Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con
él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
Participa a tus familiares y amistades invitándoles a
subscribirse a este servicio diario.
|
|
|
|
Primera Lectura

Lectura de la primera carta
del apóstol san Pablo a los
corintios (11, 17-26)
Hermanos:
Con respecto a las reuniones de ustedes ciertamente no puedo alabarlas, porque les hacen más daño que provecho. En efecto, he sabido que, cuando se reúnen en asamblea, hay divisiones entre ustedes, y en parte lo creo. Es cierto que tiene que haber divisiones, para que se ponga de manifiesto quiénes tienen verdadera virtud.
De modo que, cuando se reúnen en común, ya no es para comer la cena del Señor, porque cada uno se adelanta a comer su propia cena, y mientras uno pasa hambre, el otro se embriaga. ¿Acaso no tienen su propia casa para comer y beber? ¿O es que desprecian a la asamblea de Dios y quieren avergonzar a los que son pobres? ¿Qué quieren que les diga? ¿Que los alabe? En esto no los alabo.
Porque yo recibí del Señor lo mismo que les he transmitido:
que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:
"Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía".
Lo mismo hizo con el cáliz,después de cenar, diciendo:
"Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él".
Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
|
|
Salmo Responsorial
Salmo 39
Aquí estoy, Señor,
para hacer tu voluntad.
Sacrificios y ofrendas no quisiste, abriste, en cambio, mis oídos a tu voz. No exigiste holocaustos por la culpa, así que dije: "Aquí estoy".
Aquí estoy, Señor,
para hacer tu voluntad.
En tus libros se me ordena hacer tu voluntad; esto es, Señor, lo que deseo: tu ley en medio de mi corazón.
Aquí estoy, Señor,
para hacer tu voluntad.
He anunciado tu justicia en la gran asamblea; no he cerrado mis labios, tú lo sabes, Señor.
Aquí estoy, Señor,
para hacer tu voluntad.
Que se gocen en ti y que se alegren todos los que te buscan. Cuantos quieren de ti la salvación, repiten sin cesar: "¡Qué grande es Dios!"
Aquí estoy, Señor,
para hacer tu voluntad.
|
Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (7, 1-10)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado muy querido. Cuando le dijeron que Jesús estaba en la ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo:
"Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga". Jesús se puso en marcha con ellos. Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano envió unos amigos a decirle:
"Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano.
Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno: '¡Ve!', y va; a otro: '¡Ven!', y viene; y a mi criado: '¡Haz esto!', y lo hace".
Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo:
"Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande". Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
|
Sobre las Lecturas de hoy...

En la época de Jesús la religión judía se encontraba amplia y significativamente difundida más allá de Palestina. Los simpatizantes recibían el nombre de 'prosélitos'. La religión de Israel suponía para ellos asumir una enorme carga de exigencias que iban desde las cuestiones dietéticas y rituales hasta la circuncisión para los varones. El centurión que protagoniza el episodio de hoy se destaca por sus actos de piedad y, sobre todo, por la preocupación que muestra por los de su casa, en particular los sirvientes. Este cuidado le lleva a dejar en manos de Dios lo que la medicina no podía solucionar. Su actitud es admirada por Jesús, quien ve en él unas capacidades y, sobre todo, una fe que escaseaba con frecuencia entre sus correligionarios. - El cristianismo debe, al igual que Jesús, cultivar esa capacidad de admirar las muestras de fe que se manifiestan de manera maravillosa en personas que practican otras religiones o que, incluso, aun no practicando ninguna, viven los valores del evangelio de manera excepcional. La fe no es una cuestión de rituales o de partidas de bautismo, sino de poner la vida al servicio de los demás en los gestos de la vida cotidiana. ¿Qué personas conocemos que viven los valores del evangelio sin ser 'oficialmente' cristianas?
Las reuniones eucarísticas no van bien en Corinto. Pablo les acusa duramente: "os resulta imposible comer la Cena del Señor", eso que celebráis no es la Eucaristía que Cristo pensó. Más aún, "vuestras reuniones causan más daño que provecho". La Eucaristía nos une con Cristo: "el que me come permanece en mí y yo en él". Pero también nos debe unir con la comunidad. Y esta segunda dirección es la que fallaba en Corinto.
¿Sólo en Corinto? ¿No podría dirigirnos una carta parecida Pablo a nosotros, echándonos en cara que somos capaces de compaginar tranquilamente nuestra misa con la falta de fraternidad, con la indiferencia hacia el hermano, incluso con el odio? ¿no puede pasar que, después de celebrar juntos la misa, luego dejamos de hablarnos con una persona, en familia o en comunidad, durante días y días, o tratamos mal a los ancianos, o hacemos el vacío al que nos resulta antipático, o creamos divisiones?
Comemos el Pan partido: Cristo mismo, entregado por todos. ¿Y no se nos comunica su actitud de entrega por los demás? ¿o sólo entendemos la Eucaristía como consuelo y alimento nuestro, cada uno en relación con Cristo?
Nuestro Misal nos ayuda a mejorar esta dirección horizontal de la celebración: en el Padrenuestro nos hace decir lo de "perdónanos como nosotros perdonamos", a continuación nos invita a "darnos fraternalmente la paz", luego vemos cómo se parte el Pan en el que vamos a participar todos (un símbolo de unidad), y así vamos a comulgar en procesión, cantando, unos junto a otros, y participando posiblemente del mismo cáliz.
Cada Eucaristía nos debe hacer crecer también en fraternidad. Como dice el Catecismo, "para recibir en verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros, debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos" (CEC 1397).
|
|
|
|