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Lectura de hoy Miercoles 31 de Octubre, 2012 San Quintín, romano, apóstol de Amiéns

Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo"
(Ap 3,20)

Servicio de Email diario con las lecturas del día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia Católica.

Este servicio se ofrece solamente con autorización previa del receptor.

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Primera Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los efesios (6, 1-9)

Hijos, obedezcan a sus padres por amor al Señor, porque eso es justo. Honrarás a tu padre y a tu madre es un mandamiento muy importante, que lleva consigo esta promesa:
Te irá bien y vivirás largo tiempo en la tierra.
Padres, no exasperen a sus hijos; más bien fórmenlos y corríjanlos, para educarlos bien, como el Señor quiere. Esclavos, obedezcan a sus amos de este mundo con docilidad, respeto y sencillez de corazón, como a Cristo; no sólo cuando los están mirando, ni sólo para quedar bien con ellos, sino como esclavos de Cristo, que cumplen de corazón la voluntad de Dios. Sírvanles, pues, de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres, recordando que cada uno, sea esclavo o libre, será recompensado por el Señor,según el bien que haya hecho.
Y ustedes, amos, correspondan a sus esclavos en una forma semejante. Absténganse, pues, de toda clase de amenazas, recordando que tanto ellos como ustedes tienen el mismo amo, que está en los cielos y en el cual no hay favoritismos por una persona o por otra.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Salmo 144

El Señor es fiel a sus palabras.

Que te alaben, Señor, todas tus obras y que todos tus fieles te bendigan. Que proclamen la gloria de tu reino y den a conocer tus maravillas.
El Señor es fiel a sus palabras.

Que muestren a los hijos de los hombres tus proezas, el esplendor y la gloria de tu reino. Tu reino, Señor, es para siempre y tu imperio, por todas las generaciones.
El Señor es fiel a sus palabras.

El Señor es siempre fiel a sus palabras y bondadoso en todas sus acciones. Da su apoyo el Señor al que tropieza y al agobiado alivia.
El Señor es fiel a sus palabras.
Jesus el Maestro
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (13, 22-30)
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó:
"Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?"
Jesús le respondió:
"Esfuércense por entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán.
Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo:
'Señor, ábrenos'. Pero él les responderá:
'No sé quienes son ustedes'.
Entonces le dirán con insistencia:
'Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas'.
Pero él replicará:
'Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes. Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal'. Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera. Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios.
Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos".

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Cara de Jesus
Sobre las Lecturas de Hoy...
La puerta es un poderoso símbolo de la vida humana, que Jesús utiliza constantemente para enseñarnos sobre el discernimiento y la decisión. La puerta puede ser ancha y grandiosa o angosta y difícil. En las ciudades antiguas 'la puerta' era uno de los lugares más importantes en donde se ubicaba el mercado, los tribunales y las salas de discusión. La puerta ancha era la entrada de mercaderes, reyes y emisarios reales; la puerta angosta, era un pasaje de seguridad por el que entraba el común de la gente. El seguidor de Jesús tiene el desafío de entrar por la puerta difícil, la puerta de la gente que cuenta únicamente con el amor de Dios para hacer realidad su voluntad. Debe decidir de qué se debe despojar para entrar por esa puerta, ya que el exceso de equipaje o la misma cabalgadura impedirían el acceso. - Como cristianos, debemos discernir las realidades que nos impiden acceder a la propuesta de Jesús. El exceso de exigencias de la cultura social dominante puede representar un gran estorbo. Las ambiciones de poder, de riqueza o de prestigio pueden convertirse en camellos enormes que nos coloquen fuera de onda y nos impidan entrar por la puerta de la gente sencilla.

Hace dos días, Pablo había recomendado a los Efesios que fueran "buenos, comprensivos", y que "se perdonaran unos a otros como Dios les perdonó en Cristo". Ayer lo había aplicado en concreto a las relaciones entre marido y mujer. Hoy, a las de los hijos con los padres y de los esclavos con sus dueños, y viceversa. Si ayer veíamos que ha cambiado notablemente la relación del marido y de la mujer, hacia una mayor igualdad y complementariedad, también hay que reconocer que ahora es muy distinta la relación de los hijos con los padres desde el tiempo de Pablo (y, dentro de nuestra historia, de unos pocos decenios a esta parte). Pablo no se dedica a cambiar la sociedad en sus estructuras, pero sí a predicar unos criterios que la transformarán desde dentro. A los hijos les inculca obediencia y respeto, y a los padres tolerancia y amabilidad: que ejerzan cuando haga falta la corrección, pero "como haría el Señor". Tanto en el seno de una familia, como en cualquier otro grupo humano, siguen válidas las consignas de Pablo. El que tiene una responsabilidad sobre los demás, no tiene que hacer sentir el peso de su autoridad caprichosamente, sino con diálogo y respeto. Y la obediencia tiene que estar hecha de sinceridad y de corresponsabilidad. Tanto a los hijos como a los padres, nos recuerda Pablo un criterio básico, el ejemplo de Cristo Jesús: "como el Señor quiere", "como haría el Señor". ¿No está ahí, para todo cristiano, el principio fundamental de la dignidad de la persona humana y de su compromiso de fraternidad? También de los esclavos hemos de decir que Pablo -y la Iglesia de aquel tiempo- no podían hacer nada por cambiar la situación social, que sólo se corregiría (casi) definitivamente en nuestros tiempos. Pero sí establece principios para una convivencia digna, que para aquel tiempo eran sorprendentes: que los esclavos (cristianos) obedezcan con lealtad, "como a Cristo", pensando en que su amo verdadero es el Señor, "que se lo pagará". Y que los amos (cristianos) gobiernen su casa pensando en que tienen que rendir cuenta al que es Señor de unos y otros, Cristo Jesús. En toda relación con los demás, tengamos presente esta consigna de Pablo: ¿cómo lo haría Jesús? ¿cómo querría él que tratara a esta persona? O, de nuevo, el principio que Pablo establece en la carta a los de Galacia: "todos sois hijos por la fe en Cristo Jesús: ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre; todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Ga 3,27-28). Con esta clave, seguro que trataremos bien a todos.

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