Trata de visualizar en la pantalla de tu mente tu vida dentro de cinco años. ¿Qué es lo que más anhelas estar haciendo? ¿Cómo te gustaría estar viviendo? ¿Con quién te gustaría estar? Para poder lograr todo eso, tienes que establecer metas.

Aquí estamos hablando de establecer metas y "cumplirlas". Para que eso se dé, éstas tienen que tener ciertas características. Tienen que ser creíbles, alcanzables, mensurables, y deben implicar un reto.
Para ilustrar cada una de las características vamos a utilizar un ejemplo. Vamos a suponer que una persona está excedida de peso por 15 kilos. Esta persona no sólo se ve afectada estéticamente, sino que también le afecta en su salud. Con sólo decir: "Quiero bajar de peso", no existe ninguna meta a lograr.
Creíble: "Voy a bajar 15 kilos poniéndome a dieta durante dos semanas". No es creíble porque estamos hablando de bajar un kilo por día lo cual sería desastroso para la salud y en caso de lograrlo vendría el rebote y hasta con más peso. Para ser creíble tiene que ser en un plazo más razonable.
Alcanzable: "Voy a bajar 15 kilos de peso en un año". Así ya es creíble, pero además es alcanzable y razonable sin detrimento para la salud. Con un buen plan de dieta y ejercicio moderado, se puede lograr con perseverancia.
Mensurable: Al estar estableciendo cuántos kilos y en qué tiempo, ya podemos medir el progreso a intervalos. Se puede uno pesar cada semana y ver el avance logrado. Si no se mide el avance, al año puede uno estar lejos de lograr la meta. Midiendo los avances periódicamente, se puede ajustar el plan.
Implicar un reto: Quince kilos en un año implica un poco más de un kilo al mes, lo que resulta en un reto razonable, mismo que se puede ajustar. ¿Y qué si tal vez se logra en un año y medio? Sigue siendo un tiempo razonable. Cuántas personas se pasan años y años en dietas sólo para recuperar el peso y tal vez más, casi de inmediato.
Si se establecen metas ambiguas sin un cuánto y un cuándo, es poco menos que imposible lograrlas. De igual manera, si establecen metas demasiado ambiciosas sin un buen plan, éstas están destinadas a fracasar. Un reto inasequible nos da la excusa perfecta para no lograrlo y compadecernos porque era... "muy difícil".
Las metas deben ser algo que nos inspira, que nos entusiasma, que nos anima. Al ser creíbles, saber que son alcanzables y que implican un reto, esto nos impulsa a perseverar. Mientras más fuerte sea nuestra visualización (imagen + emoción = sentimiento) de la meta ya cumplida, más nos sentiremos motivados para alcanzarla. Medir nuestro avance nos anima aún más.
Recuerda que tienes un potencial latente y que puedes lograr todo lo que te propongas. Por muy grande que sea tu meta, divídela en partes más pequeñas y podrás ver que es alcanzable. Con fe en Dios, en ti y en tus semejantes, puedes lograr todas tus aspiraciones.