En los números anteriores hemos estado viendo la necesidad de saber que queremos ser, hacer y tener en la vida. Saber que el lugar y la situación en que nos encontramos en este momento, es la lección que tenemos que aprender antes de pasar a la siguiente. Que el pasado, en el pasado está y lo que cuenta es lo que hayamos aprendido de él. El futuro nos depara lo que sembremos en el presente.
Para obtener el fruto de la tierra, tienes que saber qué es lo que quieres cosechar. Puedes ir preparando el terreno y tenerlo listo. Pero a la hora de sembrar las semillas, tienes que saber lo que deseas cosechar, ¡No hay más! Tienes forzosamente que elegir.
Esto equivale a que tienes que saber que la vida te da lo que tú le pidas. Así entonces, ese deseo, ese sueño, esa aspiración, te fue dada por Dios, la semilla. Pero también te dio las herramientas de labranza, de cultivo. Te da la inteligencia, la capacidad física y mental para sembrar, cultivar y cosechar ese sueño.
Con tu libre albedrío, tú eliges si te pones a labrar la tierra o dejas pasar el tiempo. Tus estudios, tu carrera, tu trabajo, tus actividades, tus relaciones; son tus elecciones del camino a tomar. Y a pesar de ti mismo, cumplirás tu misión aquí en esta vida. Sólo que tú eliges si el camino será de rosas o de espinas.
Puedes pasarte el tiempo lamentándote la situación que vives o encaminarte en el sendero que te llevará a cumplir tu misión felizmente, plenamente satisfecho con la vida. Cuando haces esa elección, las cosas se dan a pedir de boca. Una llamada, una situación, un evento o un encuentro aparentemente fortuitos, te abren el camino.
Se le llama sincronía al hecho de que una vez que has tomado un decisión acertada, los eventos, las personas y situaciones se dan en tu vida en el momento y lugar adecuados, abriéndote puertas que antes pensabas que no se abrirían o que ni sospechabas que existían. Se te dan las cosas en sincronía.
Una decisión acertada es cuando sabes (no que crees) exactamente lo que quieres de la vida. Dios no nos trajo a este mundo a sufrir, quiere que seamos felices, que gocemos plenamente de la vida que Él nos dio. Por eso tenemos que saber bien que es lo que queremos ser, hacer y tener en esta vida; valga la redundancia.
En el próximo número te daremos ejercicios para tratar de encontrar tu propósito. Sin embargo, no importa cuanta información tengamos, cuantos conocimientos adquiramos, que tanto practiquemos cualquier ejercicio, si no ponemos en práctica en nuestras vidas lo aprendido, de nada sirve.
Hagamos una introspección para reavivar los sueños que dejamos truncos o que nunca iniciamos.