Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
Participa a tus familiares y amistades invitándoles a
subscribirse a este servicio diario.
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Sobre las Lecturas de hoy...
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Primera Lectura
Lectura de la tercera carta
del apóstol san Juan (5-8)
Querido hermano:
En todo lo que has hecho por los hermanos, y eso que son forasteros, te has portado como verdadero cristiano. Ellos han elogiado públicamente ante esta comunidad el amor con que los has tratado.
Harás bien en ayudarlos de una manera agradable a Dios con lo que necesitan para su viaje, pues ellos se han puesto en camino por Cristo, sin aceptar nada de los paganos. Debemos, pues, ayudar a esos hermanos nuestros, para que seamos colaboradores en la difusión de la verdad.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 111
Dichosos los que
temen al Señor.
Dichosos los que temen al Señor y aman de corazón sus mandamientos; poderosos serán sus descendientes. Dios bendice a los hijos de los buenos.
Dichosos los que
temen al Señor.
Fortuna y bienestar habrá en su casa; siempre obrarán conforme a la justicia. Quien es justo, clemente y compasivo, como una luz en las tinieblas brilla.
Dichosos los que
temen al Señor.
Quienes, compadecidos, prestan y llevan su negocio honradamente jamás se desviarán; vivirá su recuerdo para siempre.
Dichosos los que
temen al Señor.
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Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (18, 1-8)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:
"En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: 'Hazme justicia contra mi adversario'.
Por mucho tiempo el juez no le hizo caso, pero después se dijo:
'Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando' ".
Dicho esto, Jesús comentó:
"Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?"
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

La viuda es el símbolo de los desprotegidos en el pueblo de Israel. La única manera de obtener justicia es por medio de la autoridad de una instancia judicial. A diferencia de los fuertes, como los reyes, los magnates, los hacendados y la aristocracia sacerdotal, que contaban con ejércitos institucionales o personales para hacer valer sus pretensiones, el único recurso contra la violencia del adversario es la justicia. En la Biblia el 'temor de Dios' y el respeto a la humanidad son sinónimos de la justicia como único remedio eficaz contra la violencia con la que se busca hacer prevalecer los intereses de un grupo sobre el bien de la mayoría. Pero, cuando las virtudes del juez y las convenciones humanas fallan, el único recurso que queda es el de la resistencia en la pertinaz exigencia de la justicia, porque, si se acude a la violencia con los propios recursos, se cae en el juego del adversario. El mensaje de Jesús insiste en la capacidad de resistencia, tenacidad y paciencia de sus seguidores, capacidad que los lleva no sólo a sobreponerse a la adversidad, sino a dar una respuesta serena y creativa a los límites que imponen las conveniencias sociales.
Después de leer ayer la segunda carta de Juan, y antes de pasar, a partir del lunes próximo, a escuchar durante las dos últimas semanas del año el libro del Apocalipsis, leemos hoy unos pocos versículos de la tercera carta de Juan. Hay maneras y maneras de colaborar en la evangelización. A unos les encomendó Cristo el ministerio de apóstoles. En una ocasión envió a setenta y dos discípulos a predicar. Pero aparecen otras muchas personas, hombres y mujeres, que ayudaban a Jesús y al grupo de los apóstoles, o luego a la comunidad cristiana, con su hospitalidad, con su apoyo económico, con su disponibilidad también misionera. Todos trabajan por el Reino, todos contribuyen a la evangelización del mundo.
Y eso, en tiempos de la comunidad apostólica y a lo largo de los dos mil años de la Iglesia. También hoy, ¡cuántos laicos y laicas realizan una labor humilde, sencilla, pero meritoria: con su trabajo de misioneros o catequistas o voluntarios! Cuántos cristianos colaboran con su ayuda al trabajo de los misioneros o al sostenimiento de las obras de la Iglesia -iglesias, seminarios, mantenimiento del personal- y lo hacen calladamente!
Este buen hombre Gayo, al que alaba la carta de Juan, puede considerarse el representante de todas estas personas anónimas que también "cooperan en la propagación de la verdad". Y reciben la bienaventuranza del salmo: "dichoso el que se apiada y presta ... su caridad es constante, sin falta".
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