Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
Participa a tus familiares y amistades invitándoles a
subscribirse a este servicio diario.
|
|
|
Sobre las Lecturas de hoy...
|
|
|
|
Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a Filemón (7-20)
Querido hermano:
Recibí gran alegría y consuelo, con motivo de tu caridad con los hermanos, porque gracias a ti se sienten reconfortados. Por eso, aunque como apóstol de Cristo tengo pleno derecho a ordenarte lo que debes hacer, prefiero pedírtelo en nombre del amor.
Yo, Pablo, ya anciano y ahora, además, prisionero por la causa de Cristo Jesús, quiero pedirte algo en favor de Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado para Cristo aquí en la cárcel. El en otro tiempo te fue inútil, pero ahora es muy útil para ti y para mí. Te lo envío.
Recíbelo como a mí mismo. Yo hubiera querido retenerlo conmigo, para que en tu lugar me atendiera, mientras estoy preso por la causa del Evangelio. Pero no he querido hacer nada sin tu consentimiento, para que el favor que me haces no sea como por obligación, sino por tu propia voluntad.
Tal vez él fue apartado de ti por un breve tiempo, a fin de que lo recuperaras para siempre, pero ya no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como hermano amadísimo. El ya lo es para mí.¡Cuánto más habrá de serlo para ti, no sólo por su calidad de hombre, sino de hermano en Cristo! Por tanto, si me consideras como compañero tuyo, recíbelo como a mí mismo.
Y si en algo te perjudicó o algo te debe, ponlo a mi cuenta. Yo, Pablo, te lo pagaré, y esto lo firmo de mi puño y letra. Y eso para no mencionar que tienes una deuda conmigo, que eres tú mismo. Sí, hermano, hazme este favor por nuestra unión con el Señor, para que confortes mi corazón en Cristo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
|
|
Salmo Responsorial
Salmo 145
El Señor ama al hombre justo.
El Señor siempre es fiel a su palabra y es quien hace justicia al oprimido; él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo.
El Señor ama al hombre justo.
Abre el Señor los ojos de los ciegos y alivia al agobiado. Ama el Señor al hombre justo y toma al forastero a su cuidado.
El Señor ama al hombre justo.
A la viuda y al huérfano sustenta y trastorna los planes del inicuo. Reina el Señor eternamente, reina tu Dios,oh Sión, reina por siglos.
El Señor ama al hombre justo.
|
Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (17, 20-25)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, los fariseos le preguntaron a Jesús:
"¿Cuándo llegará el Reino de Dios?"
Jesús les respondió:
"El Reino de Dios no llega aparatosamente. No se podrá decir: 'Está aquí' o 'Está allá', porque el Reino de Dios ya está entre ustedes".
Les dijo entonces a sus discípulos:
"Llegará un tiempo en que ustedes desearán disfrutar siquiera un solo día de la presencia del Hijo del hombre y no podrán. Entonces les dirán:
'Está aquí' o 'Está allá', pero no vayan corriendo a ver, pues así como el fulgor del relámpago brilla de un extremo a otro del cielo, así será la venida del Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser rechazado por los hombres de esta generación".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
|
Sobre las Lecturas de Hoy...

¿Dónde está el Reino de Dios? Los grupos de la época de Jesús lo identificaban con la dinastía davídica, con un nuevo sacerdocio, con un nuevo orden político, con un Templo liberado del nepotismo de los sumos sacerdotes. Incluso los mismos grupos nacionalistas rebeldes lo identificaban con un nuevo caudillo carismático que, al estilo de los antiguos jueces, los librara de la dominación extranjera. Los grupos de fanáticos religiosos, como los fariseos, consideraban que era un asunto de perfeccionismo legal, y los grupos apocalípticos lo asimilaban a una catástrofe cósmica que moviera los cimientos mismos de la historia de la humanidad. Sin embargo, la naciente comunidad cristiana descubría los signos de ese Reino en la acción redentora de Jesús sobre pobres, marginados, pecadores, enfermos, endemoniados y extranjeros. Es decir, identificaban el Reino con un orden de salvación en el que los límites humanos eran superados por acciones misericordiosas y servicios solidarios. - En nuestra época, muchos identifican el fin del mundo con las catástrofes naturales o con los desastres ambientales producto de la industrialización; otros confían en que la salvación les vendrá de un ahorro programado o de una dieta rejuvenecedora. Los seguidores de Jesús seguimos confiando en la eficacia del amor universal y del servicio desinteresado.
En la primera lectura, esta carta de Pablo a Filemón es breve y entrañable. El esclavo Onésimo, perteneciente a Filemón, un cristiano de la comunidad de Colosas, había huido, con evidente enfado de su amo.
El tema no es tanto la esclavitud y su supresión. Al igual que Cristo con las cuestiones políticas y económicas, tampoco Pablo ni la primera comunidad pueden cambiar de golpe la situación social: por ejemplo el grado de marginación del niño o de la mujer y ahora del esclavo. Eso sí, Pablo, implícitamente, parece que le está pidiendo a Filemón que conceda la libertad a Onésimo. Y, sobre todo, da consignas que, a su tiempo, harán evolucionar desde dentro la situación social y llegarán a suprimir la esclavitud.
A nosotros esta carta nos interpela sobre el trato que damos a los demás, libres 0 esclavos, familiares o extraños, hombres o mujeres, niños o mayores.
¿Qué es lo primero que se nos ocurre esgrimir: nuestros derechos, los agravios que nos han hecho, la justicia? ¿o tenemos sentimientos de misericordia y tolerancia? Los que nos sabemos gratuitamente perdonados y salvados por Dios, ¿tenemos luego con los demás sólo exigencia e intransigencia, como aquel empleado de la parábola de Jesús, al que se le perdonó una suma enorme de dinero y luego no supo perdonar una pequeña cantidad a su compañero?
Cada vez que celebramos la Eucaristía, recibiendo al "Cristo que se entrega por nosotros", deberíamos hacer el propósito de conceder alguna amnistía a nuestro alrededor, sabiendo olvidar agravios, "liberando" a alguien de nuestros juicios condenatorios, cerrando un ojo ante sus defectos, mostrándonos disponibles y serviciales: todo ello "no por la fuerza, sino con toda libertad", sin darnos importancia ni pregonar nuestra generosidad. Entre padres e hijos, empresarios y trabajadores, pastores y fieles, superiores y súbditos: ¿nos tratamos como hermanos?
|
|
|
|