
Ante
una situación de peligro nuestro organismo genera substancias químicas que nos
sirven para estar alertas y en dado caso fugarse o entrar de lleno a la pelea.
En el caso de nuestros ancestros primitivos era cuestión de vida o muerte.
Una vez
que la tensión se libera al desaparecer el peligro, ya se aprovecharon las
sustancias químicas generadas por el organismo. Eso es lo que normalmente debe
de suceder, pero no es ése el caso hoy en día.
Hoy en
día nuestro organismo reacciona igual, aunque en la mayoría de los casos son
temores infundados. Al estar siempre temiendo lo malo nos mantenemos en un
estado permanente de alerta liberando estas substancias químicas que al no
aprovecharse se van acumulando y le van causando daño al organismo.
La
presión sanguínea o el sistema digestivo sufren alteraciones o ambos se ven
afectados, además de otras partes del cuerpo. Con el tiempo, poco a poco, vamos
sucumbiendo hasta llegar a tener problemas serios de salud, tales como un
infarto o una ulcera, incluso hasta la muerte.
La
solución está en cambiar nuestro enfoque. Es decir, en lugar de estar siempre
temiendo lo malo, debemos enfocarnos en las alternativas de solución y
desarrollar un plan específico de acción. Después, como ya dijimos, confiar en
nosotros mismos, en los demás y en Dios. Debemos tener Fe.
Es
necesario apartar un tiempo para meditar sobre aquello que nos está causando
preocupación y analizarlo detenidamente y encontrar cuáles serían las probables
consecuencias reales y no las imaginarias. Después de ello elaborar un plan de
acción y elegir de entre las posibles alternativas.
Al
escoger, nuestro Ser interior nos orienta sobre la mejor alternativa. Hagámosle
caso a nuestra intuición y sigamos adelante con el plan que más no late. Esta expresión habla del corazón. ¿Qué nos
dice el corazón?
Una vez
que hemos decidido es cuestión de mantener nuestra imaginación enfocada en el
resultado deseado. ¿Qué estaría sucediendo al haber logrado los resultados
deseados? ¿Cuáles serían nuestras emociones al ver cumplido nuestro deseo?
Viviendo
cada momento apasionadamente en propósito, viviremos plena y felizmente en el
presente, en este preciso momento. ¡No hay más!
En
lugar de preocuparse, ¡ocuparse! Se feliz aquí y ahora.