"TENER FE"
De acuerdo al diccionario: Fe - es la confianza en las afirmaciones de otro; Una
luz y conocimiento sobrenatural con que, sin ver, se cree lo que Dios dice y la
Iglesia propone.
Confianza en algo que no necesita ser confirmado por la experiencia o por la
razón, o no está demostrado científicamente.
Sin
embargo, cuando hablamos de Fe, lo hacemos ambiguamente. Es decir, no siempre
estamos seguros de que lo que esperamos se manifieste y decimos que tenemos Fe,
cuando que lo que realmente tenemos es una gran esperanza.
"Tengo
Fe en que se va a aliviar"; "Tengo Fe en que Dios me va a conceder lo que
pedí"; "Tengo mucha Fe en que las cosas van a mejorar"; "Yo tengo mucha Fe en
Dios"; "Mi Fe es la que me saca de apuros".
¿Qué
tanto de lo que hablamos de Fe es una certeza, un conocimiento y no una gran
esperanza? Esperanza es otra palabra, junto con la palabra Fe, a la que se le
ha dado una connotación menos clara y menos precisa.
Muchas
personas hablan de Fe y lo que realmente quieren decir es que creen en Dios y
esperan que Él les conceda lo que piden en sus plegarias. No hay una completa
seguridad en que obtengamos lo que hemos suplicado en oración.
Si nos
apegáramos a la definición del diccionario, no necesitaríamos ninguna prueba
visual o física para saber que obtendremos lo que hemos pedido a través de la
oración. Nos cuesta mucho trabajo creer en lo que no podemos ver con nuestros
propios ojos, tocar con nuestras manos, palpar con cualquiera de nuestros
sentidos.
Tal vez
por la crianza que tuvimos, hemos llegado a creer plenamente en la existencia
de un Ser superior, llámese Dios, Espíritu, Inteligencia Universal o como lo
entendamos. Entendemos que es Omnipotente, Omnisapiente y Omnipresente.
Si no
dudamos de Dios, del Todopoderoso, ¿Por qué entonces dudamos de que como un
Padre amoroso nos otorgue lo que pedimos en oración? "Pues si ustedes que yerran saben
dar buenas dádivas a sus hijos, el Padre Celestial, que es perfecto, ¿no les
dará buenas cosas a los que le piden?" Mateo 7:11.
Hemos
llegado a sustituir las palabras Fe y esperanza por la experiencia directa de
ver, escuchar, oler y oír, saborear, tocar y sentir. Cuando esto no se da a
nuestros sentidos, ahí es donde entra la duda, la inseguridad, el temor, la
incredulidad.
Necesitamos
volver a ubicarnos en que la verdadera Fe, es cuando a pesar de que no palpamos
con ninguno de nuestros sentidos físicos, mantenemos la confianza. Cuando a
pesar de las circunstancias que estamos viviendo tenemos verdadera Fe.
Luego
entonces, cuando hay Fe, no hay dudas, inseguridades, temores, incredulidad.
Sabemos que todo está bien bajo el sol. Que nada malo nos puede pasar, que Dios
cuida de nosotros y siempre nos procura nuestro mayor bien.