
En esta época cuando nos preocupamos por dar regalos a todos nuestros seres queridos; familiares, amigos, vecinos, etc., debemos preguntarnos qué es lo que nos lleva a dar regalos. ¿Sólo en Navidad porque así se acostumbra, o cuando alguien cumple años, o cuando se celebra algún evento o aniversario?
Hay veces que damos regalos insulsos, sin ningún valor real y no nos referimos al aspecto monetario, sino al hecho de que no sabemos si a la persona le hace falta, si será de su agrado, si es algo que de verdad le ha de servir. Es sólo para salir del paso, para cumplir el compromiso, para no quedar mal.
No tiene nada de malo dar regalos en cualquier época o fecha del año. Lo que sí es importante es la razón por la cual damos regalos: ¿Por quedar bien, o porque es la costumbre?, ¿Porque todos los demás lo hacen? ¿Porque es mi jefe, o me conviene, o porque espero algo a cambio? ¿Es importante que sepan que fui yo?
Cuando damos desde el corazón, con un verdadero deseo de servir, no necesitamos ninguna fecha especial para dar, lo podemos hacer siempre, en cualquier momento. Y algo que podemos dar y no cuesta nada, es amor - Amor incondicional. Esto implica que no esperamos nada a cambio.
La persona puede no ser como quisiéramos que fuera, o percibimos que tiene defectos, pero no nos importa, ni queremos cambiar a la persona. Simplemente le damos amor incondicional; o sea, tolerancia y buena voluntad. Le deseamos lo mejor sin imponer condiciones, deseamos con sinceridad que le vaya bien.
En ocasiones sólo basta con un gesto amable, una palabra cariñosa, una caricia sincera. En otras implica perdonar a quien sentimos que nos ofendió. El verdadero regalo es el amor que emana de nuestros corazones y que no espera nada a cambio. El dar amor incondicional es un acto sencillo, puro y lleno de grandeza.