¿Tienes alguna preocupación en este momento? ¿...algo que te agobie, te angustie, que te tenga inquieto o con temor? Si tu respuesta es afirmativa, entonces la siguiente pregunta para ti es la siguiente: ¿Dónde está tu fe?

Se habla también de "Fe absoluta". ¿Queriendo decir qué? ¿Qué puede haber fe que no es absoluta, que puede ser fe a medias? NO... La fe, o se tiene (absoluta) o no se tiene, no hay de otra. Así como una mujer no puede estar medio embarazada, la fe tampoco puede ser a medias, o como decimos a veces; "Tengo mucha fe...". A la fe no se le puede partir en pedacitos o tener de diferentes tamaños.
Cuando decimos que tenemos mucha fe, lo que estamos diciendo es que tenemos una gran esperanza, mas no una certeza, una confianza absoluta. "Esperanza" es otra palabra con una connotación equivocada. Esperanza, de acuerdo al diccionario: "Confianza en lograr una cosa o que ocurra algo deseado; esperar sin fundamento algo que se desea". La definición no implica incertidumbre.
"Es pues la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve"; Hebreos 11:1 La clave está en las palabras "...lo que no se ve". Es fácil creer en algo cuando lo palpamos con nuestros sentidos. Aquello que podemos tocar, ver, oír, sentir... nos es fácil creer en ello, aceptar que existe. No así para lo que nuestros sentidos no pueden apreciar o percibir.
Cuando hay una confianza absoluta (Fe), una esperanza real, no hay duda, no hay incertidumbre. Ya no se trata de si creemos o no, simplemente "sabemos". No es que tengamos una creencia, sino que tenemos un conocimiento. Cuando conoces, es que sabes. Nuestra fe en Dios y sus designios nos ha de otorgar la paz, la confianza en que todo está bien, que no hay porque angustiarse, abrumarse.
La angustia, la preocupación, el temor, lo único que nos propician es que se dé eso que tememos, lo que nos preocupa, lo que nos causa angustia. Porque de otra manera estaríamos tranquilos, en paz, llenos de amor y de felicidad. Trabajemos pues en definir cómo nos sentimos, y desarrollar una confianza, fe, esperanza absolutas de que todo está bien, que todo se ha de resolver para nuestro mayor bienestar.
Es en los momentos que parecen más difíciles que debemos de hacer lo necesario para ubicarnos de lado de la fe, de tener confianza absoluta en Dios, en nuestros semejantes y en nosotros mismos. Es así como se disipan nuestras preocupaciones, angustias, temores. En hora buena.