Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
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Sobre las Lecturas de hoy...
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Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los efesios
(4, 7. 11-16)
Hermanos:
Cada uno de nosotros ha recibido la gracia en la medida en que Cristo se la ha dado. El fue quien concedió a unos ser apóstoles; a otros, ser profetas; a otros, ser evangelizadores; a otros, ser pastores y maestros. Y esto, para capacitar a los fieles, a fin de que, desempeñando debidamente su tarea, construyan el cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, y lleguemos a ser hombres perfectos, que alcancemos en todas sus dimensiones la plenitud de Cristo.
Así, ya no seremos como niños, zarandeados por las olas y llevados de un lado para otro por el viento de cualquier doctrina, a merced de hombres malvados y astutos, que conducen engañosamente al error. Por el contrario, viviendo sinceramente en el amor, creceremos en todos sentidos,unidos a aquel que es la cabeza:
Cristo. De él, todo el cuerpo recibe su organización, su cohesión y su vida, según la actividad propia de cada una de las partes, y así el cuerpo va creciendo y construyéndose por medio del amor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 121
Vamos a la casa del Señor.
¡Qué alegría sentí cuando me dijeron: "Vayamos a la casa del Señor"! Y hoy estamos aquí, Jerusalén, jubilosos, delante de tus puertas.
Vamos a la casa del Señor.
A ti, Jerusalén, suben las tribus, las tribus del Señor, según lo que a Israel se le ha ordenado, para alabar el nombre del Señor.
Vamos a la casa del Señor.
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Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (13, 1-9)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús les hizo este comentario:
"¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante".
Entonces les dijo esta parábola:
"Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: 'Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?'
El viñador le contestó:
'Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré' ".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

«Arrepentirse» significa volver a pensar o repensar lo que se ha hecho. El evangelio de hoy nos habla de la capacidad de arrepentirse, de volver a pensar en lo que se ha hecho, dicho o pensado, para confrontarlo con la enseñanza de Jesús. Arrepentirse no es sólo una cuestión intimista de considerar que la propia historia personal es un continuo error, ni tampoco un sometimiento a los patrones y valores con los que la cultura dominante evalúa a todos los que se someten a ella. La alusión a las personas que fueron masacradas por el poder romano, o a las que murieron en un accidente de trabajo, pone en evidencia los prejuicios sociales que consideran que una muerte vergonzosa se debe a algo malo que hicieron las víctimas. Sin embargo, Jesús nos separa de esa forma vana de pensar, ya que con ello sólo se legitima la violencia de los poderes dominantes o los prejuicios de quienes por su autoridad, dinero o sabiduría consideran que están más allá de la justicia y de las debilidades humanas. Jesús nos llama al arrepentimiento, que se confronta en primer lugar con su palabra y que es crítico frente a los prejuicios sociales y políticos
Ayer pedía Pablo para la Iglesia la unidad, basada en que uno solo es el Señor, y la fe, y el Bautismo para todos. Pero unidad no significa uniformidad, no va reñida con la diversidad.
Un aspecto que siempre crea tensiones y que nunca acabamos de conjugar constructivamente.
Unos subrayan la unidad, y la entienden casi como uniformidad, sin respetar, por tanto, la riqueza de carismas que el Espíritu suscita en su Iglesia. Otros valoran la diversidad, y tal vez no la armonizan suficientemente con la unidad eclesial, y pueden ser ocasión de que los carismas no construyan, sino que dividan a la comunidad.
Deberíamos alegrarnos de la riqueza de dones que hay en la Iglesia, y valorar a la vez su unidad dinámica, a la que todos aportan su contribución, sin pretender monopolios ni invadir el terreno de los demás. Es la comparación que a Pablo le gusta tanto: en el cuerpo humano cada miembro tiene su función y todos contribuyen al bien del único cuerpo, "actuando a la medida de cada parte". Es lo que pasa en una empresa, o en equipo deportivo, o en una coral, o en una orquesta.
La meta que Pablo pone a toda comunidad, es su maduración progresiva: "que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados al retortero por todo viento de doctrina, en la trampa de los hombres", sino que lleguemos a la altura de Cristo, "el hombre perfecto, a la medida de su plenitud". Esta maduración es orgánica: Cristo es la cabeza y de él todo el cuerpo recibe su crecimiento "a través de todo el complejo de junturas que lo nutren". Más aún: este crecimiento tiene una consigna clara, el amor: "realizando la verdad en el amor", "para construcción de sí mismo en el amor".
Crecimiento: no una Iglesia estática. Pero crecimiento orgánico, a partir de Cristo y contando con las estructuras eclesiales que él ha pensado ("todo el complejo de junturas que lo nutren"). Y todo, basado en el amor. Entonces sí que la comunidad cristiana sería un ambiente enriquecedor para los de dentro y un motivo de atracción para los de fuera. Y podríamos cantar lo que los judíos decían sobre Jerusalén: "¡qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor! Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta".
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