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Lectura de hoy Jueves 11 de Octubre, 2012 Santa Soledad Torres Acosta

Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo"
(Ap 3,20)

Servicio de Email diario con las lecturas del día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia Católica.

Este servicio se ofrece solamente con autorización previa del receptor.

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Sobre las Lecturas de hoy...


Primera Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los gálatas (3, 1-5)

¡Insensatos gálatas! ¿Quién los ha ofuscado para que no le hagan caso a la verdad, siendo así que les hemos presentado vivamente a Jesucristo clavado en la cruz? Sólo quiero preguntarles una cosa: ¿Han recibido el Espíritu Santo por haber hecho lo que manda la ley de Moisés o por haber creído en el Evangelio?
¿Tan insensatos son ustedes, que, habiendo comenzado movidos por el Espíritu, quieren terminar haciendo obras meramente humanas? ¿Han recibido en vano tantos favores? Espero que no.
Vamos a ver:
cuando Dios les comunica el Espíritu Santo y obra prodigios en ustedes, ¿lo hace porque ustedes han cumplido lo que manda la ley de Moisés, o porque han creído en el Evangelio?

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Lucas 1

Bendito sea el Señor, Dios de Israel.

El Señor ha hecho surgir en favor nuestro un poderoso salvador en la casa de David su siervo. Así lo había anunciado desde antiguo, por boca de sus santos profetas.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel.

Anunció que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos aborrecen, para mostrar su misericordia a nuestros padres, y acordarse de su santa alianza.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel.

El Señor juró a nuestro padre Abraham concedernos que, libres ya de nuestros enemigos, lo sirvamos sin temor, en santidad y justicia, delante de él, todos los días de nuestra vida.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel.
Jesus el Maestro
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (11, 5-13)
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"Supongan que alguno de ustedes tiene un amigo que viene a medianoche a decirle:
'Préstame, por favor, tres panes, pues un amigo mío ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle'.
Pero él le responde desde dentro: 'No me molestes. No puedo levantarme a dártelos, porque la puerta ya está cerrada y mis hijos y yo estamos acostados'. Si el otro sigue tocando, yo les aseguro que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo, por su molesta insistencia, sí se levantará y le dará cuanto necesite.
Así también les digo a ustedes:
Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá. Porque quien pide, recibe; quien busca, encuentra y al que toca, se le abre. ¿Habrá entre ustedes algún padre que, cuando su hijo le pida pan, le dé una piedra? ¿O cuando le pida pescado, le dé una víbora?¿O cuando le pida huevo, le dé un alacrán?
Pues, si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre celestial les dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?"

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Cara de Jesus
Sobre las Lecturas de Hoy...
El evangelio destaca dos valores: la fidelidad y la perseverancia. La fidelidad se manifiesta en la recepción del huésped inesperado. No importa si llega sin avisar; para la cultura del pueblo de Jesús, los deberes de hospitalidad son sagrados. Por esta razón el anfitrión se anima a importunar a su vecino para atender al amigo que ha llegado. El visitante es merecedor de todas las atenciones y el cuidado que se preste a estas obligaciones revela la calidad humana del anfitrión. La perseverancia se manifiesta en la capacidad de no dejarse vencer por los obstáculos y de mantener siempre claros los objetivos de la tarea que se ha emprendido; no importa que una persona parezca inoportuna, si las metas que se proponen obedecen a un propósito noble. - En la vida cristiana ocurre algo semejante. Jesús es nuestro huésped y llega a nosotros en la Palabra, en la eucaristía, en la persona necesitada. Para recibirlo bien, con frecuencia debemos asumir trabajos, pasar molestias e incluso importunar a otras personas, despertarlos, "sacarlos de su lecho". Sin embargo, si asumimos los deberes de la hospitalidad para con nuestro Señor y Maestro, lo recibiremos correctamente y le daremos la prioridad que se merece.

Es duro el lenguaje con el que Pablo reprocha a los cristianos de Galacia su ligereza en "cambiar de evangelio": les llama insensatos y estúpidos, porque se han dejado embaucar o embrujar. Hay momentos en la vida de un cristiano, y de la comunidad entera, en que es bueno repensar la dirección que llevamos, y qué valores estamos descuidando o perdiendo, empobreciéndonos y caminando hacia atrás. ¿Se podría decir de mí que de alguna manera, seducido por argumentos falaces, estoy volviendo atrás en mi fe en Cristo y perdiendo facultades en mi estilo de vida? ¿me pasa, como en el caso de los Gálatas, que me dejo arrebatar la alegría y la libertad interior, como hijo de Dios y hermano de Jesús, dejándome encerrar en ideas más mezquinas, esclavo de mis propias obras y leyes? Ciertamente Pablo no nos está invitando a no cumplir con las reglas de la vida comunitaria, ni nos presenta una fe cristiana poco exigente. Lo que no quiere es que, centrados como estamos gozosamente en Cristo Jesús, nuestra espiritualidad cambie y se apoye de nuevo en nuestros propios legalismos. Que, siendo hijos que aman y se sienten libres, volvamos a hacer caso a los que nos quieren convertir en esclavos de normas quisquillosas y caducas. Es lo que el cántico del Benedictus, en labios de Zacarías, nos invita a mantener: "para que, libres de temor, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días".

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