Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con
él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Primera Lectura
Lectura del libro del
Apocalipsis del apóstol
san Juan (14, 1-3. 4-5)
Yo, Juan, tuve otra visión:
Vi al Cordero, en pie sobre el monte Sión y con él, ciento cuarenta y cuatro mil personas, que llevaban grabado en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre. Y oí un ruido que venía del cielo, parecido al estruendo del mar y al estampido de un trueno poderoso; el ruido que oía era como el de un gran coro acompañado de arpas. Cantaban un cántico nuevo ante el trono, ante los cuatro seres vivientes y los ancianos.
Y nadie podía cantar el cántico, fuera de los ciento cuarenta y cuatro mil, que habían sido rescatados de la tierra. Estos son los que acompañan al Cordero a dondequiera que va; estos son los que han sido rescatados de entre los hombres, las primicias para Dios y para el Cordero; en la boca de ellos no hubo mentira y son irreprochables ante Dios.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 23
Dichosos los limpios
de corazón.
Del Señor es la tierra y lo que ella tiene, el orbe todo y los que en él habitan, pues él lo edificó sobre los mares, él fue quien lo asentó sobre los ríos.
Dichosos los limpios
de corazón.
¿Quién subirá hasta el monte del Señor? ¿Quién podrá entrar en su recinto santo? El de corazón limpio y manos puras y que no jura en falso.
Dichosos los limpios
de corazón.
Ese obtendrá la bendición de Dios, y Dios, su salvador, le hará justicia. Esta es la clase de hombres que te buscan y vienen ante ti, Dios de Jacob.
Dichosos los limpios
de corazón.
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Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (21, 1-4)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en las alcancías del templo. Vio también a una viuda pobre, que echaba allí dos moneditas, y dijo:
"Yo les aseguro que esa pobre viuda ha dado más que todos. Porque éstos dan a Dios de lo que les sobra; pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para vivir".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de hoy...

Para el evangelio, el criterio para evaluar una realidad es, ante todo, cualitativo y no cuantitativo. Y la cualidad siempre está ligada a las posibilidades de cada persona, grupo, comunidad e institución. La generosidad de los donativos de los ricos es solo aparente ya que ahí sólo colocan cantidad limitada; el donativo de la viuda pobre es mayor, porque ella da con mayor generosidad al entregar hasta lo único que tiene para vivir. Jesús nunca confía la continuidad de la misión a la enorme multitud que le sigue, sino al pequeño grupo de hombres y mujeres, liderado por los Doce, que lo acompañaban en el día a día. No confía en la generosidad de los acaudalados que abundaban en Galilea, sino a la solidaridad de los publicanos que abandonaban su oficio y acogían el evangelio. Tampoco confía la eficacia de su misión a la abundancia de la bolsa, sino a la fuerza que tiene el evangelio para transformar la cultura social. - Algunos cristianos se preocupan mucho porque el número de fieles en los templos se está reduciendo notoriamente de año en año, o porque el número de niños bautizados decrece mientras las exequias aumentan; sin embargo, aunque éste es un dato que se debe atender con urgencia, se debe ubicar la prioridad en la formación de calidad de los creyentes que aún se mantienen fieles a la fe de sus padres.
Naturalmente no podemos leer, en misa, todo el Apocalipsis. Vamos saltando capítulos. Hoy aparece "el Cordero, de pie, sobre el monte Sión", librando la gran batalla contra el mal. Y con él "ciento cuarenta y cuatro mil: que llevan grabado en la frente el nombre del Cordero y el del Padre". El número no es aritmético, sino simbólico: doce por doce por mil. O sea, la plenitud aplicada a las doce tribus de Israel. Son los que han permanecido fieles y forman el cortejo triunfal de Cristo, las primicias de la humanidad salvada, los que no se han dejado manchar por la idolatría.
La visión es optimista, presidida por ese Cordero que conduce a los suyos a la victoria. Desde el Bautismo y la Confirmación, tenemos grabado en nuestras personas el nombre de Jesús y del Padre, y estamos marcados por su Sello, que es el Espíritu. Por tanto, estamos enrolados en el ejército del Cordero, que lucha contra el mal, con la esperanza de formar parte del pueblo de los salvados. Lo cual nos debe dar ánimos para seguir en la lucha, que para nosotros todavía no ha terminado. Algunos se quedan en el camino, engañados por el Malo. Otros muchos resisten y son fieles.
Vuelve a aparecer la "liturgia del cielo", que ya veíamos la semana pasada: con cánticos que sólo aprenden los rescatados de la tierra. Y además, se ve que los cantan con fuerza en sus gargantas: "un sonido parecido al estruendo de grandes cataratas y al estampido de un trueno poderoso: el son de arpistas que tañían sus arpas delante del trono".
Cuando en Vísperas entonamos a veces los cánticos del Apocalipsis -sobre todo el domingo, "La salvación y la gloria"- o cuando en Misa cantamos la aclamación del "Santo, Santo, Santo" en honor del Dios Trino, estamos sintonizando con otro coro que canta lo mismo, pero con voces más convencidas: la voz de la Esposa del Cordero, la comunidad de los ángeles y los bienaventurados, que participan en la gloria del Vencedor de la muerte. El camino nos lo dice ya el salmo: "el hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos, ese recibirá la bendición del Señor: éste es el grupo que busca al Señor".
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