Cada uno de nosotros necesita ayuda para vivir de acuerdo al plan de Dios. La buena noticia es que la Gracia de Dios esta dentro de nosotros, y es exactamente lo que necesitamos para llegar a la madurez y flexibilidad que se requiere para ser quienes estamos dispuestos a ser.

En esta época navideña seamos portadores de la Gracia de Dios hacia nuestra familia, amigos y aquellos que ni siquiera conocemos. El brindar gracia debe comenzar en nosotros. Al ser activada al máximo, la Gracia será capaz de barrer cualquier fragmento de condenación que queda en nuestra vida.


Nadie puede mostrarnos la gracia como lo hace Dios. La profundidad del amor y gracia que tiene para con nosotros no depende de lo que nosotros producimos, acumulamos o logramos en la vida. Nosotros YA tenemos la plenitud de la gracia y el amor de Dios ahora; esto es suficiente para nosotros y los demás.

Recuerda, siempre tendremos la facultad de caminar por la vida con la Gracia de Dios, y esta misma Gracia es la que nos llevará de regreso a casa.
 


Randy Morrison
www.randymorrison.org
Cuando un coche está lleno de combustible o gasolina hasta su capacidad máxima, puede moverse. Si no hay conocimiento o entendimiento del cómo encender el coche, no habrá movimiento, el combustible nunca cumplirá su propósito. De esta misma forma, nosotros hemos sido llenados hasta el tope con la gracia y el amor de Dios, sin embargo, sin tener el conocimiento o el entendimiento de cómo funcionan la gracia y el amor en su plenitud, nos quedaremos estancados hasta el punto de nunca llegar a ser todo lo que Dios destinó para nosotros. Cuando esto sucede, los recursos invaluables que Dios ha puesto en nosotros son negados y como resultado de esto, nuestra plenitud en la vida queda bloqueada por nuestras restricciones, culpa, pecado y condenación que hemos dejado que nos controle. 
 
Recuerda: la condenación oscurece nuestra vida al no entender cómo se vive en la plenitud de la gracia de Dios. Dios no nos extendió su gracia basándose en nuestras obras, sino en SU amor por nosotros.

Lee, reflexiona y actúa de acuerdo a

2 Pedro 3:17-18

Juan 1:16-17

Hay una diferencia enorme entre misericordia y gracia. La misericordia nos cubre de lo que merecemos al darnos lo que no nos merecíamos. La misericordia nos brinda una "segunda oportunidad" al mantener la puerta del arrepentimiento abierta para que podamos regresar a Dios. 

El propósito de la misericordia es generar arrepentimiento y un cambio de corazón hacia Dios. Al extenderse la misericordia, hay un reconocimiento de sufrimiento, este sufrimiento ha sido causado por el pecado. Todos hemos entrado en alguna ocasión por la puerta de la misericordia debido a nuestras acciones, comportamiento o actitud. Para nosotros poder recibir misericordia, debemos mostrarla. 

El arrepentimiento crece desde la misericordia. Los cambios genuinos se comienzan a generar debido al arrepentimiento, (no remordimiento).
   
Recuerda: La misericordia genera arrepentimiento. Debemos mostrar misericordia al mundo. La misericordia excluye la culpa, confrontación y orgullo.

Lee, reflexiona y actúa de acuerdo a: 

Salmo 51

Lamentaciones 3:22 

La Gracia de Dios es lo más grande que vamos a experimentar en esta tierra, más grande que cualquier otra cosa, aún más grande que el mal. Mientras más leemos y actuamos de acuerdo a la palabra de Dios, más profundo será nuestro entendimiento de la gracia infinita de Dios. Cuando Su inmenso poder corre libre por nuestra vida, la Gracia de Dios ha sido activada. La intimidación, las ataduras y la manipulación de nuestra naturaleza pecaminosa no existirán más cuando la Gracia de Dios reine en nuestra vida. Estamos cubiertos con seguridad porque estamos cubiertos con la Gracia de Dios, y los resultados serán la oportunidad de seguir con los brazos abiertos abrazando su libertad.
 
Recuerda: Cuando abrazamos la libertad de la Gracia de Dios, el pecado no nos domina ni se adueña de nuestro destino. La gracia dirige nuestro enfoque hacia quién es Dios y lo que Él ha hecho por nosotros, en lugar de enfocarnos en nosotros mismos.
  
Lee, reflexiona y actúa de acuerdo a:

Romanos 6:14

Juan 8:1-1

 
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