Servicio Email de Lecturadeldia.com
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con
él,
y él conmigo" (Ap 3,20)
Servicio Email diario con las lecturas del
día de acuerdo con el Ciclo Litúrgico de la Iglesia
Católica.
Este servicio se ofrece solamente
con autorización previa del receptor.
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Primera Lectura
Lectura de la primera
carta del apóstol san
Pablo a los corintios
(2, 1-5)
Hermanos:
Cuando llegué a la ciudad de ustedes para anunciarles el Evangelio, no busqué hacerlo mediante la elocuencia del lenguaje o la sabiduría humana, sino que resolví no hablarles sino de Jesucristo, más aún, de Jesucristo crucificado.
Me presenté ante ustedes débil y temblando de miedo. Cuando les hablé y les prediqué el Evangelio, no quise convencerlos con palabras de hombre sabio; al contrario, los convencí por medio del Espíritu y del poder de Dios, a fin de que la fe de ustedes dependiera del poder de Dios y no de la sabiduría de los hombres.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
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Salmo Responsorial
Salmo 118
¡Cuánto amo, Señor,
tu voluntad!
¡Cuánto amo tu voluntad! Todo el día la estoy meditando. Tus mandatos me hacen más sabio que mis enemigos, porque siempre me acompañan.
¡Cuánto amo, Señor,
tu voluntad!
Soy más prudente que todos mis maestros, porque medito tus preceptos. Soy más sagaz que los ancianos, porque cumplo tus leyes.
¡Cuánto amo, Señor,
tu voluntad!
Aparto mis pies de toda senda mala para cumplir tus palabras. No me aparto de tus mandamientos, porque tú me has instruido.
¡Cuánto amo, Señor,
tu voluntad!
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Evangelio

Lectura del santo
Evangelio según san
Lucas (4, 16-30)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito:
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.
Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo:
"Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura, que ustedes acaban de oír".
Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de
sus labios, y se preguntaban:
"¿No es éste el hijo de José?"
Jesús les dijo:
"Seguramente me dirán aquel refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo, y haz aquí, en tu propia tierra, todos esos prodigios que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm' ".
Y añadió:
"Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón.
Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, que era de Siria". Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta una barranca del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
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Sobre las Lecturas de hoy...

La palabra «evangelio» significa buena noticia y el evangelio que Jesús comunica es una Buena Noticia dirigida a las personas pobres, marginadas y oprimidas. La intención de Jesús es devolver esa palabra de consuelo y esperanza al pueblo que sufre, ya que la función original de la Escritura es la de animar la vida de fe del creyente sencillo. Las palabras de Jesús, aunque pertenecen a la esencia del mensaje profético, no son bien recibidas por cuanto suponen una manera de asumir la misión que se aparta de la interpretación tradicional. En nuestros días hemos asistido a un acontecimiento semejante, ya que el pueblo sencillo ha comenzado a leer directamente la Sagrada Escritura. Esto ha llevado a recuperar venerables tradiciones de lectura como la "lectio divina" ("lectura orante de la Palara") y a crear nuevos modos de acercamiento como la Lectura Comunitaria y Pastoral de la Biblia. En estos modos de lectura orante se recupera lo esencial de la Escritura, que es ser buena noticia para todos, particularmente para el pueblo pobre, creyente y sencillo. Estos modos también ayudan para que sea la misma comunidad cristiana la que asuma la misión de Jesús y se sienta ungida para comunicar el evangelio a todos los excluidos y marginados.
En la primera lectura, el mundo de hoy no parece tampoco tener oídos muy prestos a escuchar el mensaje de Cristo crucificado.
Más bien nos regalamos con palabras bonitas y con sabidurías más o menos persuasivas de este mundo. La comunidad cristiana, desde hace dos mil años, se presenta ante el mundo "débil y temerosa", como Pablo en Grecia, porque sabe, por una parte, que el mensaje que predica es difícil (Cristo crucificado) pero, por otra, que la palabra misma que anuncia tiene una fuerza intrínseca capaz de hacerla fructificar en los ambientes menos predispuestos. Pablo fracasó en Atenas, cuando en el Areópago intentó revestir su mensaje de lenguaje helénico más cuidado. Ahora anuncia la cruz de Cristo.
Para Dios, la fuerza verdadera está en lo sencillo y lo débil. En la cruz de Cristo, símbolo del fracaso y de la fragilidad, está la sabiduría y la clave para la salvación. Una invitación a que no nos dejemos engañar por los señuelos de unas palabras brillantes ni de unas ideologías deslumbrantes.
¿En qué nos apoyamos nosotros: en argumentos filosóficos, en recursos pedagógicos, en la eficacia de los métodos pedagógicos? ¿o en la fuerza del Espíritu de Dios? El salmo nos dice dónde está la fuente del verdadero saber: "tu mandato me hace más sabio que mis enemigos, soy más docto que todos mis maestros, porque medito tus preceptos, no me aparto de tus mandamientos, porque tú me has instruido".
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