Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con
él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
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Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los efesios
(4, 32-5, 8)
Hermanos:
Sean buenos y comprensivos, y perdónense unos a otros, como Dios los perdonó, por medio de Cristo.
Imiten, pues, a Dios como hijos queridos. Vivan amando como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y víctima de fragancia agradable a Dios.
Que entre ustedes, como conviene a verdaderos cristianos, no se hable de fornicación, inmoralidad o codicia; ni siquiera de indecencias, ni de conversaciones tontas o chistes groseros, pues son cosas que no están bien. En lugar de eso, den gracias a Dios. Tengan bien entendido que ningún lujurioso, inmoral o codicioso, que es lo mismo que decir idólatra, participará en el Reino de Cristo y de Dios.
Que nadie los engañe con vanas razones, pues todas estas cosas atraen la ira de Dios sobre los rebeldes. Así pues, no se hagan cómplices de ellos. Porque en otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero ahora, unidos al Señor, son luz. Vivan, por tanto, como hijos de la luz.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 1
Dichoso el hombre que confía
en el Señor.
Dichoso aquel que no se guía por mundanos criterios, que no anda en malos pasos ni se burla del bueno, que ama la ley de Dios y se goza en cumplir sus mandamientos.
Dichoso el hombre que confía
en el Señor.
Es como un árbol plantado junto al río, que da su fruto a tiempo y nunca se marchita.En todo tendrá éxito.
Dichoso el hombre que confía
en el Señor.
En cambio los malvados serán como la paja barrida por el viento. Porque el Señor protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban por perderlo.
Dichoso el hombre que confía
en el Señor.
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Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (13, 10-17)
Gloria a ti, Señor.
Un sábado, estaba Jesús enseñando en una sinagoga. Había ahí una mujer que llevaba dieciocho años enferma por causa de un espíritu malo. Estaba encorvada y no podía enderezarse. Al verla, Jesús la llamó y le dijo:
"Mujer, quedas libre de tu enfermedad". Le impuso las manos y, al instante, la mujer se enderezó y empezó a alabar a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiera hecho una curación en sábado, le dijo a la gente:
"Hay seis días de la semana en que se puede trabajar; vengan, pues, durante esos días a que los curen y no el sábado".
Entonces el Señor dijo:
"¡Hipócritas! ¿Acaso no desata cada uno de ustedes su buey o su burro del pesebre para llevarlo a abrevar, aunque sea sábado? Y a esta hija de Abraham, a la que Satanás tuvo atada durante dieciocho años, ¿no era bueno desatarla de esa atadura, aun en día de sábado?"
Cuando Jesús dijo esto, sus enemigos quedaron en vergüenza; en cambio, la gente se alegraba de todas las maravillas que él hacía.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de hoy...

Jesús aplica una antigua técnica de interpretación que consistía en recurrir a una ley que reivindicara algo menor, como la obligación de socorrer a los animales domésticos, y aplicarla a una situación semejante, pero que implicara un conflicto mayor. El problema grande que el texto encara es el de obrar el bien en todo tiempo y lugar, identificando las acciones buenas con la misma obra de Dios realizada en la creación. Obrar el bien sin reparo de preceptos religiosos, sociales o culturales es sinónimo de realizar la voluntad de Dios, experimentado como Padre Misericordioso. A esta manera de pensar de Jesús se oponen sus adversarios, que le recuerdan los preceptos sabáticos, considerados como la máxima expresión de religiosidad. Jesús les responde con otra técnica legal en la que, invocando la consideración que se tiene hacia los animales de trabajo, reivindica la legitimidad de su acción al hacer prevalecer la obra de Dios por encima de consideraciones religiosas. - La comunidad cristiana tiene hoy el reto de reivindicar esa misma intencionalidad de Jesús al poner el bien común y el bien de la humanidad en general por encima de intereses individualistas o de élites de poder. ¿Qué acciones cotidianas y concretas reflejan nuestro compromiso con el bien humano?
En la parte exhortativa de la carta a los Efesios, que empezamos a leer el viernes pasado, toca hoy Pablo dos aspectos básicos: la caridad fraterna y la llamada a evitar la inmoralidad reinante en la sociedad de la época.
Buen programa para nuestra jornada. Si lo tenemos en cuenta, seguro que mejorará la calidad de nuestra vida personal y el clima de la familia o de la comunidad.
Ante todo, que seamos "buenos, comprensivos" y nos perdonemos unos a otros "como Dios nos ha perdonado". El ejemplo más cercano lo tenemos en Cristo Jesús, que se ha entregado por todos: así tenemos que actuar nosotros. Eso es vivir como hijos de la luz.
Además, los cristianos hemos de evitar toda indecencia e inmoralidad en las conversaciones y en la vida. Parece como si Pablo estuviera viendo, no las costumbres de su época, sino las de ahora: el lenguaje de los medios de comunicación y los espectáculos.
Es antigua la cosa: se ve que lo que agrada a los "bajos instintos" siempre ha sido comercial y se tiende a fomentar. A lo mejor tendría que repetirnos la advertencia: "que nadie os engañe con argumentos especiosos". Porque se invoca la libertad de expresión y la adultez de las personas y la realidad pluralista del mundo, y así se abre el campo; sin casi limites, a la inmoralidad de las costumbres. Junto a esta indecencia, Pablo sitúa otro de los defectos de entonces y de ahora: "el afán de dinero, que es una idolatría".
Los cristianos, "pueblo santo", debemos mostrar, con sencillez pero con valentía, que no queremos ser como la mayoría, si esa mayoría está abandonando valores fundamentales.
Aunque la mayoría estadística sea egoísta, un cristiano no lo debe ser. Si la mayoría ha caído en el deterioro ético de las costumbres, un cristiano debe luchar contra corriente y saber defender la limpieza de corazón en medio de la permisividad reinante. A pesar de que sea general en este mundo, un cristiano evita la carrera por enriquecerse a toda costa.
De nuevo el salmo primero nos pone en el camino de la verdadera sabiduría: "dichoso el que no sigue el consejo de los impíos ni entra por la senda de los pecadores... será como un árbol plantado al borde de la acequia, que da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas".
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