En la Biblia se nos dice que si tuviéramos fe del tamaño de un grano de mostaza nada nos sería imposible (Mateo 17:20). Decir que tenemos fe en algo implica que para nosotros ese algo es y punto. Si decimos que no tenemos fe implica que ese algo no es. No puede ser poquita o mucha fe.
Si queremos determinar que tanta fe tenemos o no, debemos de analizar cada una de nuestras creencias aisladamente. Si las checamos una a una, nos daremos cuenta de que hay muchas cosas en las que creemos totalmente, sin lugar a dudas; eso es fe y en las que cabe la duda; no es fe.

He aquí lo que nos dice el diccionario:
- "Fe"; Confianza en las afirmaciones de otro; Una luz y conocimiento sobrenatural con que, sin ver, se cree lo que Dios dice y la Iglesia propone.
- "Creer"; Tener por cierta una cosa que el entendimiento no alcanza o que no está comprobada o demostrada.
Es fácil creer en aquello que podemos palpar con cualquiera de nuestros sentidos, aquello que podemos ver, tocar, oler, oír o sentir. Pero no así cuando tiene que ser con el corazón y no con nuestros sentidos. Así, las cosas en que creemos completa y absolutamente, en esas tenemos fe, son conocimiento, pero si necesitamos pruebas o la demostración palpable, entonces eso no es fe.
Hagamos un inventario de aquellas cosas en las que creemos completa y absolutamente, sin duda alguna y de ahí podremos determinar que tanta fe tenemos (conocimiento) o no. A partir de este inventario trabajemos para agrandar nuestra fe. Mientras más cosas, más grande es nuestra fe.
Creer en lo que aún no existe requiere de verdadera fe, del tamaño de un grano de mostaza. Es la fe de Dios. Cuando tenemos la fe de Dios, todos nuestros deseos, todas nuestras aspiraciones se nos cumplen. Apoyándonos en todo lo que se nos ha cumplido podremos tener confianza en que Dios ha de concedernos todo aquello que deseamos y afirmamos con plena confianza - fe.
Con la Fe de Dios lograremos lo que sea que nos propongamos, ya sea sanar el cuerpo físico, perdonar algún agravio, mejorar alguna relación o lograr nuestros sueños y aspiraciones. En el lado opuesto de la Fe está el temor. Y cuando decimos que tenemos Fe o que creemos; ¿Qué dudas nos embargan? ¿Qué tanto realmente se inclina la balanza hacía el temor en lugar de hacía la Fe?
"Llegó el miedo y tocó a la puerta. Salió a abrir la Fe y no había nadie"; anónimo.
Porque cuando es una Fe como la hemos descrito, o sea, un saber, un conocimiento, entonces no hay duda, no hay temor, hay certeza. Es nuestra Fe o la falta de ella lo que determina el resultado de nuestras oraciones. Si estamos orando pero en el fondo estamos temerosos, angustiados o preocupados, es como si oráramos al revés. Es decir, atraemos aquello que más tememos.
Dejemos de orar en forma de súplica y oremos afirmativamente, con plena confianza, verdadera fe.