El estrés crónico que sufren millones de personas bajo la presión cotidiana de la vida moderna, libera hormonas que en el corto plazo nos son útiles, pero que si éstas no son eliminadas y persisten, se convierten en toxinas para el organismo.
La liberación de hormonas es una reacción natural ancestral, que permite al ser humano, ante algún peligro inminente, reaccionar huyendo o peleando. Le da al individuo la fuerza y energía necesarias para salvar el peligro.
Cuando la mente presiente alguna amenaza, estas hormonas, liberadas por la amígdala, el hipotálamo y la glándula pituitaria principalmente, envían señales e impulsos al resto del organismo, alertándolo para huir o pelear. Las glándulas adrenales al ser alertadas, liberan epinefrina, misma que a su vez hace que el corazón lata más rápido, y a los pulmones los hace trabajar más duro para darle al organismo todo el oxígeno necesario.
Así también, las glándulas adrenales liberan aún más cortisol y otros glucorticoides que ayudan al organismo a convertir azúcares en oxígeno. Las células nerviosas liberan norepinefrina que tensa los músculos y agudiza los sentidos preparándolos para la acción.
Una vez que el peligro ha pasado, los niveles de epinefrina y de norepinefrina disminuyen y todo vuelve a la normalidad (debería de...). Sin embargo, cuando el estrés es constante y los niveles se mantienen altos, el organismo se daña.
Los niveles bajos de estrés, pero que son crónicos, mantienen los glucorticoides en circulación, lo que lleva a la debilitación del sistema inmunológico, pérdida de masa ósea, supresión del sistema reproductivo y problemas de memoria.
Debemos de aprender a manejar el estrés, mismo que en situaciones óptimas nos ayuda a pasar un examen, a librar algún peligro, a salir de un atolladero en el trabajo o de una situación difícil, etc., dándonos fuerza y energía y agudizando nuestros sentidos.
La angustia, ansiedad, tensión, preocupación, como resultado de la vida moderna, mantienen al individuo en un estado de estrés bajo pero constante y al no disminuir, hace al organismo presa fácil de enfermedades infecciosas y hasta cáncer.
Para bajar los niveles de estrés y por tanto de los niveles de sustancias tóxicas liberadas por el organismo, debemos hacer uso de la meditación, del yoga y del ejercicio aeróbico, y así también, de la oración.
Existen muchísimos casos documentados de personas que practicaron la meditación y la oración, y que lograron superar enfermedades crónicas y tan graves como el cáncer. Es por ello que si practicamos estas disciplinas, disminuimos el riesgo de enfermar, y podemos llegar a aliviarnos si ya estamos enfermos.