Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Sobre las Lecturas de hoy...
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Primera Lectura
Lectura del libro del apóstol San Pablo a los
Filipenses (3, 17-4, 1)
"Aguardamos un Salvador; él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso".
Seguid mi ejemplo, hermanos, y fijaos en los que andan según el modelo que tenéis en nosotros. Porque, como os decía muchas veces, y ahora lo repito con lágrimas en los ojos, hay muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas. Sólo aspiran a cosas terrenas. Nosotros, por el contrario, somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso, con esa energía que posee para sometérselo todo. Así, pues, hermanos míos queridos y añorados, mi alegría y mi corona, manteneos así, en el Señor, queridos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 121
"Vamos alegres a la casa del Señor."
¡Qué alegría cuando me dijeron: "Vamos a la casa del Señor"! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén.
Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David.
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Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san (Lucas 16, 1-8)
Gloria a ti, Señor.
"Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz"
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: "¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido".
El administrador se puso a echar sus cálculos: "¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa". Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi amo?" Este respondió: "Cien barriles de aceite". El le dijo: "Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta". Luego dijo a otro: "Y tú, ¿cuánto debes?" El contestó: "Cien fanegas de trigo". Le dijo: "Aquí está tu recibo, escribe ochenta". Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

La parábola de hoy distingue entre la astucia para hacer el bien y la malicia. El administrador de repente se ve despojado del cargo que había recibido por la voluntad caprichosa y unilateral del patrono. Su única alternativa es cobrarse por adelantado y con creces. Por eso el patrono, cuando descubre su táctica, lo felicita, ya que simplemente habia tomado por anticipado lo que le correspondia por sus servicios. Jesús aprovecha este conflicto laboral para indicarnos dos cosas. La primera, que, si optamos por el evangelio y sus valores, nos veremos en serias desventajas para competir en el mundo en sus términos. Como cristianos auténticos, siempre antepondremos el valor inalienable de las personas, el respeto por la libertad y la supremacía del Reino como criterios permanentes de acción, lo que automáticamente dará ventaja a la malicia de quienes basan su existencia en el cálculo racional de las prerrogativas y sólo trabajan para sus intereses personales o los de su grupo. Al mismo tiempo, el evangelio nos da la ventaja de vivir libres, actuando de acuerdo a unos principios humanizadores y universales, y de poner toda la astucia en función de la instauración del Reino.
En la primera lectura, si ayer se puso Pablo como ejemplo de los que han sabido descubrir a Cristo en su vida y dejar por él otras posibilidades que tenían, hoy se vuelve a poner como ejemplo, en cuanto al estilo de vida. Ser cristiano no es sólo cuestión de algunos rezos o prácticas religiosas: afecta a la manera de vivir, al estilo de conducta.
En dos direcciones lo concreta hoy Pablo. La primera es la moralidad de las costumbres: los cristianos no podemos tener "como dios a nuestro vientre", lo que Pablo en otras ocasiones llama "bajos instintos". Aunque el mundo parece ofrecernos como criterio primario de la vida la satisfacción de nuestros instintos y el placer de los sentidos, un cristiano sabe que hay otros valores superiores a los que dar prioridad en su vida. No podemos ser "enemigos de la cruz de Cristo", o sea, aceptar a Cristo en todo lo suave y consolador, y esquivar lo que suponga sacrificio.
Otra dirección es la actitud de esperanza y vigilancia hacia el futuro. Un cristiano tiene memoria: recuerda el acontecimiento pascual de Cristo, que perdura todavía y se nos comunica, sobre todo en los sacramentos. Un cristiano tiene también visión profética y mira al futuro: aguarda la manifestación final del Señor Jesús y sabe que estamos destinados a una transformación gloriosa, a ser semejantes a Jesús, que ahora está en su existencia glorificada, desde la que quiere salvarnos "con esa energía que posee para sometérselo todo".
Mientras tanto, entre el ayer y el mañana, un cristiano vive el hoy con alegría, con coherencia, con vigilancia. Y así es como puede dar ejemplo a los demás, no poniendo su meta en "las cosas terrenas" -¿dinero, placer, prestigio, eficacia?-, sino sintiéndose "ciudadano del cielo" y destinado a compartir con Cristo su mismo destino de gloria y felicidad definitiva.
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