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Lectura de hoy Martes 18 de Septiembre, 2012 San José de Cupertino, confesor

Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo"
(Ap 3,20)

Servicio de Email diario con las lecturas del día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia Católica.

Este servicio se ofrece solamente con autorización previa del receptor.

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Primera Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios (12, 12-14. 27-31)

Hermanos:
Así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu. El cuerpo no se compone de un solo miembro,sino de muchos.
Pues bien, ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es miembro de él. En la Iglesia, Dios ha puesto en primer lugar a los apóstoles; en segundo lugar, a los profetas; en tercer lugar, a los maestros; luego, a los que hacen milagros, a los que tienen el don de curar a los enfermos, a los que ayudan, a los que administran, a los que tienen el don de lenguas y el de interpretarlas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos el don de curar? ¿Tienen todos el don de lenguas y todos las interpretan?
Aspiren a los dones de Dios más excelentes.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Salmo 99

Sirvamos al Señor con alegría.

Alabemos a Dios todos los hombres, sirvamos al Señor con alegría y con júbilo entremos en su templo.
Sirvamos al Señor con alegría.

Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño.
Sirvamos al Señor con alegría.

Entremos por sus puertas dando gracias, crucemos por sus atrios entre himnos, alabando al Señor y bendiciéndolo.
Sirvamos al Señor con alegría.

Porque el Señor es bueno, bendigámoslo, porque es eterna su misericordia y su fidelidad nunca se acaba.
Sirvamos al Señor con alegría.
Curando enfermos
Evangelio
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (7, 11-17)
Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, se dirigía Jesús a una población llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar a la entrada de la población, se encontró con que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre.
Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo:
"No llores". Acercándose al ataúd, lo tocó y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces Jesús dijo: "Joven, yo te lo mando:
Levántate".
Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre. Al ver esto, todos se llenaron de temor y comenzaron a glorificar a Dios, diciendo:
"Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo". La noticia de este hecho se divulgó por toda Judea y por las regiones circunvecinas.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Cara de Jesus
Sobre las Lecturas de Hoy...
Entre todos los pobres y marginados, las viudas y los huérfanos llevaban la peor parte. La misma comunidad cristiana nos da cuenta de todas las iniciativas que se tomaron para beneficiar a estas personas que a nivel social representaban un número significativo. El prodigio que hoy nos presenta el evangelio representa esa profunda transformación humana que Jesús opera al interior de las más alarmantes situaciones. El público asistente ve en estos signos de Jesús una manifestación de la evidente opción de Dios por los desprotegidos. Aunque la Ley de Israel, particularmente el libro del Deuteronomio, preveía unos recursos y unos medios para socorrer a los desprotegidos sociales, la práctica era todo lo contrario. Pero nadie o casi nadie se quejaba de desacato a la Ley. Con este prodigio Jesús hace de la misericordia una Ley, ya que la función de la misma en Israel no era sólo reprimir las malas conductas, sino sobre todo, promover la solidaridad, el servicio y la justicia. - Como cristianos tenemos la obligación de compartir la misión de Jesús, conservando sus opciones, estilo y enfoque. Pero, tal vez el milagro que podemos obrar es el de motivar a otras personas hacia la solidaridad y el servicio.

Ayer nos urgía Pablo a crecer en unidad fraterna porque celebramos la Eucaristía que es la donación del Señor Resucitado a todos. Hoy argumenta desde otro punto de vista teológico: la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, y como tal Cuerpo debe mantener su unidad con la Cabeza y entre los varios miembros. En la comunidad cristiana hay una rica pluralidad, una diversidad admirable de ministerios, gracias y cualidades. Pero esta pluralidad debe conjugarse dinámicamente con la unidad. La unidad que nos da el ser todos hijos del mismo Padre, miembros de Cristo, unidos todos vitalmente por el mismo Espíritu. El salmo recurre al símil del pueblo y del rebaño, que es más superficial: "el Señor es Dios, él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño". Para Pablo la perspectiva es más profunda: somos miembros de Cristo Cabeza y también miembros los unos de los otros, para la construcción de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, articulado orgánicamente y animado por el Espíritu. Pensemos si en nuestro ambiente eclesial -parroquia, comunidad religiosa, diócesis- actuamos unidos en la construcción del Cuerpo de Cristo: sacerdotes, religiosos y laicos, hombres y mujeres, jóvenes y mayores. ¿O cada uno va por las suyas, sin colaborar en el conjunto? ¿entendemos las cualidades o los ministerios que tenemos sólo para provecho nuestro, o para el bien común? ¡Cuánto más eficaz sería nuestro crecimiento en la vida de fe y nuestra influencia evangelizadora en medio del mundo si actuáramos desde esta unidad orgánica en el Espíritu de Cristo!

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