Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
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Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los gálatas (5, 18-25)
Hermanos:
Si los guía el Espíritu, ya no están ustedes bajo el dominio de la ley. Son manifiestas las obras que proceden del desorden egoísta del hombre: la lujuria, la impureza, el libertinaje, la idolatría, la brujería, las enemistades, los pleitos, las rivalidades, la ira, las rencillas, las divisiones, las discordias, las envidias, las borracheras, las orgías y otras cosas semejantes.Respecto a ellas les advierto, como ya lo hice antes, que quienes hacen estas cosas no conseguirán el Reino de Dios.
En cambio, los frutos del Espíritu Santo son: el amor, la alegría, la paz, la generosidad, la benignidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio de sí mismo. Ninguna ley existe que vaya en contra de estas cosas.
Y los que son de Jesucristo ya han crucificado su egoísmo junto con sus pasiones y malos deseos. Si tenemos la vida del Espíritu, actuemos conforme a ese mismo Espíritu.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 1
Dichoso quien confía
en el Señor.
Dichoso aquel que no se guía por mundanos criterios, que no anda en malos pasos ni se burla del bueno, que ama la ley de Dios y se goza en cumplir sus mandamientos.
Dichoso quien confía
en el Señor.
Es como un árbol plantado junto al río, que da fruto a su tiempo y nunca se marchita.En todo tendrá éxito.
Dichoso quien confía
en el Señor.
En cambio los malvados serán como la paja barrida por el viento. Porque el Señor protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban por perderlo.
Dichoso quien confía
en el Señor.
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Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (11, 42-46)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo:
"¡Ay de ustedes, fariseos, porque pagan diezmos hasta de la hierbabuena, de la ruda y de todas las verduras, pero se olvidan de la justicia y del amor de Dios! Esto debían practicar sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar los lugares de honor en las sinagogas y que les hagan reverencias en las plazas! ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven, sobre los cuales pasa la gente sin darse cuenta!"
Entonces tomó la palabra un doctor de la ley y le dijo:
"Maestro, al hablar así, nos insultas también a nosotros".
Entonces Jesús le respondió:
"¡Ay de ustedes también, doctores de la ley, porque abruman a la gente con cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni con la punta del dedo!"
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

La función de la Ley es garantizar lo mínimo en la vida social para alcanzar lo máximo en la vida diaria. El problema es que, como cualquier institución, la Ley puede ser evadida con las mismas formalidades que se crean para cumplirla. Esta situación paradójica recuerda el dicho popular: "hecha la ley, hecha la trampa". El texto de hoy presenta una serie de lamentaciones que hacen evidente un cumplimiento puramente formal de la Ley, en detrimento de un compromiso más auténtico y existencial. La primera de ellas, pone en evidencia que exigencias absolutas como la justicia y la misericordia se ven burladas por mecanismos absurdos como el pago de impuestos por condimentos y especias. Si bien estos impuestos son importantes en orden a la sustentación del culto y los ministros, la relación con el prójimo y con Dios se ven relativizadas, al no concretar en actitudes, comportamientos y opciones la realización de la justicia interhumana.
Terminamos hoy nuestra lectura de la carta a los Gálatas. Y lo hacemos con una doble lista: las "obras de la carne" y los "frutos del Espíritu".
Tenemos un buen examen delante. Un espejo donde mirarnos hoy con sinceridad.
Cada uno sabrá si en verdad "los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos" (es buena imagen la de "crucificar" lo que es anticristiano). Tal vez no tengamos que acusarnos de borracheras, orgías, libertinaje o idolatría. Pero sí puede ser que sigamos a "la carne", a los criterios humanos, cuando caemos en envidias, rencores y contiendas. Si nos dejamos llevar por los celos y las enemistades, no estamos viviendo según Cristo, sino según la carne.
Al contrario: como cristianos que vamos madurando en nuestra vida de fe, debemos "marchar tras el Espíritu", porque "vivimos por el Espíritu", ya desde el Bautismo, y se tienen que ver en nuestra vida sus "frutos", desde "el dominio de sí" hasta la "alegría y la paz" y "la comprensión, servicialidad y bondad" con los demás. ¿En qué se conoce que caminamos según el Espíritu?: en que vivimos con alegría, con amabilidad, con dominio de sí...
El salmo 1, que suena repetidamente en nuestra misa, nos sigue invitando, desde hace siglos, a elegir los caminos de Dios, y no los del mundo: "dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, sino que su gozo es la ley del Señor y medita su ley día y noche". No es, ciertamente, el apego a la ley que Pablo criticaba, como contabilidad de méritos, sino la ley que cumplimos movidos por la fe y el amor, movidos por el Espíritu de Cristo.
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