Cuando hemos logrado cierta estabilidad, en cualquier aspecto de nuestras vidas, quisiéramos que las cosas se mantuvieran tal como están. Aun cuando la situación que se está viviendo no es la que queríamos o totalmente satisfactoria.
Esto viene como resultado de los embates o experiencias amargas que se dan en nuestras vidas. Debido a éstas, nos da temor intentar cosas nuevas o probar otros caminos, otras formas de hacer las cosas, romper con el pasado o relaciones dañinas. Cambiamos una vida estable por lo que podría ser una vida plena.
No es de extrañar que nos sintamos cómodos en nuestra situación actual, aunque ésta no sea plenamente satisfactoria. Nos gusta lo conocido, las cosas que nos son familiares y dejamos pasar oportunidades de cosas mejores.
Cuando se nos han presentado nuevas oportunidades elegimos dejarlas pasar por temor a lo desconocido. Puede ser un nuevo trabajo, un negocio diferente, una nueva relación o nuevas maneras de hacer las cosas.
Hay personas a las que les puedes preguntar que por qué hacen de tal o cual manera algo y te contestan: "Porque así se ha hecho siempre". Ésta no es una razón para hacer algo. Tiene que haber una razón válida.
Se dice que había una señora que siempre, al hornear un pavo, le cortaba el extremo de la cola. Su hija le preguntó que por qué lo hacía. Y le contestó: "Así lo hacía tu abuela". La niña seguía intrigada y la mamá queriendo aclararle el por qué a su hija, llamo a su mamá (la abuela) para preguntarle. Ella respondió: "Mi cacerola era un poco más chica de lo normal y cortando un pedazo al pavo lo hacía caber".
Cuando empiezas a preguntarte por qué haces algo, te das cuenta de que no siempre hay una razón válida. Esto es por demás importante cuando en tu interior sientes que debes hacer cambios en tu vida y por temor no te arriesgas.
La gran mayoría de las veces aquello que tememos sólo son conjeturas nuestras sin ninguna base sólida para ese temor. Solemos decir: "Y si pasa esto o pasa lo otro, etc.". Y normalmente estas conjeturas son negativas.
Llega un momento en que hacemos a un lado nuestros sueños, aquello que siempre quisimos. Nos conformamos con seguir adelante sobrellevando la vida, en el día con día, sin ser realmente felices llevando una vida plena, llena de satisfacciones. A la pregunta: ¿Cómo te va?, respondemos; "Ahí la llevo".