Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Sobre las Lecturas de hoy...
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Primera Lectura
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los efesios (4, 1-6)
Hermanos:
Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido.
Sean siempre humildes y amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor; esfuércense en mantenerse unidos en el espíritu con el vínculo de la paz. Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu, como también una sola es la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 23
Haz, Señor, que te busquemos.
Del Señor es la tierra y lo que ella tiene, el orbe todo y los que en él habitan, pues él lo edificó sobre los mares, él fue quien lo asentó sobre los ríos.
Haz, Señor, que te busquemos.
¿Quién subirá hasta el monte del Señor? ¿Quién podrá entrar en su recinto santo? El de corazón limpio y manos puras y que no jura en falso.
Haz, Señor, que te busquemos.
Ese obtendrá la bendición de Dios, y Dios, su salvador, le hará justicia. Esta es la clase de hombres que te buscan y vienen ante ti, Dios de Jacob.
Haz, Señor, que te busquemos.
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Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (12, 54-59)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud:
"Cuando ustedes ven que una nube se va levantando por el poniente, enseguida dicen que va a llover, y en efecto, llueve. Cuando el viento sopla del sur, dicen que hará calor, y así sucede. ¡Hipócritas! Si saben interpretar el aspecto que tienen el cielo y la tierra, ¿por qué no interpretan entonces los signos del tiempo presente? ¿Por qué, pues, no juzgan por ustedes mismos lo que les conviene hacer ahora?
Cuando vayas con tu adversario a presentarte ante la autoridad, haz todo lo posible por llegar a un acuerdo con él en el camino, para que no te lleve ante el juez, el juez te entregue a la policía, y la policía te meta en la cárcel. Yo te aseguro que no saldrás de ahí hasta que pagues el último centavo".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

Las lecturas de esta semana nos han dado pautas para la vida cristiana, inspiradas en la enseñanza de Jesús. Hoy nos invitan a aprender a comprender la realidad presente, ya que, contrario a lo que la gente piensa, la realidad no es algo transparente, sino que está atravesada por múltiples conflictos, intereses e intencionalidades. El cristiano se debe acostumbrar a no asumir ninguna realidad como algo fatal, irremediable o definitivo. Cualquier realidad puede ser transformada a medida que comprendemos cómo Dios actúa en la vida y en la historia. La segunda enseñanza nos invita a aprender a dirimir los conflictos interpersonales al interior de las instancias, instituciones o realidades en las que acontecen. La exteriorización de los conflictos ante instancias ajenas a la dinámica de las relaciones comunitarias, familiares o íntimas denota la incapacidad de hacer valer los criterios del evangelio para la comprensión y resolución de las inevitables diferencias entre todas las personas. La interpretación del momento presente y la mediación del camino son dos desafíos que debe afrontar todo creyente que realmente pretenda asumir las enseñanzas de Jesús como una realidad vital y constitutiva. - ¿Cuáles son las características más sobresalientes del momento presente y cómo podemos interpretarlas?
Los primeros capítulos de la carta habían sido más teológicos. Pablo, "prisionero por Cristo" -está detenido en Roma-, nos ha presentado con entusiasmo el misterio de Cristo y de su Iglesia. Ahora, a partir del capítulo cuarto, entra en una sección más exhortativa y práctica.
Se ve que todos los argumentos en favor de la unidad, por profundos y teológicos que sean -la fe y la esperanza comunes, la vocación compartida, nuestra alegría por tener un solo Dios Padre, Hijo y Espíritu-, si no existe la caridad y el amor en nuestras comunidades, no valen mucho en la práctica.
Ahí tenemos el retrato ideal de una comunidad cristiana, según la intuición y la experiencia de Pablo. La tarea sigue siendo difícil también hoy, porque nuestras debilidades hacen que la Iglesia no esté tan radiante de fe y de amor como debería estar, y que no presente una imagen de unidad como la que Pablo quisiera. Tenemos una lista estupenda de motivos por los que deberíamos estar unidos, pero no lo estamos del todo, ni con los otros cristianos ni entre nosotros mismos. La unidad eclesial no es una mera coexistencia pacífica y civilizada: debe basarse en estas raíces de fe y concretarse en una mutua tolerancia y amor, que es lo que crea un ambiente de fraternidad y también de credibilidad apostólica.
Las últimas líneas de la lectura de hoy se han convertido -por obra por ejemplo de L. Deiss, buen biblista y músico- en un himno que cantamos con gusto: "Un solo Señor, una sola fe". El texto de nuestros cantos tiene particular eficacia cuando se inspira en la Palabra revelada.
En uno de los prefacios dominicales le damos gracias a Dios porque ha querido que su Iglesia esté "unificada por virtud y a imagen de la Trinidad" y que aparezca "ante el mundo como cuerpo de Cristo y templo del Espíritu". Y como en la práctica no es así siempre, en otras Plegarias pedimos a Dios: "danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado" (Plegaria V b), y también que "crezcamos en la fidelidad al evangelio, que nos preocupemos de compartir en la caridad las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres" (Plegaria V c).
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