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Lectura de hoy Sabado 22 de Septiembre, 2012 San Mauricio y sus compañeros mártires

Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo"
(Ap 3,20)

Servicio de Email diario con las lecturas del día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia Católica.

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Sobre las Lecturas de hoy...


Primera Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios (15, 35-37. 42-49)

Hermanos:
Hay algunos que preguntan: "¿Cómo resucitan los muertos? ¿Qué clase de cuerpo van a tener?" Es que no se han puesto a pensar que el grano que se siembra tiene que morir, para que nazca la planta. Lo que se siembra no es la planta que va a brotar, sino solamente la semilla, por ejemplo, de trigo o de cualquier otra cosa.
Lo mismo sucede en la resurrección de los muertos: se siembra un cuerpo corruptible y resucita incorruptible; se siembra un cuerpo miserable y resucita glorioso; se siembra débil y resucita fuerte; se siembra un cuerpo puramente humano y resucita un cuerpo vivificado por el Espíritu divino.
Pues si existe un cuerpo puramente humano, también existe un cuerpo vivificado por el Espíritu. En efecto, la Escritura dice que el primer hombre, Adán, fue un ser que tuvo vida; el último Adán es Espíritu que da la vida. Sin embargo, no existe primero lo vivificado por el Espíritu, sino lo puramente humano; lo vivificado por el Espíritu viene después.
El primer hombre, hecho de tierra, es terreno; el segundo viene del cielo. Como fue el hombre terreno, así son los hombres terrenos; como es el hombre celestial, así serán los celestiales. Y del mismo modo que fuimos semejantes al hombre terreno, seremos también semejantes al hombre celestial.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Salmo 55

Caminaré en la presencia del Señor.

Yo sé bien que el Señor está conmigo; por eso en Dios, cuya promesa alabo, sin temor me confío. ¿Qué hombre ha de poder causarme daño?
Caminaré en la presencia del Señor.

Te debo, Señor, las promesas que te hice, te las cumpliré con acción de gracias, porque libraste mi vida de la muerte, mis pies de la caída, para que camine en la presencia de Dios, mientras tengo la luz de la vida.
Caminaré en la presencia del Señor.
Sembrando la semilla
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (8, 4-15)
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, mucha gente se había reunido alrededor de Jesús, y al ir pasando por los pueblos, otros más se le unían.Entonces les dijo esta parábola:
"Salió un sembrador a sembrar su semilla. Al ir sembrando, unos granos cayeron en el camino, la gente los pisó y los pájaros se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, y al brotar, se secaron por falta de humedad. Otros cayeron entre espinos, y al crecer éstos, los ahogaron. Los demás cayeron en tierra buena, crecieron y produjeron el ciento por uno".
Dicho esto, exclamó: "El que tenga oídos para oír, que oiga".
Entonces le preguntaron los discípulos:
"¿Qué significa esta parábola?"
Y él les respondió:
"A ustedes se les ha concedido conocer claramente los secretos del Reino de Dios; en cambio, a los demás, sólo en parábolas para que viendo no vean y oyendo no entiendan.
La parábola significa esto:
la semilla es la palabra de Dios. Lo que cayó en el camino representa a los que escuchan la palabra, pero luego viene el diablo y se la lleva de sus corazones, para que no crean ni se salven. Lo que cayó en terreno pedregoso representa a los que, al escuchar la palabra, la reciben con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba, fallan. Lo que cayó entre espinos representa a los que escuchan la palabra, pero con los afanes, riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no dan fruto.
Lo que cayó en tierra buena representa a los que escuchan la palabra, la conservan en un corazón bueno y bien dispuesto, y dan fruto por su constancia".

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Cara de Jesus
Sobre las Lecturas de Hoy...
Las parábolas son fragmentos de la vida ordinaria, que nos ayudan a comprender la extraordinaria lógica de Dios. El evangelio de hoy nos ofrece un modelo de esa enseñanza de Jesús en la parábola del sembrador y, al mismo tiempo, nos conserva un testimonio de la comprensión de los primeros cristianos en la explicación que sigue a continuación. La parábola nos explica en el lenguaje cotidiano la lógica de Dios al sembrar con generosidad, sin reparar demasiado en la calidad de los terrenos. La explicación nos hace entender cómo la eficacia de la Palabra de Dios reside en la calidad de las personas que la acogen. La generosidad divina se aúna a la respuesta humana; una y otra constituyen la condición de posibilidad de la obra salvífica de Dios. - La evangelización junta lo extraordinario de la acción de Dios con lo ordinario de nuestra condición humana, para que los frutos alimenten a las nuevas generaciones de seguidores de Jesús. Cada creyente debe despejar las aves del oportunismo y la ambición, la cizaña del consumismo y de la cultura de la superficialidad, para ofrecer un buen terreno a esa palabra que Jesús siembra a diario en nuestro corazón. Si tenemos oído para su palabra, tendremos boca para comunicarla.

"¿Y cómo resucitan los muertos?". Para responder a la objeción de los Corintios sobre la resurrección de los muertos, Pablo se ha basado sobre todo en la íntima conexión entre la de Cristo y la nuestra. Es un buen modelo de una catequesis que, sin pretender resolver el misterio, lo quiere acercar a una relativa y gozosa comprensión. Dios nos tiene destinados a la vida, como al mismo Cristo. Ya el salmo lo decía: "libraste mi alma de la muerte, mis pies, de la caída, para que camine en presencia de Dios a la luz de la vida". No sabemos "cómo". Eso lo dejamos en sus manos. Pero nos ayuda a entender algo del misterio la comparación de la semilla y la planta, del primer Adán y del segundo. En nuestra resurrección seremos los mismos, pero transformados. Como Jesús, que en su Pascua no volvió a la existencia de antes, sino a una nueva y definitiva vida, en la que está. Como el niño que nace pasa del ambiente del seno materno a una vida fuera de este seno: es el mismo, pero ha llegado a la existencia para la que estaba destinado. Así nosotros, al morir, al atravesar como Cristo la puerta de la Pascua, pasaremos a una existencia nueva, transformada, definitiva, para la que estamos destinados. La semilla habrá muerto, pero era para dar origen a la espiga o a la planta nueva, porque "lo que tú siembras no recibe vida si antes no muere". El prefacio de la misa de difuntos expresa esta convicción con otras comparaciones: "la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo".

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