Como decíamos en el boletín anterior, los cambios se van a dar, queramos o no. Más vale que seamos nosotros los que elijamos el rumbo a donde nos han de llevar esos cambios, y no al contrario, que vayamos dando tumbos y saltos por la vida.
Cuando retomamos el rumbo de nuestros sueños, de eso que siempre quisimos hacer, nuestra vida comienza a tomar un vigoroso sentido. Nos sentimos con más ánimo, nos levantamos cada día con la esperanza de nuevas y mejores cosas.
Es decir, Dios nos ha dado una misión en esta vida, y en su infinita sabiduría, ha sembrado la semilla en nuestra mente como un deseo, como un anhelo que nos da rumbo en la vida. Debemos confiar en esa semilla, en nuestra intuición.
Pero mientras no nos demos a la tarea de escudriñar nuestro interior, nuestro sentir más profundo, no podremos saber hacía donde dirigirnos. Una vez que a través de la meditación buscamos, encontraremos esa misión que le da sentido a todo.
A partir de ese momento, con Fe, daremos la bienvenida a esos cambios que se dan en nuestro deambular por la vida, confiados en que nos llevarán a través de situaciones que nos irán dando el conocimiento y la experiencia necesaria para cumplir nuestro propósito.
Así que debemos abrigar los cambios con una expectativa positiva, de que lo que venga será beneficioso para nosotros. No siempre lo que queremos, tal y como lo queremos es lo que más nos conviene. ¡Dios sabe qué es lo que más nos conviene y Él se encarga del cómo!
Comenzar a creer, a tener fe en nosotros mismos, en nuestros semejantes, en la vida, en nuestra misión (nuestros sueños), es de la máxima importancia y prioridad. Al enfocar nuestros pensamientos, en nuestra misión, somos nosotros los que hacemos que se den los cambios, nosotros marcamos el rumbo.
Al poner toda nuestra atención en nuestra intención (propósito) las cosas se van dando como por arte de magia, los cambios se disfrutan, se viven plenamente, como una lección o una experiencia más que nos lleva por el camino adecuado.
Luego entonces, no debemos de preocuparnos (estrés) por lo que el futuro nos depara, ocupémonos de aprovechar cada instante, de disfrutar la vida sabiendo que todo está bien bajo el sol. Que de verdad Dios cuida de nosotros. Está en nosotros.