 | | Amor Incondicional |
Mensaje de la semana:
"El AMOR" Hablando del amor, algo que llega a causar ciertas dudas de cómo aplicarlo es la cuestión del Amor Incondicional. Esto es, que se nos dice que amemos a nuestros semejantes, a todos. Jesús decía: "Ámense los unos a los otros". Es fácil entender el amor a la pareja. El cariño a los familiares o el afecto a los amigos también nos es fácil de entender. La mayor duda surge al pensar en personas que nos han agraviado, según nosotros. Llegamos a pensar que basta con perdonarlos, pero que ¿cómo es posible que además los amemos? Ahora bien, ¿qué tal con extraños? En el caso de extraños con los que uno se topa, no sentimos nada malo hacía ellos, tal vez compasión, comprensión, empatía, pero ¿Amarlos? Empieza a haber algo de claridad cuando se dice que el amor hacía los demás implica tolerancia y buena voluntad. Sin embargo, aún no está claro del todo, ya que se habla de amor incondicional. El amor de una madre es lo que más se asemeja a este amor incondicional. La madre acepta incondicionalmente a sus hijos, pero ese sentimiento no necesariamente se extiende a los demás. Jesús es el ejemplo claro y sin lugar a dudas de lo que es el amor incondicional a nuestros semejantes. Él no condenaba, no juzgaba. Cuando nuestra atención se fija en los errores, fallas o defectos de los demás, es ver la paja en el ojo ajeno, los estamos juzgando, los estamos criticando. Estamos diciendo; "Yo estoy bien y tú estás mal." Si viéramos a un bebé que está aprendiendo a caminar, no lo criticaríamos por sus pasos torpes e inseguros. Si se cayera, no pensaríamos nada negativo, acudiríamos a levantarlo. Le brindaríamos apoyo y consuelo. Pues todos somos como bebés en esta experiencia llamada vida. Amor incondicional vendría a ser entonces total aceptación de los demás, con sus fallas, errores y defectos, sin juzgarlos, sin criticarlos, tenerles tolerancia y buena voluntad, viendo sólo lo bueno en ellos. Sin embargo, a la primera persona que debemos amar incondicionalmente es a nosotros mismos, ya que de otra manera, no podemos dar lo que no tenemos. HISTORIAS QUE INSPIRAN Un profesor universitario mandó a su clase de sociología a visitar los barrios pobres de Baltimore para averiguar los antecedentes de 200 niños. Se pidió a los estudiantes que escribieran una evaluación del futuro de cada uno. En todos los casos escribieron: "No tiene esperanzas." Veinticinco años después, otro profesor de sociología se topó con el estudio anterior. Hizo que sus estudiantes investigaran sobre el proyecto para ver qué había ocurrido con estos niños. Los estudiantes se enteraron de que con excepción de 20 que se habían mudado de ahí o habían muerto, 176 de los 180 niños restantes habían alcanzado un éxito mayor de lo ordinario como abogados, doctores y hombres de negocios. El profesor se quedó pasmado y decidió ir más lejos con el asunto. Afortunadamente, todos los hombres estaban en el área y pudo preguntar a cada uno: "¿Cómo te explicas tu éxito?". En cada caso la respuesta fue dicha con emoción: "Hubo una maestra." La maestra aún vivía, así que la buscó y le preguntó a la mujer, vieja pero aún alerta, qué fórmula mágica había usado para sacar a estos niños de los barrios pobres y conducirlos a una realización exitosa. Los ojos de la maestra destellaron y sus labios prorrumpieron en una amable sonrisa. "En realidad es muy simple", dijo, "yo amaba a esos niños". Eric Butterworth, como apareció en "Caldo de Pollo Para el Alma". |