Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
Participa a tus familiares y amistades invitándoles a
subscribirse a este servicio diario.
|
|
|
Sobre las Lecturas de hoy...
|
|
|
|
Primera Lectura
Lectura del libro del
Apocalipsis del apóstol
san Juan (10, 8-11)
Yo, Juan, oí de nuevo la voz que ya me había hablado desde el cielo, y que me decía:
"Ve a tomar el librito abierto, que tiene en la mano el ángel que está de pie sobre el mar y la tierra".
Me acerqué al ángel y le pedí que me diera el librito. El me dijo:
"Tómalo y cómetelo.
En la boca te sabrá tan dulce como la miel, pero te amargará las entrañas".
Tomé el librito de la mano del ángel y me lo comí. En la boca me supo tan dulce como la miel; pero al tragarlo, sentí amargura en las entrañas.
Entonces la voz me dijo:
"Tienes que volver a anunciar lo que Dios dice acerca de muchos pueblos, naciones y reyes".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
|
|
Salmo Responsorial
Salmo 118
Mi alegría es cumplir
tus mandamientos.
Más me gozo cumpliendo tus preceptos que teniendo riquezas. Tus mandamientos, Señor, son mi alegría, ellos son también mis consejeros.
Mi alegría es cumplir
tus mandamientos.
Para mí valen más tus enseñanzas que miles de monedas de oro y plata. ¡Qué dulces al paladar son tus promesas! Más que la miel en la boca.
Mi alegría es cumplir
tus mandamientos.
Tus preceptos son mi herencia perpetua,la alegría de mi corazón.Hondamente suspiro,Señor, por guardar tus mandamientos.
Mi alegría es cumplir
tus mandamientos.
|
Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (19, 45-48)
Gloria a ti, Señor.
Aquel día, Jesús entró en el templo y comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban allí, diciéndoles:
"Está escrito: Mi casa es casa de oración; pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones".
Jesús enseñaba todos los días en el templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los jefes del pueblo intentaban matarlo, pero no encontraban cómo hacerlo, porque todo el pueblo estaba pendiente de sus palabras.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
|
Sobre las Lecturas de Hoy...

En el itinerario de Jesús la ciudad de Jerusalén es el escenario de su confrontación final con los representantes del Israel institucional. En esta segunda escena Jesús entra al templo de Jerusalén, famoso por su colosal tamaño y por el incalculable valor del tesoro que allí se acumulaba. Pero de nuevo, como en la escena anterior, Jesús se encuentra con una enorme perversión, porque en ese recinto sagrado se refugian los que buscan ávidamente el poder económico y lo cubren legalmente con una fachada religiosa. El cambio inequitativo de la moneda imperial por la moneda del Templo era ocasión para que las personas pobres se vieran despojadas de los centavos con los que acudían en peregrinación al Templo. Nuestras sociedades actuales se nutren, al igual que en la época de Jesús, de intercambios inequitativos en los que las naciones pobres pagan precios exorbitantes por tener acceso a algunas cosas básicas como la tecnología o los recursos energéticos. Pero todo se cubre con el manto de la burocracia económica que defiende tales desventajas y las presenta inclusive como la máxima expresión civilizadora. Al igual que Jesús debemos desterrar de nuestros intercambios estas medidas ventajosas, aunque sean legales.
Al comienzo de otra sección del Apocalipsis (saltando del capítulo 5 al 10), hoy leemos un gesto simbólico: el vidente tiene que comer el rollo, el libro, antes de transmitir su contenido. Los cristianos, y sobre todo los que de alguna manera transmiten a otros la Palabra de Dios -sacerdotes, educadores, catequistas, padres, misioneros- deberíamos primero asimilarla nosotros. Comerla -interiorizarla, personalizarla- y luego comunicarla. Entonces será más creíble nuestro testimonio y nuestra palabra. Para que no caigamos en el reproche de Jesús a los fariseos, "que decían pero no hacían".
También nosotros experimentamos que la Palabra de Dios es agridulce. Muchas veces es consoladora. Otras muchas, exigente. Ni para nosotros ni para los demás debemos caer en la tentación de hacer selección a nuestra medida, censurando el Libro Santo y eligiendo sólo lo que nos gusta.
En el salmo 118, el creyente que medita desde la sabiduría de Dios se alegraba de encontrar en la Palabra su mejor alimento y gozo: "tus preceptos son mi delicia, qué dulce al paladar tu promesa, más que miel en la boca". Aunque los que escuchamos con frecuencia la Palabra de Dios sabemos que a veces nos produce un gusto suave, pero otras nos provoca y nos juzga y nos amenaza, para que tomemos en serio la vida. En ambos casos debemos acogerla nosotros. Así estaremos preparados para poder hablar a los demás.
|
|
|
|