Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Sobre las Lecturas de hoy...
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Primera Lectura
Lectura del libro de Job
(19, 21-27)
Job tomó la palabra y dijo:
"Tengan compasión de mí, amigos míos, tengan compasión de mí, pues me ha herido la mano del Señor. ¿Por qué se ensañan contra mí, como lo hace Dios, y no se cansan de escarnecerme?
Ojalá que mis palabras se escribieran; ojalá que se grabaran en láminas de bronce o con punzón de hierro se esculpieran en la roca para siempre.
Yo sé bien que mi defensor está vivo y que al final se levantará a favor del humillado; de nuevo me revestiré de mi piel y con mi carne veré a mi Dios; yo mismo lo veré y no otro, mis propios ojos lo contemplarán. Esta es la firme esperanza que tengo".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 26
No me abandones, Dios mío.
Oye, Señor, mi voz y mis clamores y tenme compasión; el corazón me dice que te busque y buscándote estoy.
No me abandones, Dios mío.
No rechaces con cólera a tu siervo, tú eres mi único auxilio; no me abandones ni me dejes solo, Dios y salvador mío.
No me abandones, Dios mío.
La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Armate de valor y fortaleza y en el Señor confía.
No me abandones, Dios mío.
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Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (10, 1-12)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, designó el Señor a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo:
"La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan:
'Que la paz reine en esta casa'. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles:
'Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios'.
Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan:
'Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos, en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios está cerca'. Yo les digo que en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos rigor que esa ciudad".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

Hoy recordamos a San Francisco de Asís, que fue un incansable promotor de la paz. Para Francisco, como para el evangelio, la paz no se identifica sin más con la tranquilidad. En la cultura semita la palabra paz se identifica con el bienestar, con la felicidad, con la abundancia de bienes. De hecho, la calidad de vida es un concepto fundamental de lo que ellos consideran la riqueza de una nación. Pues, no basta con tener dinero, es necesario 'estar bien', y eso indica no sólo abundancia de recursos, sino que implica también relaciones armoniosas con los demás y con Dios. La paz en este sentido es una bonanza o shalom. En cambio, la concepción romana de paz se identifica más con la tranquilidad, con la ataraxia griega, es decir, con la ausencia de conflicto y frustraciones. Este tipo de tranquilidad es indispensable para el desarrollo de la actividad comercial y política, pero no hace demasiado énfasis ni en el bienestar ni en la felicidad. El evangelio nos propone una paz que es la síntesis y la superación de estas dos anteriores, porque el bienestar, la tranquilidad y la felicidad se alcanzan a partir del amor universal y de la justicia solidaria.
Sigue doliendo la llaga, aunque Job reafirma su inocencia, contra las dudas de sus contertulios, que quieren convencerle de que los males que le afligen se deben a sus pecados.
En el Leccionario de las exequias cristianas aparece esta lectura de hoy. Nosotros sí que podemos con razón decir: "sé que mi Redentor vive". Para nosotros, nuestro dolor y nuestra muerte tienen su sentido más profundo en nuestra solidaridad con Cristo Jesús, en nuestra comunión de destino con él. Por el Bautismo ya fuimos incorporados a su Pascua, a su muerte y a su resurrección. A las dos cosas. No sólo al dolor. También a la vida. No sólo a la vida, también al misterio del dolor.
Esto ilumina la vivencia de los momentos difíciles y nos ayuda a poder comunicar a otros nuestra fe y nuestra esperanza. Cuando nos encontramos cerca de alguien que sufre, que tal vez se rebela contra Dios, ¿cómo le ayudamos? ¿como los amigos de Job que, en vez de ayudarle, le hunden más? ¿pretendemos darle argumentos imposibles o le transmitimos ánimos con nuestra presencia y nuestra ayuda? ¿sabemos infundir esperanza con nuestra cercanía humana y con nuestro testimonio de fe? Jesús, en su crisis de Getsemaní, buscó la amistad y la cercanía de Pedro, Santiago y Juan, pero no la encontró. Estaban dormidos.
¿Nos enteramos de cuándo alguien necesita nuestra cercanía?
El salmo, una vez más, nos quiere infundir sentimientos de fe y confianza en Dios. No entendemos el misterio del mal o el de la muerte, pero sí sabemos confiar en Dios, que es siempre Padre: "espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro... Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor".
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