
Cuando las circunstancias que estamos
viviendo no son nada halagüeñas es muy difícil aceptar que nosotros hemos
creado dichas circunstancias;
"¿Cómo,
pero si yo no pedí pasar por esta situación tan amarga, tan difícil, tan deprimente? Yo no hice nada para merecer esto, siempre estoy preocupándome por hacer lo mejor
para mi familia y para mí. Yo no quiero vivir en la carencia y me preocupo por el bienestar y
salud de mis seres queridos y míos."
¿Suena familiar? ¿Te has sentido en
situaciones tan abrumadoras y que no importa cuánto te esfuerces éstas no
cambian o incluso empeoran? ¿Te has preguntado qué has hecho mal, qué más
necesitas hacer, qué camino tomar? No estás a solas.
Hay demasiadas personas que se hacen las
mismas preguntas, que se sienten estancadas o cada vez en peores
circunstancias. Hay personas que incluso hacen el esfuerzo de pensar positivamente,
hacen afirmaciones y tratamientos, así como meditaciones todos los días. Pero
aún así, las mismas preguntas prevalecen.
En el párrafo dos más arriba, hemos
resaltado y subrayado dos palabras: merecer
y preocuparse. Aquí
radica el problema. Si bien no creemos merecer lo malo que nos está sucediendo,
esto no necesariamente implica que sí creemos merecer lo bueno. Y la
preocupación viene a ser un obstáculo y no una solución o ayuda.
Cuando no creemos merecer lo bueno y la
preocupación por lo malo que pudiera suceder nos invade, éstas normalmente son
creencias que se encuentran arraigadas en lo más profundo de nuestro ser, en
nuestro corazón. Hemos interiorizado
estas creencias (mente subconsciente).
Por el contrario, podemos haber
intelectualizado la idea de una mejor calidad de vida, mejores finanzas,
mejores relaciones, felicidad, paz y amor. Pero el problema es que ahí se
quedan dichas creencias, a nivel intelectual (mente consciente) punto.
Nuestras verdaderas creencias,
pensamientos, se encuentran en lo más profundo de nuestro ser y vibran de tal
manera que se convierten en el imán
que nos trae más de lo mismo, de aquello que nos preocupa, aquello que tememos,
lo que precisamente no quisiéramos estar vivenciando.
Si de verdad tenemos fe, entonces no
creemos, sabemos que Dios, el Ser
Supremo, la Inteligencia Divina, el Universo, quiere lo mejor para nosotros, y
en esa confianza estaremos vibrando en las frecuencias más altas, lo cual ha de
ser el imán que atraiga más de lo
bueno, lo bello, lo mejor que la vida nos ofrece.
"Enfoca tu atención en tu intención". Si tienes la firme intención de tener una vida plena para ti y
para los tuyos, llena de amor, felicidad,
paz, armonía, abundancia, prosperidad y salud, en esa intención enfócate en todo momento, y
llegará a arraigarse en tu subconsciente y emanará vibraciones de alta
frecuencia, atrayendo condiciones de dicha a tu vida.