, con nuestras buenas obras, que hemos sido liberados de nuestras esclavitudes y que vivimos libres de todo afecto desordenado y guiados únicamente por el amor que Dios ha infundido en nosotros.
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