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"Abundancia y Prosperidad"... Continúa...
Nuestras creencias, mismas que vamos adquiriendo desde la infancia, son las que propician las circunstancias que estamos viviendo. Nosotros mismos hemos generado nuestra condición actual, sea buena, mala o regular.
Hemos de reflexionar sobre nuestro sentir acerca de la condición humana, en su aspecto material y económico, así como de la propia nuestra. ¿Creemos que venimos a este mundo a sufrir?, ¿Que es meritorio el ser pobre? ¿Que el dinero es sucio y que si somos ricos no somos dignos de Dios?
Debemos también recapacitar sobre cuáles son nuestros pensamientos cotidianos. ¿Pensamos asiduamente sobre nuestras carencias, el dinero que no tenemos, las cosas que deseamos y que no están a nuestro alcance?
Con una mente abierta podremos darnos cuenta de que nuestras creencias, aquello que pensamos en lo más profundo de nuestro ser, son la causa de lo que vivimos día a día y que si cambiamos nuestra forma de pensar, nuestras creencias, podemos cambiar nuestras circunstancias.
Si en este momento estamos viviendo una situación económica difícil, se torna harto difícil el no estar pensando en carencias y la falta de dinero. Sin embargo, es precisamente este enfoque lo que nos trae más de lo mismo.
Te puedes preguntar: ¿Cómo es que el pensar diferente va a cambiar mi condición actual? Bueno, tus pensamientos de ayer, generaron tu presente y tus pensamientos de hoy, están generando tu mañana.
Es primordial que hoy pienses y visualices en la pantalla de tu mente las condiciones que sí quieres vivir. No pienses ni visualices lo que no quieres vivir, ya que de hacerlo vas a perpetuar tus condiciones adversas. Recuerda que lo que pensamos asiduamente, una vez grabado en el subconsciente, éste nos lo proporciona, creando las circunstancias propicias para que se manifieste.
También es muy importante el que creas de verdad que sí puedes y que sí mereces vivir una mejor situación, una mejor calidad de vida. Claro que te lo mereces y claro que puedes. No tengas dudas, haz a un lado la incredulidad, ya que es el obstáculo más grande para que recibas el bien que deseas. Esto puede ser logrado a través del amor a ti mismo reconociendo que eres un hijo de Dios, una creación Divina.
En muchas ocasiones, una de las razones por la que no se nos dan las cosas es porque en realidad no sabemos qué es lo que queremos. Un momento queremos algo y en otro, algo diferente. El Universo, Dios, la vida, no puede darnos lo que nosotros mismos no sabemos pedir. Debe haber claridad en nuestra mente.
En otras ocasiones saboteamos lo que pedimos a Dios al pedir cosas que no creemos que se puedan obtener. Si se tiene un sueldo de $5,000 al mes y pedimos $50,000, no nos la creemos. Al contrario, si pedimos algo creíble como un aumento de sueldo de un 10% a un 25%, es más fácil que lo creamos posible.
Para Dios no hay imposibles, todo radica en qué tanto podemos creer que podemos obtener lo que pedimos. No se trata de convencer a Dios, se trata de convencernos a nosotros mismos.
Continuará...
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