Aún si no nos sintiéramos mal por el pasado o preocupados por el futuro, solemos desperdiciar el momento presente. Lo hacemos al postergar lo que sí debemos de hacer en el aquí y el ahora.
Cuantas veces posponemos lo que en este momento sabemos que deberíamos estar haciendo. Algo en el fondo nos dice: "Hazlo ahora". Sin embargo nos dejamos llevar por la desidia, la flojera o el temor a fracasar.
Cada 31 de diciembre hacemos planes: bajar de peso, cuidar de nuestra salud, administrar mejor nuestros medios económicos, dejar los malos hábitos, mejorar nuestras relaciones, etc. Para que después de un tiempo corto, todos esos planes se hayan desbaratado por la desidia o por la flojera.
Al pasar el tiempo nos damos cuenta, tal vez no de que sea demasiado tarde sino, de que cada vez es más el esfuerzo que se necesita para hacer aquello que a su tiempo hubiera sido fácil. Pareciera que tenemos toda la vida para hacer las cosas, pero en realidad cada cosa tiene su propio tiempo, su momento adecuado.

A continuación te tenemos un pensamiento que sentimos expresa perfectamente la pérdida de tiempo: "TIEMPO" de Alfonso Junco.
"Perder tiempo es perder vida; es un suicidio parcial que se consume poco a poco.
El tiempo es un extraño ladrón, se lleva y roba nuestros momentos cuando ellos son ociosos y vacíos; vale decir: nos roba nuestra miseria y nos deja miserables.
Pero si en nuestros minutos ponemos toda la riqueza espiritual de nuestro esfuerzo, la riqueza es nuestra, y el tiempo no se la puede llevar; él se va y nos deja opulentos.
Sujeta, pues, y haz tuyo el instante que pasa, llenándolo de bondad, de estudio, de ensueño. Y que tu dulce abnegación por el bien de los otros, tu vigoroso ahínco por la propia perfección, tu caminar perenne por los mundos de la belleza, vaya siempre bajo una íntima palpitación de amor divino. Así harás una alquimia inaudita: Sacar eternidad del instante fugaz".
¿Por qué no entonces aprovechar el momento? Siempre será de mayor beneficio el actuar en el momento oportuno. Y nosotros sabemos bien cuando es ese momento, sólo que no hacemos caso de lo que nos dice nuestro Ser Interior.
Sabemos que a la larga será peor; más esfuerzo, más laborioso, más difícil, más costoso, etc. Los problemas a resolver no se van a ir por sí solos, no van a desaparecer por arte de magia. Seguirán ahí asechándonos.
Ya sea una tarea a realizar, una disculpa que dar o pedir perdón, sanar una relación, cuidar de nuestra salud, actuemos ahorita antes de que sea demasiado tarde. De todas maneras, no nos deshacemos del estrés que nos causa demorar lo inevitable, perjudicando nuestra salud. ¡Hazlo, aquí y ahora!