Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
Participa a tus familiares y amistades invitándoles a
subscribirse a este servicio diario.
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Primera Lectura
Lectura del libro del profeta
Isaías (25, 6-10)
En aquel día, el Señor del universo preparará sobre este monte un festín con platillos suculentos para todos los pueblos; un banquete con vinos exquisitos, y manjares sustanciosos. El arrancará en este monte el velo que cubre el rostro de todos los pueblos, el paño que oscurece a todas las naciones. Destruirá la muerte para siempre; el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros y borrará de toda la tierra la afrenta de su pueblo. Así lo ha dicho el Señor.
En aquel día se dirá:
"Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; alegrémonos y gocemos con la salvación que nos trae, porque la mano del Señor reposará en este monte".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 22
Habitaré en la casa del Señor
toda la vida.
El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas.
Habitaré en la casa del Señor
toda la vida.
Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
Habitaré en la casa del Señor
toda la vida.
Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes.
Habitaré en la casa del Señor
toda la vida.
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término.
Habitaré en la casa del Señor
toda la vida.
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Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo (15, 29-37)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, llegó Jesús a la orilla del mar de Galilea, subió al monte y se sentó. Acudió a él mucha gente, que llevaba consigo tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros enfermos. Los tendieron a sus pies y él los curó. La gente se llenó de admiración, al ver que los lisiados estaban curados, que los ciegos veían, que los mudos hablaban y los tullidos caminaban; por lo que glorificaron al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
"Me da lástima esta gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque pueden desmayarse en el camino".
Los discípulos le preguntaron:
"¿Dónde vamos a conseguir, en este lugar despoblado, panes suficientes para saciar a tal muchedumbre?"
Jesús les preguntó:
"¿Cuántos panes tienen?"
Ellos contestaron:
"Siete, y unos cuantos pescados".
Después de ordenar a la gente que se sentara en el suelo, Jesús tomó los siete panes y los pescados, y habiendo dado gracias a Dios, los partió y los fue entregando a los discípulos, y los discípulos a la gente.
Todos comieron hasta saciarse, y llenaron siete canastos con los pedazos que habían sobrado.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

El evangelista Mateo integra magistralmente dos narraciones para subrayar su sentido catequético. Por una parte relata la acción sanadora de Jesús, devolviendo la salud, la dignidad y la vida al pueblo, enfermo y desesperanzado por tantos males que le afectaban. Por otra parte, Jesús muestra la base compasiva y misericordiosa que marca su acción liberadora a través de los milagros. Jesús se hace alimento que sacia el hambre de todos los que se acercan a él. Siete panes y siete canastas de sobras significan la plenitud de los bienes mesiánicos. La salvación es como el pan que llega para saciar las necesidades de todos. - La Iglesia siempre se ha preocupado por atender a las necesidades de los empobrecidos y excluidos. Particularmente en los últimos años su preocupación tiende a rebasar acciones puramente puntuales y asistencialistas con procesos y proyectos de promoción humana y liberación integral. Se trata de acompañar al pueblo en la conquista de su dignidad como hijo de Dios, mediante la gestión de proyectos integrales de promoción humana y cristiana. No se puede ser auténticamente cristiano sin comprometerse con esta causa.
El texto de la primera lectura de hoy fue redactado probablemente hacia el siglo quinto o cuarto antes de Cristo. Su sentido literal quiere expresar el banquete con que se solemniza la victoria sobre los demás pueblos que hasta entonces han oprimido a Israel. Dios es, en definitiva, el verdadero triunfador ya que ha conducido al pueblo en medio de calamidades hasta asegurar el triunfo; por ello, es Él mismo quien prepara el banquete en el que han de participar todos cuantos han sido fieles a su palabra. De ahí en adelante, no habrá muerte, ni luto, ni lágrimas, ni opresión.
Comer y beber juntos alrededor de la misma mesa, compartiendo la alegría y la amistad, es un signo universal de fraternidad. La alegría de las personas se ve colmada cuando se puede invitar a los amigos y se les puede obsequiar con generosidad. Partiendo de esta experiencia tan humana y universal, nos presenta la Palabra los planes salvíficos de Dios.
A partir de esta experiencia tan cotidiana, nos deja Jesús el sacramento de su presencia y de su entrega generosa hasta la muerte.
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