Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Primera Lectura

Lectura del libro de Job
(9, 1-12. 14-16)
Job tomó la palabra y les dijo a sus amigos:
"Sé muy bien que el hombre no puede hacer triunfar su causa contra Dios. Si el hombre pretendiera entablar pleito con él, de mil cargos que Dios le hiciera, no podría rechazar ninguno. El corazón de Dios es sabio y su fuerza es inmensa.
¿Quién se le ha enfrentado y ha salido triunfante? En un instante descuaja las montañas y sacude los montes con su cólera; él hace retemblar toda la tierra y la estremece desde sus cimientos. Basta con que dé una orden y el sol se apaga; esconde cuando quiere a las estrellas; él solo desplegó los cielos y camina sobre la superficie del mar. El creó todas las constelaciones del cielo: la Osa, Orión, las Cabrillas y las que se ven en el sur; él hace prodigios incomprensibles, maravillas sin número.
Cuando pasa junto a mí, no lo veo; cuando se aleja de mí, no lo siento. Si se apodera de algo, ¿quién se lo impedirá? ¿Quién podrá decirle: 'Qué estás haciendo'? Si Dios me llama a juicio, ¿cómo podría yo rebatir sus acciones? Aunque yo tuviera razón, no me quedaría otro remedio que implorar su misericordia. Si yo lo citara a juicio y él compareciera, no creo que atendiera a mis razones".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 87
Señor, que llegue
hasta ti mi súplica.
Todo el día te invoco, Señor, y tiendo mis manos hacia ti. ¿Harás tú maravillas por los muertos? ¿Se levantarán las sombras para darte gracias?
Señor, que llegue
hasta ti mi súplica.
¿Se anuncia en el sepulcro tu lealtad? ¿O tu fidelidad en el reino de la muerte? ¿Se conocen tus maravillas en las tinieblas? ¿O tu justicia en el país del olvido?
Señor, que llegue
hasta ti mi súplica.
Pero yo te pido ayuda, Señor, por la mañana irá a tu encuentro mi súplica. ¿Por qué, Señor, me rechazas y apartas de mí tu rostro?
Señor, que llegue
hasta ti mi súplica.
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Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (9, 57-62)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, alguien le dijo:
"Te seguiré a donde quiera que vayas".
Jesús le respondió:
"Las zorras tienen madrigueras y los pájaros, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza".
A otro, Jesús le dijo:
"Sígueme". Pero él le respondió:
"Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre".
Jesús le replicó:
"Deja que los muertos entierren a sus muertos. Tú ve y anuncia el Reino de Dios".
Otro le dijo:
"Te seguiré, Señor; pero déjame primero despedirme de mi familia".
Jesús le contestó:
"El que empuña el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

El seguimiento de Jesús en 'el camino' ocupa un lugar central en el evangelio de Lucas. Esta experiencia es un nuevo éxodo, que lleva a los seguidores de Jesús a vivir su existencia de una manera totalmente nueva e imprevista. Si antes de encontrarse con Jesús la mayoría de ellos colocaban en primer lugar la búsqueda de las normales seguridades de vivienda, posesiones o lazos afectivos, luego del llamado se encuentran ante un mundo nuevo que sigue otras reglas y procedimientos. El primero que se ofrece a seguir a Jesús recibe como respuesta un desafío: ¿eres capaz de vivir sin buscar las seguridades elementales, representadas en el mundo animal por las madrigueras y los nidos, y en el mundo humano por las casas? El segundo recibe un llamado, pero pone una condición; debe esperar a que su padre fallezca y así recibir una herencia; pero Jesús le recuerda que el evangelio no tiene espera. El tercero es aún más sorprendente, pues lo compara con un campesino que para arar sabe que siempre debe mirar el surco que está roturando; si mira para atrás, pierde de vista su propósito y labor. - Como cristianos tenemos la tarea de despojarnos de todos los obstáculos que nosotros mismos interponemos para seguir a Jesús.
Job y sus amigos buscan respuesta a la pregunta sobre el mal que agobia a los inocentes, y no la encuentran. La situación puede pasarnos a nosotros mismos, o a conocidos nuestros a los que vemos sufrir en propia carne lo que parece una injusticia por parte de Dios: ¿porqué a mí? ¿porqué a esta persona inocente? ¿cómo lo permite Dios?
Juan Pablo II, en su carta "Salvifici Doloris" (1984), sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano, es el que mejor ha abordado este misterio. Sobre todo en su apartado tercero, "a la búsqueda de una respuesta a la pregunta sobre el sentido del sufrimiento", que toma pie precisamente del libro de Job. ¿Será, como le dicen sus amigos, que estas desgracias son necesariamente castigo de sus pecados? ¿será una pedagogía divina, por el valor educativo que tienen las pruebas y el dolor? El libro de Job niega estos presupuestos como insuficientes, pero no llega a la clave verdadera. Como dice el Papa, "el libro de Job no es la última palabra de la revelación sobre este tema".
La respuesta la tenemos en Cristo, en su dolor asumido, en su solidaridad total, en su muerte inocente y en su resurrección. Dios nos ha querido salvar asumiendo él nuestro dolor, entrando hasta el fondo en el mundo de nuestro sufrimiento y dándole así un sentido redentor, de amor, desde la profundidad del sacrificio pascual de Cristo, el Siervo de Yahvé que se entrega por los demás voluntariamente, a pesar de ser inocente. Dios nos ha mostrado su amor precisamente a través de su dolor, solidario del nuestro. Nuestro dolor, entonces, se convierte en solidario del de Cristo. Con la misma finalidad: salvar al mundo.
Seguirá siendo una pregunta difícil de contestar. Seguirá doliendo. La oración del salmo no nos da la respuesta, pero sí fuerzas para vivir el misterio: "llegue hasta ti mi súplica, Señor, ¿por qué me rechazas y me escondes tu rostro? Pero yo te pido auxilio, por la mañana irá a tu encuentro mi súplica".
Jesús nos dio el ejemplo, entregándose en manos de Dios y caminando hacia su sacrificio: "no se haga mi voluntad sino la tuya. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu".
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