Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
Participa a tus familiares y amistades invitándoles a
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Sobre las Lecturas de hoy...
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Primera Lectura
Lectura del libro del profeta
Isaías (26, 1-6)
Aquel día se cantará este canto en el país de Judá:
"Tenemos una ciudad fuerte; ha puesto el Señor, para salvarla, murallas y baluartes. Abran las puertas para que entre el pueblo justo, el que se mantiene fiel, el de ánimo firme para conservar la paz, porque en ti confió. Confíen siempre en el Señor, porque el Señor es nuestra fortaleza para siempre; porque él doblegó a los que habitaban en la altura; a la ciudad excelsa la humilló, la humilló hasta el suelo, la arrojó hasta el polvo donde la pisan los pies, los pies de los humildes, los pasos de los pobres".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 117
Bendito el que viene
en el nombre del Señor.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Más vale refugiarse en el Señor, que poner en los hombres la confianza; más vale refugiarse en el Señor, que buscar con los fuertes una alianza.
Bendito el que viene
en el nombre del Señor.
Abranme las puertas del templo, que quiero entrar a dar gracias a Dios. Esta es la puerta del Señor y por ella entrarán los que le viven fieles. Te doy gracias, Señor, pues me escuchaste y fuiste para mí la salvación.
Bendito el que viene
en el nombre del Señor.
Libéranos, Señor, y danos tu victoria. Bendito el que viene en nombre del Señor.
Que Dios desde su templo nos bendiga. Que el Señor, nuestro Dios, nos ilumine.
Bendito el que viene
en el nombre del Señor.
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Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (7, 21. 24-27)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"No todo el que me diga '¡Señor, Señor!', entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba
construida sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

El asunto del seguimiento de Jesús no consiste solamente en proclamarlo a los cuatro vientos, sino en vivirlo en la cotidianidad de la vida. No se trata de decir, sino de ser. El seguimiento de Jesús implica una manera de ser, de vivir, de pensar, de sentir, de obrar y, también, de hablar. Es lo que se llama la coherencia de vida. En eso consiste construir sobre roca. Una vida cristiana consistente, sólida, aun con tropiezos, como es normal en la condición humana de los seres humanos; una experiencia de vida construida sobre bases sólidas proporcionadas por el evangelio. Pero a veces la experiencia del seguimiento de Jesús se edifica sobre bases sumamente frágiles: basta cumplir con ritos, normas, costumbres que se reducen a momentos puntuales de la vida, pero no se extienden a todos los ámbitos de la persona humana. El cristiano con base sólida de fe se percibe a leguas de distancia. En este tiempo de Adviento es oportuno examinar la solidez de nuestro compromiso cristiano. En la oración, en la vida sacramental, en la liturgia, encontramos las fuentes que alimentan la fe. Pero es en el testimonio diario donde se "mide" la calidad de vida cristiana.
La lectura de Isaías se refiere a la ciudad fuerte que sin duda está construida sobre roca, pero la verdadera roca que le da consistencia a la ciudad es el mismo Dios, "pues Yahvé es la roca eterna". Se relaciona este mensaje con el que nos presenta Mateo cuando nos habla de la fortaleza entre las dos casas: una de ellas construida sobre firme roca y la otra sobre arena movediza.
El verdadero fundamento para construir nuestra vida es el mismo Dios. Quien se apoya en El, ese es el que permanece. No habrá nada ni nadie que lo haga sucumbir. Pero apoyarse en Dios implica hacer su voluntad con seriedad y sinceridad, sin quedarse en las meras apariencias.
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