Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio de Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Primera Lectura

Lectura de la primera carta
del apóstol san Pablo a los
corintios (3, 1-9)
Hermanos:
Anteriormente no pude hablarles como a hombres movidos por el Espíritu Santo, sino como a individuos sujetos a sus pasiones. Como a cristianos todavía niños, les di leche y no alimento sólido, pues entonces no lo podían soportar.
Pero ni aun ahora pueden soportarlo, pues sus pasiones los siguen dominando. Porque, mientras haya entre ustedes envidias y discordias, ¿no es cierto que siguen sujetos a sus pasiones y viviendo en un nivel exclusivamente humano?
Cuando uno dice:
"Yo soy de Pablo", "Yo soy de Apolo", ¿no proceden ustedes de un modo meramente humano? En realidad, ¿quién es Apolo y quién es Pablo? Solamente somos servidores, por medio de los cuales ustedes llegaron a la fe, y cada uno de nosotros hizo lo que el Señor le encomendó.
Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer. De modo que ni el que planta ni el que riega tienen importancia, sino sólo Dios, que es quien hace crecer. El que planta y el que riega trabajan para lo mismo, si bien cada uno recibirá el salario conforme a su propio trabajo.
Así pues, nosotros somos colaboradores de Dios y ustedes son el campo de Dios, la casa que Dios edifica.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 32
Dichoso el pueblo
escogido por Dios.
Feliz la nación cuyo Dios es el Señor, dichoso el pueblo que escogió por suyo. Desde el cielo el Señor, atentamente, mira a todos los hombres.
Dichoso el pueblo
escogido por Dios.
Desde el lugar de su morada observa a todos los que habitan en el orbe. El formó el corazón de cada uno y entiende sus acciones.
Dichoso el pueblo
escogido por Dios.
En el Señor está nuestra esperanza, pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo; en el Señor se alegra el corazón y en él hemos confiado.
Dichoso el pueblo
escogido por Dios.
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Evangelio

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (4, 38-44)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús salió de la sinagoga y entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron a Jesús que hiciera algo por ella. Jesús, de pie junto a ella, mandó con energía a la fiebre, y la fiebre desapareció. Ella se levantó enseguida y se puso a servirles.
Al meterse el sol, todos los que tenían enfermos se los llevaron a Jesús y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los fue curando de sus enfermedades. De muchos de ellos salían también demonios que gritaban: "¡Tú eres el Hijo de Dios!"
Pero él les ordenaba enérgicamente que se callaran, porque sabían que él era el Mesías.
Al día siguiente se fue a un lugar solitario y la gente lo andaba buscando. Cuando lo encontraron, quisieron retenerlo, para que no se alejara de ellos; pero él les dijo: "También tengo que anunciarles el Reino de Dios a las otras ciudades, pues para eso he sido enviado". Y se fue a predicar en las sinagogas de Judea.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de Hoy...

Jesús siempre rompe las limitaciones que le imponen su cultura, su familia e incluso sus propios seguidores. Después del éxito alcanzado en la sinagoga de Cafarnaúm por la enseñanza, y sobre todo por la purificación de la persona impura, la actividad de Jesús se multiplica y comienza a atender a todos los enfermos de la ciudad. En medio de la actividad, Jesús saca tiempo para la oración y en ella descubre que su misión se debe extender a toda la comarca de Galilea. La misión de Jesús conservará esta dinámica y alcanzará las fronteras del país y, luego, de la mano de sus discípulos llegará hasta el centro del imperio romano. - Las comunidades cristianas afrontan hoy desafíos semejantes. Con frecuencia los cristianos se sienten tentados a reducirse a actividades devocionales y religiosas, pero como Jesús sienten el desafío a ampliar los horizontes de la misión. No sólo desde el punto de vista geográfico, sino fundamentalmente por el tipo de actividades que pueden abarcar legítimamente muchos campos en los que es necesario defender la vida. Por eso vemos hoy comunidades cristianas que lideran la defensa de la integridad de la Creación y la promoción de los Derechos Humanos. ¿Qué límites arbitrarios le imponemos a la misión que Jesús nos ha encomendado?
En la primera lectura, para Pablo, la existencia de divisiones en la comunidad es un signo claro de inmadurez, de falta de verdadera sabiduría. La sabiduría no se evalúa por los conocimientos eruditos, sino por las actitudes concretas de la vida comunitaria. Un termómetro de madurez para una comunidad cristiana es la existencia o no de cismas y celos en su seno. ¿Fomentamos divisiones en nuestra comunidad religiosa o parroquial o en nuestra vida social?
Nuestras divisiones de ahora tal vez no son precisamente porque unos sean partidarios de un apóstol y otros de otro. Pero, sea cual sea el motivo de las "envidias y contiendas" que nos dividan, que siempre se deberán a nuestra falta de visión "espiritual" de las cosas, estamos demostrando nuestra inmadurez y nuestra cortedad de miras. Estamos actuando según criterios humanos y no espirituales.
Si no somos capaces de vivir en paz, si no aceptamos a los demás con sus diferencias y nos fijamos sólo en si alguien habla mejor que otro, somos todavía infantiles y no entendemos lo que es el ministerio en la Iglesia. Recordemos cómo Juan el Bautista no quería que se fijasen en él, sino en aquél a quien él anunciaba: que crezca él y que yo disminuya.
A veces llegamos a perder la paz y el humor por pequeñeces. ¿Qué importa si Apolo tiene unas cualidades humanas más brillantes que Pablo? Los dos anuncian al mismo Cristo, y ese mensaje es el que tenemos que oir y seguir. ¿Qué importa si un sembrador lanza su semilla en el campo con más o menos garbo, si el verdadero agricultor, el que da fecundidad al grano, es Dios? ¿Qué importan las cualidades del capataz, si el verdadero arquitecto es Dios ("sois también edificio de Dios")?
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