Más
allá de simplemente sobrevivir, nuestros ancestros aprendieron a partir de las
dificultades que acarrea el cambio. En palabras de su tiempo, hicieron lo mejor
que pudieron para decirnos lo que significa vivir en un momento tan raro en la
historia. Qué bueno que lo hicieron, ya que dichos momentos son pocos y muy
alejados entre si. Únicamente cinco generaciones han vivenciado esos cambios en
eras mundiales en los últimos 26,000 años. Nosotros seremos la sexta.
La
era actual termina en un tiempo específico, con un evento específico, en un día
que se marcó en el calendario hace más de 2,000 años. No hay ningún secreto
acerca de dicha fecha. Los mayas
que la calcularon también la grabaron como un registro permanente para las
futuras generaciones. La fecha está grabada en monumentos de piedra que se construyeron para
durar hasta el fin del tiempo.
Cuando
la fecha se traduce a nuestro familiar sistema de tiempo, el mensaje se hace
claro. Nos dice que nuestra era actual terminará en el solsticio de invierno
que se da el 21 de diciembre del año 2012. Es en esta fecha en que los
misteriosos mayas identificaron los asombrosos eventos astronómicos que
marcarán el fin de nuestra era, y lo hicieron hace más de dos milenios.
¿Qué
significa esto? ¿Qué significa en nuestras vidas hoy en día tan raro evento
astronómico?
La
verdad es que nadie sabe con seguridad. No podemos saberlo, porque nadie que
viva hoy en día tiene una experiencia directa de la última vez que sucedió algo
así. Lo que sí tenemos, sin embargo, son unos buenos indicadores de lo que
podemos esperar. Tenemos hechos. Cuando cotejamos los hechos de la ciencia
actual con la sabiduría de los registros históricos del pasado, encontramos una
historia casi más allá de la creencia. Es la historia de un viaje - nuestro
viaje - que se inició hace tanto tiempo que se ha llevado más 256 generaciones
y cinco milenios para alcanzar el final.
Ahora
que lo estamos haciendo, descubrimos que el final, de hecho es el inicio de un
nuevo viaje. Tal vez el poeta y visionario T. S. Elliot describió la ironía de que
el final sea un comienzo: "No dejaremos de explorar, y, al final de toda
nuestra exploración, arribaremos a donde empezamos y conoceremos el lugar por
primera vez".
Aún
cuando la historia de una era mundial cambiante, basada en la órbita de nuestro
planeta a través de las estrellas, puede sonar como una trama de episodio de
Star Trek, los cálculos celestes que dejaron nuestros ancestros son
sorprendentemente consistentes con los descubrimientos de hoy en día. Cuando
reunimos el conjunto, nos cuenta la misma historia. Con esa historia, de pronto
tenemos un nuevo significado para los grandes misterios de nuestro pasado, así
como claves que nos dicen que esperar a futuro.
Afortunadamente,
nuestros ancestros nos legaron todo lo que necesitamos para encarar los
desafíos de una gran era mundial. No solamente se trata de ciclos. Es nuestra
capacidad para reconocer patrones y dónde nos encontramos dentro de los ciclos.
Aunque los científicos cuánticos nos dicen que no podemos predecir un
futuro exacto, lo que sí podemos predecir son las probabilidades cíclicas para
el futuro. Esto es precisamente lo que la existencia de ciclos que se repiten
demuestra. Cada vez que un ciclo se da,
repite las condiciones generales que permiten que algo sea posible, más que un
resultado específico.