Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
Participa a tus familiares y amistades invitándoles a
subscribirse a este servicio diario.
|
|
|
|
Primera Lectura
Lectura del libro del profeta
Isaías (53, 10-11)
El Señor quiso triturar a su siervo con el sufrimiento. Cuando entregue su vida como expiación, verá a sus descendientes, prolongará sus años y por medio de él prosperarán los designios del Señor. Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará; con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos, cargando con los crímenes de ellos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
|
|
Salmo Responsorial
Salmo 32
Muéstrate bondadoso
con nosotros, Señor.
Sincera es la palabra del Señor y todas sus acciones son leales. El ama la justicia y el derecho, la tierra llena está de sus bondades.
Muéstrate bondadoso
con nosotros, Señor.
Cuida el Señor de aquellos que lo temen y en su bondad confían; los salva de la muerte y en épocas de hambre les da vida.
Muéstrate bondadoso
con nosotros, Señor.
En el Señor está nuestra esperanza, pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo. Muéstrate bondadoso con nosotros, puesto que en ti, Señor, hemos confiado.
Muéstrate bondadoso
con nosotros, Señor.
|
|
Segunda Lectura
Lectura de la carta a los
hebreos (4, 14-16)
Hermanos:
Puesto que Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro sumo sacerdote, que ha entrado en el cielo, mantengamos firme la profesión de nuestra fe. En efecto, no tenemos un sumo sacerdote que no sea capaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que él mismo ha pasado por las mismas pruebas que nosotros,excepto el pecado.
Acerquémonos, por tanto, con plena confianza al trono de la gracia, para recibir misericordia, hallar la gracia y obtener ayuda en el momento oportuno.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
|
Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Marcos (10, 35-45)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron:
"Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte". El les dijo: "¿Qué es lo que desean?" Le respondieron:
"Concede que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria".
Jesús les replicó:
"No saben lo que piden. ¿Podrán pasar la prueba que yo voy a pasar y recibir el bautismo con que seré bautizado?"
Le respondieron:
"Sí podemos".
Y Jesús les dijo:
"Ciertamente pasarán la prueba que yo voy a pasar y recibirán el bautismo con que yo seré bautizado; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; eso es para quienes está reservado".
Cuando los otros diez apóstoles oyeron esto, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús reunió entonces a los Doce y les dijo:
"Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños y los poderosos las oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes. Al contrario: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos, así como el Hijo del hombre, que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de todos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
|
Sobre las Lecturas de Hoy...

Vigésimo Noveno Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B
La primera lectura de hoy, tomada de la segunda parte del libro de Isaías, nos habla de la misión del 'siervo sufriente', es decir, de aquel redentor del Pueblo de Dios que ofrece su vida para ver el nacimiento de una nueva posibilidad, de una nueva descendencia. Este poema nos habla más de esperanza, de tenacidad y de lucha que de sufrimiento pasivo o resignación. La misión del siervo del Señor no es ver su cuerpo destrozado, sino servir de puente para las nuevas generaciones de creyentes que se han de inspirar en su particular estilo de vida. Por esta razón la "nueva descendencia" no se refiere, ni en el texto ni en la interpretación cristiana, a los descendientes biológicos, sino a una nueva generación de personas comprometidas con la Causa de Dios en favor de su pueblo, el pueblo pobre, dolorido y oprimido.
El Salmo nos sirve de puente entre la primera y la segunda lectura, al recordarnos que la Palabra de Dios se identifica por su capacidad para ayudarnos a reconocer la verdad. Una verdad que no es un asunto metafísico o etéreo, sino la encarnación del proyecto de Dios en la historia por medio de la justicia y el derecho.
El escrito a los Hebreos nos insiste en un tema que con frecuencia se nos refunde en la memoria: la mediación de Jesús para comprender el designio de Dios. Si prescindimos de él, de lo que él hizo y de lo que él significa para nosotros, estaremos vaciando al cristianismo de su esencia.
Precisamente una de las enseñanzas de Jesús fue su certera capacidad para develar las ambiciones de poder que se ocultaban en las intenciones aparentemente más buenas, como la de marchar con él hacia su destino. Jesús tiene esa gran capacidad de confrontar a todas las personas, y en el contraluz poner en evidencia todas esas piruetas que hace la conciencia para evadir la voluntad de Dios y dejarse arrastrar por los seudo-valores de la cultura vigente que conducen a la búsqueda desaforada del poder.
Jesús, en el evangelio, nos invita a descubrir cuál es su actitud fundamental, y cuál es, por tanto, la actitud fundamental cristiana, en contraste con la actitud que el "mundo" -el "sistema", nos invita a adoptar, que es la que, al fin y al cabo, tenían los discípulos.
Santiago y Juan son gente despierta, que quiere ir adelante. Y por eso Jesús los ama de un modo especial, junto con Pedro. Pero son esclavos del estilo del "mundo", y por eso entienden el ir adelante como un tener buenas posiciones, tener poder y prestigio. E imaginan que la obra de Jesucristo será crear una situación nueva, de gente que estará por encima de los demás, porque serán "los buenos", "los fieles", "los seguidores". Gente entregada, ciertamente, gente entregada hasta el sacrificio, pero que piensa en los mismos términos que el "mundo", y que por tanto lo que desea en última instancia es una buena colocación por encima de los demás.
Jesucristo les rompe el esquema y les dice que no hay un premio y una colocación final por encima de los demás. Que solamente existe el servicio, y que es a través del servicio como uno se convierte en hombre, y hombre con Dios. Y que esto es lo único que hay que esperar y desear. El servicio, por tanto, no es solamente un conjunto de buenas obras pequeñas de ayuda a los demás. Estas buenas obras, por sí mismas, no son nada, porque quizás las realizamos como "méritos" para obtener un buen puesto. Lo que cuenta es la actitud de servicio como actitud de vida. O sea, el desear una vida gozosa y plena para todos, y orientar toda la propia actividad para conseguirla: en las pequeñas ayudas y servicios, en tener una actitud que descubre lo bueno que hacen los demás en lugar de buscar lo que hacen mal, en no temer a una sociedad que quiere avanzar en libertad y hacia una distribución más justa de la riqueza, en tener un espíritu de Iglesia abierto y no creer que solamente es válida la propia manera de ser cristiano.
El penúltimo domingo de octubre la Iglesia Católica lo celebra como Domingo Mundial («Do-Mund») de las Misiones. La coincidencia de los textos de hoy con el Domund invita a considerar en profundidad la tarea evangelizadora de la Iglesia: ¿puede consistir en otra cosa que en llevar a los hombres el anuncio del misterio de Cristo? "La Iglesia peregrina entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, anunciando la cruz y la muerte del Señor, hasta que El venga" (Lumen gentium, n. 8, final).
A veces se confunde la tarea misionera específica de la Iglesia con cualquier tipo de ayuda generosa y abnegada a los pueblos y a las personas del llamado Tercer o Cuarto Mundo, al mundo del hambre y de la marginación, etc. Nadie, ciertamente se atreverá a decir que hacer esto no sea profundamente cristiano y testimonial. Pero el mandato misionero va más allá de este esfuerzo; envía a dar a todos los hombres lo que todavía se necesita cuando parece que nada se necesita, lo que se necesita siempre y en todo lugar: la definitiva palabra de salvación que llega hasta el corazón del hombre.
El "servicio" de la misión es la actualización del "servicio" que Cristo nos ha hecho "entregando su vida en rescate para todos los hombres". Sin duda es mucho más comprensible y explicable humanamente que un hombre ayude a otro a salir de su hambre o de su opresión, que no que un hombre anuncie el misterio pascual de Cristo. Con todo, "mantengamos la confesión de la fe" (2. lectura del domingo): el misterio pascual de Cristo es el principio de la renovación del hombre y la acción misionera de la Iglesia es, por ello, la acción más "humanizadora", en sentido pleno, según Dios.
Cristo, el Siervo, ha asegurado: "El cáliz que yo voy a beber lo beberéis..." Una Iglesia que vive intensamente la dimensión misionera sabrá acompañar, también con su sufrimiento, a los hermanos misioneros.
|
|
|
|