 RECUERDA TU ESENCIA Esta mañana; ¿Cómo te levantaste?, ¿Optimista, alegre, lleno de vigor, con mucho ánimo, dispuesto a todo, confiando en Dios, en ti y en tus semejantes?, ¿Listo para vivir el día plenamente y disfrutar de todo?, ¿Lleno de amor para todo y todos? Y ante todo, ¿Con el conocimiento de que todo, absolutamente TODO ESTÁ BIEN? O por el contrario, te levantaste con algún pendiente o angustia; ¿Con algún dolor en el cuerpo o en el alma?, ¿Triste o incluso con depresión?, ¿Con alguna preocupación muy grande?, ¿Temeroso de que algo malo pudiera suceder el día de hoy?, ¿Desconfiando de los demás, de ti, y por tanto de Dios? La realidad es que podemos encontrarnos en algún punto entre los dos extremos y dependiendo de nuestra situación, sentir que no hay fondo para sentirnos mal, o que no hay tope para sentirnos bien. ¿Hacia qué lado te gustaría estar? La buena nueva es que no importa dónde te encuentres, siempre podrás encaminarte hacia el lado positivo. ¿Quién estando en el fondo no tomaría el siguiente paso para salir de él? Lo que sucede es que nos llenamos de dudas, desconfiamos, nos asaltan los temores. Se nos olvida nuestra ESENCIA. Sabemos que somos obra de Dios, que Él nos hizo a su imagen y semejanza. La esencia de Dios está en nosotros. ¿Pero qué significa eso? Decía mi maestra y tutora Rebeka Piña, que si observáramos el mar en toda su magnitud y tomáramos una gota, esa diminuta gota tendría la misma esencia que el resto del inmenso mar. Cuando hablamos de Dios, ¿Quién duda que Él sea todo amor, paz, armonía y felicidad, total plenitud? Luego entonces, ¿No es lógico que nosotros también seamos, amor, paz, armonía y felicidad, total plenitud? ¿Se nos olvida nuestra esencia o simplemente no creemos, o pensamos que no merecemos? Por el simple hecho de habernos creado, A SU IMAGEN Y SEMEJANZA, hay en nosotros el potencial de amor, paz, armonía y felicidad. ¿Qué padre no quiere lo mejor para sus hijos? ¿Qué padre no le da sus hijos lo mejor de sí? Lo único y más importante es que Dios, o cualquier padre, sabe y deja que sean sus hijos mismos los que han de dar los pasos necesarios para vivir plenamente. Dios, así como nuestros padres, no pueden vivir por nosotros. Nosotros somos los que haciendo uso del legado que hemos recibido, debemos vivir en plenitud. Las herramientas están ahí; la oración científica, la meditación, el pensamiento positivo, las afirmaciones, las visualizaciones, etc. Todo ello para reafirmar nuestro lugar privilegiado en este Universo. Somos los herederos de todo lo mejor que la vida puede dar. Pero sólo nos va a dar, ni más ni menos, lo que le demos a ella. Si sabemos que todo lo mejor está ahí, esperando a que lo recibamos, pues entonces hagamos lo necesario. Esto es, sin importar las circunstancias que estemos viviendo, en nosotros está le elección de cómo sentirnos. Elijamos sentirnos llenos de amor, sabiendo que Dios es amor, y que a la primera persona a quien debemos dar amor, es a nosotros mismos, y de ahí derramar amor hacia los demás. Reflexionemos en que la paz de Dios ya está en nosotros, sólo debemos permitirnos experimentarla viviendo el momento presente, haciendo a un lado los resentimientos, rencores y amarguras del pasado. Acallemos nuestras angustias por el futuro que aún no llega, sabiendo que éste se ha de encargar de sí mismo, en la medida que hagamos lo mejor del presente. Al vivir al máximo el presente, sabemos que podemos esperar lo mejor del futuro. Todo en el Universo es armonía. Desde la partícula más infinitesimal, hasta lo más inmenso del Universo. Nosotros somos parte integral de ese Universo y por lo tanto nos corresponde vivir en armonía, con todo y con todos. Dios nos creó para ser felices, la felicidad ya está dada. No estamos aquí para sufrir, todo son experiencias, aprendizaje para conocer cuál es el camino. Aprovechemos las lecciones en lugar de sufrirlas. Seamos felices. Somos hijos de Dios, somos la gota de ese infinito mar, que aunque diminuta, es de la misma esencia; amor, paz, armonía y felicidad. En la medida en que reconocemos esto, en esa medida hemos de vivir nuestra esencia.
|