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Lectura de hoy Jueves 29 de Noviembre, 2012 San Saturnino, obispo y mártir

Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo"
(Ap 3,20)

Servicio de Email diario con las lecturas del día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia Católica.

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Sobre las Lecturas de hoy...


Primera Lectura
Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan (18, 1-2. 21-23; 19, 1-3. 9)

Yo Juan, vi un ángel que bajaba del cielo. Su poder era inmenso y con resplandor iluminó la tierra. Gritó con voz potente y dijo:
"Ha caído ya la gran Babilonia y ha quedado convertida en morada de demonios, en guarida de toda clase de espíritus impuros, en escondrijo de aves inmundas y repugnantes".
Otro ángel poderoso levantó una piedra del tamaño de una rueda de molino y la arrojó al mar, diciendo:
"Con esta misma violencia será arrojada Babilonia, la gran ciudad, y desaparecerá para siempre. Ya no se volverán a escuchar en ti ni cantos, ni cítaras, ni flautas, ni trompetas. Ya no habrá jamás en ti artesanos de ningún oficio, ni se escuchará más el ruido de la piedra de molino; ya no brillarán en ti las luces de las lámparas, ni volverá a escucharse en ti el bullicio de las bodas. Esto sucederá porque tus comerciantes llegaron a dominar la tierra y tú, con tus brujerías, sedujiste a todas las naciones".
Después de esto oí algo así como una inmensa multitud que cantaba en el cielo: "¡Aleluya! La salvación, la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios, porque sus sentencias son legítimas y justas. El ha condenado a la gran prostituta, que corrompía a la tierra con su fornicación y le ha pedido cuentas de la sangre de sus siervos".
Y por segunda vez todos cantaron:
"¡Aleluya! El humo del incendio de la gran ciudad se eleva por los siglos de los siglos".
Entonces un ángel me dijo:
"Escribe: 'Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero' ".

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Salmo 99

Dichosos los invitados al banquete del Señor.

Alabemos a Dios todos los hombres, sirvamos al Señor con alegría y con júbilo entremos en su templo.
Dichosos los invitados al banquete del Señor.

Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño.
Dichosos los invitados al banquete del Señor.

Entremos por sus puertas dando gracias, crucemos por sus atrios entre himnos, alabando al Señor y bendiciéndolo.
Dichosos los invitados al banquete del Señor.

Porque el Señor es bueno, bendigámoslo, porque es eterna su misericordia y su fidelidad nunca se acaba.
Dichosos los invitados al banquete del Señor.
Jesus lamenta sobre Jerusalen
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (21, 20-28)
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"Cuando vean a Jerusalén sitiada por un ejército, sepan que se aproxima su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en la ciudad, que se alejen de ella; los que estén en el campo, que no vuelvan a la ciudad; porque esos días serán de castigo para que se cumpla todo lo que está escrito.
¡Pobres de las que estén embarazadas y de las que estén criando en aquellos días! Porque vendrá una gran calamidad sobre el país y el castigo de Dios se descargará contra este pueblo. Caerán al filo de la espada, serán llevados cautivos a todas las naciones y Jerusalén será pisoteada por los paganos, hasta que se cumpla el plazo que Dios les ha señalado.
Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán.
Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad. Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación".

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Cara de Jesus
Sobre las Lecturas de Hoy...
Jesús prevé la destrucción de Jerusalén como una tragedia para sus habitantes, pero como una oportunidad para sus seguidores. A diferencia de otros grupos religiosos, que estaban atados al territorio, a las ciudades, a las edificaciones y a las instituciones, el cristianismo es capaz de recrearse en cada lugar y cultura. No depende de una raza o de unos edificios, sino que viaja como palabra de vida en el corazón de los creyentes. Mientras las potencias mundanas se turnan para imponer sus políticas o estilos de vida, el cristianismo busca que quienes lo acogen sepan traducirlo en gestos cotidianos y no sólo en documentos, consignas o programas. Mientras que los tiempos de crisis significan el final de una época, de una cultura, de una nación, por el contrario la crisis es el elemento en el que el cristianismo se fortalece, a partir de una oferta de crecimiento personal, grupal y social. Jesús llama a sus seguidores para que levanten la cabeza y se sientan libres y liberados ante la inminencia del final del territorio de Judá. El cambio no es el fin, sino el comienzo de un nuevo camino. - ¿Cómo podemos responder a las voces que anuncian el final del cristianismo?

En la primera lectura, la grandiosa escena de hoy resume toda la lucha entre el bien y el mal, entre Cristo y la Bestia. Es la clave para interpretar la historia desde Dios: "derriba a los poderosos, enaltece a los humildes", como dijo María en su Magníficat. El Apocalipsis no es un libro dulce, sino guerrero y valiente, que nos da ánimos en la lucha y nos hace mirar hacia el futuro confiados en el triunfo de Cristo y los suyos. La "ciudad orgullosa", las fuerzas del mal, caen al fondo del mar como el gran pedrusco y desaparecen. La comunidad del Cordero, los que no han apostatado ni se han dejado manchar por la corrupción, siguen en pie y no dejan de cantar. Cuando entonamos Aleluyas a Dios y a Cristo, no lo hacemos con orgullo, ni satisfechos de nuestros méritos, ni vengándonos de los enemigos de Cristo, sino humildemente, y con el deseo de que esta salvación sea universal, que nadie sea tan insensato de quedar fuera de este cortejo que, en el día del juicio, pasarán a gozar para siempre de la vida de Dios. Los entonamos, eso sí, con alegría agradecida, con la cabeza erguida, con las arpas en la mano y cantando "a pleno pulmón", como el ángel de la escena de hoy. Cada vez que participamos en la Eucaristía, somos invitados a la comunión con las palabras que aquí dice el ángel: "dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero". Eso es lo que dice la frase del Misal en latín, aunque nosotros la hayamos traducido a un nivel más sencillo y pobre: "la cena del Señor", o simplemente "la mesa del Señor". No se nos llama felices sólo por ser invitados a esta Eucaristía, sino porque esta Eucaristía es la garantía y la pregustación de un banquete más definitivo al que también estamos invitados: el banquete de bodas del Cordero, Cristo Jesús, con su Esposa, la Iglesia, en el cielo. Es lo que el salmo nos ha hecho repetir, intercalando esta bienaventuranza, "dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero", entre las estrofas del salmo: "aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores".

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