Pensemos por un momento qué pasaría o cómo nos sentiríamos si de pronto pudiéramos ver hacía atrás con lujo de detalles nuestro pasado y nos diéramos cuenta que cada cosa, cada momento, cada experiencia, sin importar si pensamos de todo ello como bueno o malo o regular, había estado perfecto. Tanto lo que sucedió, como el momento el lugar y las circunstancias que se dieron.
Vamos a pensar también que Dios nos dijera que lo que el futuro nos depararía, estaría igual de perfecto con cada experiencia en el lugar y el momento adecuados, bajo las circunstancias adecuadas, de acuerdo a la elección que llegáramos a hacer del camino a tomar.
Sabríamos entonces que no hay nada de qué preocuparse. Ya todo está previsto de acuerdo a la elección que tomemos. Todo lo necesario estará ahí en el camino que elijamos. Entonces, no teniendo de qué preocuparnos, sería cuestión de ocuparnos de hacer una buena elección.
Se ha dicho hasta el cansancio que lo que sembramos cosechamos. A la hora de decidir el camino a tomar, le estamos diciendo a la vida lo que queremos de ella. Cuando elegimos mal o de plano no elegimos, sino que dejamos que los vientos nos lleven, estaremos a la deriva, llegando a puertos que no queríamos o sin tocar puerto.
Lo que en el fondo de nuestro corazón deseamos, nuestros verdaderos sueños y aspiraciones, yacen ahí latentes, esperando a que tomemos las decisiones correctas, a que elijamos bien el curso de nuestras vidas y entonces todos nuestros deseos sueños, aspiraciones se realizarán.
No se puede hacer demasiado énfasis en la importancia de elegir correctamente qué camino tomar. Es de suma importancia estar seguros hacía donde queremos ir: ¿Qué es lo que queremos de la vida?, ¿Qué es lo que más nos haría felices? ¿Qué es lo que estamos dispuestos a dar por ello?
En demasiados casos las decisiones las tomamos por razones inadecuadas, no válidas; "porque era un camino fácil, porque se ganaba mucho dinero, porque es lo que se esperaba de mí, porque no me decidía y apareció esa alternativa, porque tomé lo primero que encontré". Razones equivocadas.
Afortunadamente, Dios, en su infinita sabiduría, no sólo sabe lo que en el fondo de nuestro corazón queremos, sino que al darnos libre albedrío, permite que tomemos las lecciones que nos enseñarán el camino que nos lleva finalmente a vivir felices en propósito, cumpliendo en paz y armonía nuestra misión.