Mientras más a disgusto estemos con la vida que estamos llevando, más debemos comprender que nuestra verdadera esencia nos está impulsando, llevando a hacer un cambio de dirección. Esto no necesariamente implica dejar lo que estamos haciendo o el lugar donde estamos. Puede ser que necesitemos un cambio de actitud o la forma de ver las cosas.
Debemos de reflexionar sobre nuestra situación actual y aunque estemos muy a disgusto, es un hecho que esa misma situación encierra un aprendizaje. Quizá hemos puesto demasiada atención sobre todo aquello que nos tiene a disgusto, ignorando las partes que podrían ser motivo de gozo, de entusiasmo, de satisfacción.
Vamos a imaginar que estamos invitados para ir a comer cierto día al mejor restaurante de alta cocina francesa. Podemos estar tan concentrados y entusiasmados con esa comida que tal vez, aunque nos hicieran nuestro platillo favorito antes de ese día, no nos percataríamos de lo delicioso que éste pudiera estar.
Peor aún, pudiera ser que ni siquiera estamos invitados, sino que simplemente tenemos tantas ganas de ir a ese restaurante francés, que no disfrutamos la comida cotidiana. Ahora bien, si trabajáramos y comiéramos a diario en el restaurante francés, llegaría el momento que estaríamos hartos de comida francesa.
Así entonces, podemos pasar la vida añorando lo que no tenemos, siempre pensando en lo que nos gustaría tener y desperdiciamos el momento presente. No sólo no disfrutándolo, sino dejando de apreciar la lección que cada momento nos brinda.
Toda situación, toda circunstancia, guarda la semilla del siguiente episodio en nuestra vida. Lo que estamos viviendo en el momento presente nos prepara para poder aprovechar lo que nos traerá el futuro en función de las elecciones que hayamos hecho con el libre albedrío que Dios nos dio.
Si no aprendemos la lección que nos corresponde, no podemos avanzar al siguiente paso... Tendremos que volver a tomar la lección. No necesariamente bajo las mismas circunstancias o el mismo entorno o relaciones, pero la lección vendrá a ser la misma, de eso no podemos escapar.
Cuando hemos aprendido la lección, estamos ya en el umbral del siguiente episodio. Sentimos que algo nos impulsa a hacer un cambio: de trabajo, de relaciones, de lugar o simple y llanamente de actitud. Vemos como nuestra vida se puede renovar sí tenemos el valor de dar el siguiente paso, más allá del umbral.