|
TOMANDO ACCIÓN
EL PODER DE LA INTENCIÓN
Nuestra intención crea nuestra realidad. Esto es; primero se da un pensamiento, éste a su vez genera automáticamente una imagen. Así, el pensamiento y la imagen nos causan una emoción dando como resultado un sentimiento, sea éste agradable o desagradable, según el pensamiento original que tuvimos.
Es ese sentimiento que, si lo mantenemos constante, generará la intención que vendrá cargada de energía (poder) para atraernos del Universo las alternativas de acción, recursos, contactos y circunstancias para que se dé el objeto de nuestra intención; Por lo tanto, es imperativo poner ATENCIÓN a nuestra INTENCIÓN.
Se requiere que estemos por demás conscientemente atentos, a las causas (pensamientos) que originan nuestras acciones. Debemos de preguntarnos: ¿Qué tipo de pensamiento está ocasionando que yo tome tal o cual acción? ¿Por qué me estoy comportando de tal o cual manera? ¿Cuál es mi intención?
¿Es mi intención el bienestar mío Y de mis seres queridos? ¿Es mi objetivo lograr una mejor calidad de vida para mí y para los míos? ¿O acaso estoy dando cabida a sentimientos de tristeza o depresión, de pesadumbres, de incertidumbre, o de ira, de rencor?
¿Acaso estoy contemplando la venganza o el mal para otros? ¿Espero lo malo o lo negativo para mí y para mis seres queridos? La reflexión debe ser constante hasta llegar a un punto en que nuestra intención sea siempre positiva, hacia lo bueno, lo bello de nuestras aspiraciones, deseos y sueños que el Universo nos ofrece, sin medida y tan sólo espera nuestra firme decisión, nuestra INTENCIÓN.
Debemos de reflexionar sobre nuestras tendencias de pensamiento. ¿Son éstas orientadas a pensar en aquello que no queremos y por lo tanto definen nuestra intención a lo negativo? Si nuestra tendencia es pensar en las cosas que sí queremos, entonces nuestra intención se define hacia lo bueno, lo bello, lo positivo.
Pongamos atención a nuestra intención y que ésta sea hacia la vida que soñamos. La intención es poderosa, siempre y cuando ésta sea constante y en dirección de aquello que anhelamos, de la vida que queremos para nosotros y para nuestros seres queridos. Pero tenemos que saber exactamente qué queremos que nos dé la vida y ella (el Universo) nos proporcionará todo lo que podamos concebir y creer.
Si nosotros mismos no sabemos qué es lo que queremos, estaremos a la deriva tocando puertos que no queremos. Es decir, viviendo lo que predomine en nuestra forma de pensar. Con atención a nuestra intención, llegaremos al puerto deseado, de ello no nos quepa duda. De hecho, Dios nos ha dado todo, sólo es necesario que decidamos qué tomar y creer que es posible, con verdadera fe.
|