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En el 2003, mi esposo fue diagnosticado con cáncer cerebral. Los siguientes 28 meses, mientras cuidaba de él en mi ciudad natal Port Coquitlam, perdí a mi madre, mi amiga más cercana y su familia además de mi papá. Durante este tiempo devastador, necesitaba una razón, un propósito para continuar. Sabiendo que mi esposo estaba en etapa terminal, para mantenerme funcionando, hice una lista de lo que podría hacer para marcar la diferencia. Una de las cosas que pensé fue regresar a La Paz y ayudar a los perros hambrientos y con pulgas que había visto a lo largo de la carretera cuando manejamos al sur en vacaciones anteriores. Mi esposo murió en Abril del 2005. Planee regresar a México con mis 3 perros, pero increíblemente perdí a dos de cáncer espinal,--Jesse y mi Annie--antes de que pudiera hacer mi viaje al sur en Octubre del 2005.
Finalmente al llegar a La Paz y pensando que podía dejar atrás mi duelo, empecé a trabajar en mi sueño. Me acerqué al dirigente de una pequeña comunidad donde vivía en El Centenario, y le pregunté si podía ir a las escuelas y hablarles a los niños acerca del respeto a los animales, promover un programa de esterilización y castración y prevención de enfermedades contagiadas por perros enfermos. Me pareció extraño cuando me pregunto si les podía dar algo de comer, pero dije que si. Pensé que se refería a una galleta. Poco tiempo después me llevó a la escuela y anunció delante de los niños que esa era la señora que les iba a dar desayuno todos los días. Así es como empezó el primero de dos programas de desayuno para 80 niños.
Todavía determinada a ayudar a los animales, abrí una asociación civil, una caridad registrada. El papeleo fue horroroso y claro, en español. Cometí muchos errores. México, como descubrí rápidamente, opera muy diferente que Canada; ellos aman el papel.
Entonces compre una casa vieja junto a la carretera en El Centenario. Rápidamente aprendí que hay restricciones de límite de perros y que no era posible mantener el número de perros bajo ese límite. La gente lanzó perros y cachorros sobre la cerca. No podíamos mantenerlo. Los perros enfermos transmitían las enfermedades y tuvimos una infesta de pulgas. Se salió de control y supe que nos teníamos que mudar. Una pareja maravillosa de Port Moody, BC, nos donó un terreno de 3 hectáreas. Entonces empecé a construir un refugio. Fue un gran reto. En México, la construcción está dominada por los hombres. Aunque tenía muchísima experiencia en Canadá, construir en México fue un reto. A pesar de eso, el refugio fue construido. Utilicé mis propios fondos para toda la construcción y también había estado subsidiando los costos mensuales incluyendo comida, cloro, etc., pero los gastos mensuales eran lo que nos mantenía despiertos por la noche. Estábamos teniendo dificultades para pagar la electricidad, teléfono, nómina, medicinas y cuentas de veterinario.
Somos deducibles de impuestos en Estados Unidos y necesitamos encontrar la forma de serlo también en Canadá y México. Nuestros gastos son de aproximadamente $2,500 Dólares americanos y nuestras donaciones han caído a $1,100 dlls. Tenemos solamente 2-3 meses para incrementar nuestras donaciones mensuales o estaremos sin fondos. Nuestros gastos están basados en cuidar de aproximadamente 50 perros a la vez.
Desafortunadamente, hemos tenido que dejar ir algunos perros, y eso nos rompe el corazón. Estoy apelando a todos ustedes que han leído nuestros boletines y aman escuchar nuestras Happy Tails (Finales felices) de los despreciados, maltratados y hambrientos cachorros que ahora viven en hogares amorosos. Por favor considere donar mensualmente. Vaya a Paypal y permítanos seguir haciendo nuestra labor. Le garantizo que cada centavo es utilizado para el cuidado de los perros.
Una donación mensual de solo $10.00 dlls alimentará un perro de tamaño medio por un año. Atentamente, Dhorea Ryon Fundadora y Presidenta de Baja Dogs 
Este es Coco cuando llegó al refugio. Estaba muy mal alimentado y sufría de sarna. Tristemente, muchos de nuestros perros llegan en esta condición.

Se trata de Coco ahora. |