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Boletín semanal de Autoayuda #1317 04 de agosto de 2013
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En esta semana el tema es El Perdón, algo que es un tanto difícil en ocasiones, pero manejado adecuadamente se puede lograr.
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Comentarios:
" Perdonar es el valor de los valientes. Solamente aquel que es bastante fuerte para perdonar una ofensa, sabe amar."
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Artículo de la semana
EL PERDÓN
¿Por qué necesitamos perdonar?
La palabra perdón se compone de otras dos: Para y Dar.
Pues el que perdona se da más a sí mismo. Perdonar es el camino a la liberación, el que auténticamente se libera es el que perdona, echando de su alma el rencor y la venganza, pasiones que envilecen y consumen. Al perdonar no podemos cambiar el pasado, pero cambiamos el presente y el futuro.
Emmet Fox dice en su libro "El Sermón de la Montaña" que cuando guardamos resentimientos hacía alguien, estamos unidos con esa persona por una cadena más fuerte que el acero. Si de verdad queremos separarnos de ese alguien lo mejor es soltar cualquier sentimiento negativo hacia la persona e intentar verla como un ser más en el cosmos de Dios.
El hecho de perdonar no quiere decir que estamos condonando la acción y menos aún que estamos dispuestos a que nos vuelvan a lastimar. Muy importante también es perdonarnos a nosotros mismos. Solemos ser muy críticos y severos con nosotros mismos. Debemos aprender a soltar el remordimiento y a perdonarnos.
¿Cómo sabemos que ya hemos perdonado de verdad?
Si podemos recordar el suceso y no sentimos el más mínimo dolor, malestar o cualquier sentimiento negativo, quiere decir que ya nos hemos liberado de esa atadura. El no recordar el suceso o el agravio es porque lo hemos ocultado en lo más profundo de nuestro ser para no sentir dolor. Sin embargo cuando algún evento nos lo hace recordar, surge a la superficie causándonos más y más dolor. Tenemos que resolver el conflicto.
Algunos pasos que podemos tomar para resolverlo:
- Consideremos qué circunstancias tuvo que haber vivido esa persona para llegar a ser como es o que situación estaría viviendo para haber hecho lo que hizo, aún intencionalmente.
- Consideremos qué parte jugamos nosotros o qué hicimos nosotros que propicio el incidente. Cuál fue nuestra parte.
- Dejemos atrás el papel de víctimas y prosigamos con nuestras vidas.
- Recordemos las cosas positivas y buenas que nos unieron a esa persona, los ratos buenos y bellos que pasamos con ella, los momentos de amor, apoyo, consejo y comprensión mutuos.
- Visualicemos a la persona que nos lastimó recibiendo bellos regalos, muestras de amor y de perdón, logrando sus anhelos, triunfando.
- Deseémosle que se encuentre a sí misma, que encuentre su camino.
- Liberar a la persona con el perdón es liberarnos a nosotros mismos para vivir en el presente, en el aquí y en el ahora; disfrutando la vida al máximo..
Al conservar ese odio, rencor, resentimiento o remordimiento, estamos perpetuando nuestro malestar y nos vamos consumiendo, dejando de disfrutar el momento. Cada vez que recordamos cualquier episodio que nos causa dolor, dejamos de vivir el aquí y el ahora. Dejamos de avanzar en nuestro desarrollo personal, en nuestro crecimiento espiritual.
Hay estudios que demuestran el efecto que tiene el estrés en la salud. Nuestras defensas bajan y nuestro organismo se hace más propicio a las enfermedades. El odio, el rencor, el resentimiento y el remordimiento son sentimientos que causan estrés, que si se vuelven perennes nos llegan a causar enfermedades y hasta padecimientos graves, tales como el cáncer, cardiopatías, etc.
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| Relatos que inspiran.
EL PODER DEL PERDÓN
En 1974 camino a casa de la escuela, el último día de clases antes de Navidad, estaba emocionado con los festejos que habría, como sólo un niño de diez años puede entusiasmarse. Unas casas antes, se me acercó un hombre que me pidió que si podría ayudarlo con la decoración para una fiesta que le iba a dar a mi papá, a lo cual asentí.
Lo que yo no sabía es que este hombre le guardaba un gran rencor a mi familia. Se le había contratado para cuidar de un familiar anciano, pero se le despidió por que tomaba mucho. Cuando estuve de acuerdo en acompañarlo, me llevó a un lugar aislado y se detuvo. Me enterró varias veces un picahielo en el pecho. Después me llevó a unos matorrales y me disparó en la cabeza y me dejo ahí a morir.
Afortunadamente la bala pasó por detrás de mis ojos y salió por la sien derecha sin causar daño alguno al cerebro. Seis días después recuperé la conciencia, sin darme cuenta de que me habían disparado. Me senté a la orilla de la carretera y un hombre me encontró y me ayudó. Dos semanas más tarde, le describí a la policía la persona que me atacó. La cara resultante del dibujante la reconoció mi tío. Lo apresaron pero el trauma y el estrés evitaron que yo lo pudiera identificar plenamente, y como no se encontró evidencia física nunca se le hicieron cargos.
El ataque me dejó ciego de un ojo, pero de ahí en fuera estaba ileso y con el amor y apoyo de mi familia y amigos regresé a la escuela y continué con mi vida. Los siguientes tres años fueron de ansiedad, por las noches asustado, imaginando oír a alguien entrando por la puerta y acababa por dormir a los pies de la cama de mis papás.
Cuando llegué a los trece años, todo cambió. Una noche durante el estudio de la Biblia con un grupo de nuestra congregación me di cuenta de que la providencia de Dios, habiéndome mantenido vivo milagrosamente, era la base para la seguridad de mi vida. En sus manos podía vivir sin temor y sin rencor. Y así fue. Terminé la escuela, con licenciatura y maestría en Divinidad. Me casé con una esposa maravillosa, Leslie, y tenemos dos bellas hijas, Amanda y Melodee.
En septiembre de 1996, el Comandante Charles Scherer de la policía, quien había trabajado en mi caso, me llamó para decirme que aquel hombre, ahora de 77 años, finalmente había confesado todo. Ciego por el glaucoma y muy enfermo y sin familia, vivía en un asilo. Lo fui a visitar.
En la primera ocasión en que lo visité, me pidió disculpas por todo lo que me había hecho y le dije que ya lo había perdonado. Lo visité muchas veces más, presentándole a mi esposa e hijas, ofreciéndole esperanza y una semblanza de una familia en los últimos días antes de su muerte. Siempre le daba gusto que yo lo visitara. Considero que nuestra amistad aligeraba su soledad y era un gran alivio después de veintidós años de remordimientos.
Sé que la gente puede verme como la víctima de una horrible tragedia, pero yo me considero víctima de muchos milagros. El hecho de estar vivo y sin daño cerebral, va en contra de todas las probabilidades. Tengo una esposa amorosa y una bella familia. Tengo tanto por delante como cualquiera - y amplias oportunidades. He sido bendecido de muchas maneras. Mientras que mucha gente no puede comprender cómo es que lo perdoné, desde mi punto de vista no podía no perdonarlo. Si hubiese elegido odiarlo todo este tiempo, lo hubiese pasado buscando vengarme, entonces no sería el hombre que soy - el hombre que mi esposa y mis hijas aman.
Chris Carrier, enviado por Katy McNamara. Como apareció en "Caldo de Pollo Para el Alma".
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Reflexiones
"Perdonar es un instrumento de compasión que nos libera de nuestras viejas heridas y resentimientos, eliminando por completo el complejo de víctima"; Rev. Rebeka Pina.
"No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿"Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en tu propio ojo?" Mateo 7:1,2,3.
"...Perdona nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores"; El Padre Nuestro de Jesús. La condición para ser perdonados es haber perdonado.
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