
Si te pones a analizar, el consciente es la parte de tu mente con
la que percibes a través de todos tus sentidos; olores, sabores, el sonido,
sensaciones y lo que puedes ver. Por el otro lado está lo que llamamos la mente
inconsciente o subconsciente. Ahí radica nuestra verdadera forma de ser, nuestra
esencia.
Hay demasiadas funciones en nuestro
organismo que se manejan por el subconsciente, tales como: respirar, el latir
de nuestro corazón y todas las demás funciones fisiológicas que él maneja. Así
también, en el subconsciente se alojan todos aquellos pensamientos de la mente
consciente que hemos interiorizado.
Lo importante a tomar en cuenta aquí es que
son los pensamientos arraigados en el subconsciente los que atraen a nuestras
vidas las circunstancias que vivimos. Hay que modificar nuestros pensamientos
conscientes para filtrar lo que dejamos pasar al inconsciente, pero además,
debemos de hacer algo con lo que ya está ahí.
Esto explica como es que si a nivel consciente queremos una mejor calidad
de vida, las circunstancias que estamos vivenciando, son todo lo contrario. Si
en el subconsciente está grabado que la vida es un eterno martirio, que todo es
un eterno luchar, que todo es carencia y que no merecemos algo mejor, eso mismo
se dará.
Se requiere de un verdadero esfuerzo y de
forma constante para desarraigar los pensamientos negativos que ya no queremos
albergar en la mente subconsciente. No basta que a nivel consciente ya estemos
pensando positivamente, que hagamos tratamientos y afirmaciones, que meditemos
y estemos esperando lo mejor.
Había una amiga que nos decía que ya le
había caído el veinte. Una expresión relacionada con los teléfonos públicos antiguos
que requerían una moneda de veinte centavos para poder hablar por teléfono. Eso
significaba que ya había entendido algo. Y continuaba diciendo que todavía no
le daba tono.
Ella se refería a que aunque a nivel
consciente ya había aceptado algo; es decir, ya lo había comprendido y ya lo
había intelectualizado, aún no lo había interiorizado. Es
decir, no lo había grabado en la mente subconsciente y es a través de ésta que
nos comunicamos con la mente Universal, con el Ser Supremos, con Dios.
En el subconsciente se encuentra todo
aquello que heredamos de nuestros padres y lo que fuimos aprendiendo hasta
convertirlo en creencias buenas o malas, positivas o negativas, pero que a la
larga definen nuestro carácter, nuestra forma de ser y actitudes. Con eso
trabaja la mente Universal para darnos... lo que somos.
Es así como paulatinamente fuimos creando
lo que es nuestra verdadera esencia y eso es lo que atrae a nuestra vida, como
un imán, todo lo que estamos viviendo; bueno o malo, positivo o negativo y por
lo tanto, lo que merecemos. La buena nueva es que sí podemos cambiar nuestra
mente subconsciente.