Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
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Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los gálatas
(2, 1-2. 7-14)
Queridos hermanos:
Después de catorce años volví de nuevo a Jerusalén con Bernabé y también con Tito. Regresé porque Dios me lo había revelado. Ahí, en una reunión privada con los dirigentes, les expuse el Evangelio que predico a los paganos. Hice esto para que mis trabajos pasados y presentes no resultaran inútiles.
Todos reconocieron que yo había recibido la misión de predicar el Evangelio a los paganos, como Pedro había recibido la de predicarlo a los judíos. Porque aquel que le dio poder a Pedro para ejercer el apostolado entre los judíos, me lo dio a mí para ejercerlo entre los paganos.
Así pues, Santiago, Pedro y Juan, que eran considerados como las columnas de la Iglesia, reconocieron la gracia que Dios me había dado y nos dieron la mano a Bernabé y a mí, en señal de perfecta unión y para expresar su acuerdo de que nosotros nos dirigiéramos a los paganos y ellos a los judíos.
Lo único que nos pidieron fue que nos preocupáramos por los pobres, cosa que he procurado cumplir con solicitud.Más tarde, cuando Pedro fue a Antioquía, yo me le enfrenté, porque era digno de reprensión.
En efecto, antes de que llegaran algunos judíos enviados por Santiago, Pedro solía comer con los paganos convertidos; pero después empezó a apartarse de ellos por temor a los judíos recién llegados. Los demás judíos convertidos imitaron su ejemplo, tanto que hasta el mismo Bernabé se dejó arrastrar por aquella conducta contradictoria.
Entonces, cuando vi que Pedro no procedía rectamente, conforme a la verdad del Evangelio, le dije delante de todos:
"Si tú, que eres judío, vives como un pagano y no como un judío, ¿por qué quieres ahora obligar a los paganos convertidos a que vivan como judíos?"
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 116
Bendito sea el Señor.
Que alaben al Señor todas las naciones, que lo aclamen todos los pueblos.
Bendito sea el Señor.
Porque grande es su amor hacia nosotros y su fidelidad dura por siempre.
Bendito sea el Señor.
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Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (11, 1-4)
Gloria a ti, Señor.
Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
"Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos" .
Entonces Jesús les dijo:
"Cuando oren, digan:
Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que también nosotros perdonamos a todo aquel que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

La oración del "Padrenuestro" nos ayuda a descubrir nuestra vocación de hijos e hijas de Dios. Si bien otras expresiones religiosas se relacionan con Dios invocándolo como fuerza, sabiduría, bien, origen de todas las cosas y muchas otras formas, lo particular del cristianismo es su vinculación con Dios en términos de amor filial. "Santificar su nombre" significa reconocer que su amor por nosotros nos da la fuerza para cambiar la manera como nos relacionamos con el mundo y con nuestros hermanos. Santificarse, según la mentalidad de esa época, era aproximarse a Dios por todos los medios: la oración, el servicio, la evangelización. Clamar por su Reino significa que reconocemos el valor de la propuesta que él nos hace en Jesús, de hacer de este mundo un mundo más justo. El Reino de Dios no es un asunto únicamente para el 'más allá', sino ante todo una manera de organizar el 'más acá' a partir del amor solidario. Pedir perdón a Dios por las ofensas significa que sabemos que su misericordia es infinita y que, en consecuencia, podemos hacer nosotros también pequeños gestos de perdón y reconciliación. Esta oración es una invitación para que hagamos del amor de Dios el pan de nuestras relaciones con Él y con nuestros hermanos.
Sigue Pablo contando el itinerario de su conversión personal, desde el judaísmo convencido a la fe cristiana y al ministerio apostólico. Lo hace -lo veíamos ayer- para defender la legitimidad del evangelio que ha predicado a los Gálatas: el que salva es Cristo Jesús y hay que considerar caducada la ley de Moisés.
Uno puede dudar de si Pedro había cometido esta grave falta de incoherencia. ¿Fue cobarde, por miedo a los emisarios de Santiago? ¿se le puede tildar de hipocresía? ¿o su cambio de actitud fue motivado por la prudencia pastoral y por una cierta flexibilidad pedagógica, para no provocar innecesariamente a nadie? Los que venían de Jerusalén no estaban preparados para asumir la sensibilidad universalista que en Antioquía reinaba tan espontáneamente.
Lo cierto es que Pablo le plantó cara, y que Pedro no parece haber reaccionado. Pedro, dentro de su carácter primario, fue también humilde. Se dejó interpelar muchas veces por el mismo Jesús, y luego por la comunidad (Hch 10-1 1), cuando él había tomado la decisión de bautizar a la familia del centurión Cornelio: dio las explicaciones, que fueron aceptadas por los demás. Aquí se deja interpelar por Pablo.
En cada época de la Iglesia hay situaciones parecidas. Puede ser, por ejemplo, la tensión entre mentalidades que acentúan más la fidelidad a los valores tradicionales, y otras que buscan una mayor apertura a nuevos métodos y más sintonía con el mundo. Las decisiones no suelen ser fáciles.
Dentro de la tensión que refleja la página, el episodio nos da lecciones sobre cómo tenemos que actuar en la comunidad cristiana:
- Pablo va a Jerusalén a confrontar su evangelio con los apóstoles: no somos francotiradores, sino todos debemos trabajar en comunión con los responsables de la Iglesia,
- en los momentos de duda y diálogo, cada uno tiene que aportar su punto de vista al discernimiento comunitario, y lo tiene que hacer con humildad, no con violencia ni cerrazón, no buscando el triunfo de las propias opiniones, sino lo que el Espíritu quiere y lo que va a ser para bien de la comunidad;
- tenemos aquí un ejemplo de libertad de expresión, por parte de Pablo, y de humildad "democrática" por parte de Pedro, que acepta la sana crítica de los hermanos, a pesar de haber sido constituido por Jesús como jefe de la comunidad.
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